Por

Anónimo

septiembre 29, 2013

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MI DULCE Y APASIONANTE ESPOSA TERESA 7

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Ya en casa fue inevitable hablar con mi joven esposa. Al mirarla, percibí un temblor y una resolución que nunca había visto en ella.

– �Que pasa contigo Tere, ¿quieres decirme algo?�

– Mi esposa me miró, diciéndome de improviso: �Diego, quiero ser puta�

– �¿Quieres ser puta? Tere, ¡¡Eres mi esposa, y que va a decir tu familia de mí!!

– �Diego, tu y mi familia me conocen, yo no deseo ser una puta, soy una puta�

– �¡¡¿Qué?!! ¡¡¿Que dices, por qué me dices eso?!!

– �Diego, cuando tú me conociste, yo tenía 15 años, y aún era virgen. Pero desde pequeñita, sentí que la verga me gustaba. Pero no quería ser como mis amigas, que desde niñas se dejaron culiar. Yo quería crecer, tener el cuerpo que tengo ahora, para convertirme en una mujer hermosa. Siempre fue así, desde chiquita me hacía maquillajes, ensayaba baile y pasarela, contoneándome, y simulando que ya era una puta. Todo esto vino del apego que tengo con mi tía Mafer. Ella; como tú sabes, es puta, la puta más linda de mi pueblo. Ella vivió desde joven con nosotras, y desde que ella se hiso de esa profesión, yo estuve cerca de ese ambiente, gustándome cada ves más,� hasta que te conocí�

�Cuando me casé contigo pensé: �El me ha salvado de mi idea de prostituirme, �pero no fue así, y desde que me hiciste el amor por primera vez, yo sentí un cambio, y ahora estoy cada ves más desenfrenada. Pero tú�en vez de hacerme daño, me has comprendido y protegido. Te amo mi amor, eres lo máximo�

– Yo, completamente conmovido, estaba atónito. ¡¡Ella era tan sexy, tan linda, y tan ingenua!! Entonces la abracé con ternura diciéndole: �Te amo mi niña�

– �Diego, te adoro; sin ti mi vida no tendría sentido� Me dijo.

– Yo, mirándola fijamente, le pregunté: �Y ahora, ¿Qué quieres hacer?�

– �Diego�quiero que me hagas puta�

– �Pero Tere: ¡¡Tienes 16 años, eres menor de edad!!�

– �Tú tienes contactos, amigos, ¿no podría salir algo?�

– Mirándola, me dije a mi mismo que ya nada podía cambiar este camino. Solo le respondí pensativo: �Déjame ver qué puedo hacer�.

Con toda decisión hurgué, busqué, y hablé. Y como con plata baila el perro, dos días después llegué con un certificado original de nacimiento que decía que Tere tenía 18 años. �Salgamos, vamos a la oficina de identificación� le dije. Al cabo de tres horas, Tere salió con su documento de mayoría de edad.

Luego, me volvió a sorprender diciéndome: Yo no quiero ser una puta de la calle, acompáñame a sacar mis documentos. Y fuimos a profilaxis, pasó los exámenes, y luego de dos días le dieron su carnet de trabajo. ¡¡Ya era legalmente puta!! Ella parecía haber madurado mucho, en poco tiempo.

– �Diego, estoy temblando, quiero que me ayudes a debutar, pero no quiero hacerlo en un prostíbulo, esos hombres me verían, y me harían el amor hasta matarme�

– �¿y que se te ocurre?� le respondí.

– �¿Podríamos adecuar el piso superior de la cabaña, y hacerlo allí por unos días?

Y pasando de mi anterior función de cornudo y consentidor, a mi nuevo papel de cabròn, y aprendiz de proxeneta; al que esta deliciosa puta adolescente me había llevado, hablé con mi amigo Tony, y organizamos una velada para el próximo viernes por la noche, al que irían como invitados y primeros clientes Tony, y otros tres negros más.

En la tarde de ese día, Tere me confesó lo siguiente:

– �Diego, yo quiero ser una puta de verdad, como mi tía Màfer. No quiero ser como esas pobres mujeres que se hicieron putas empujadas por la pobreza, o el despecho. Ellas no lo hacen con gusto, apuran o maltratan a sus clientes, y muchas veces; no son muy aseadas�

– �Diego, yo soy linda, tengo el cuerpo que todos los hombres desean, soy alegre y natural, no soy cínica. Tú más que nadie conoces que el sexo es todo para mí. Con todo respeto y amor por ti, te digo que yo me he hecho puta porque la verga me fascina, y me atrae y me seduce culiar con los hombres. No lo estoy haciendo por la plata, pero lo haré, porque no me puedo seguir regalando. Todos los hombres que vengan a mí los recibiré con gusto, me darán y les daré placer. ¡¡Estoy emocionada!!�

Esa noche, todo estaba listo. Por pedido de Tere, Tony adecuó el cuarto del fondo de la sala, con todos los implementos de una puta. Ella pidió que cuelguen en la puerta el número 7; su número preferido, y una silla blanca al pie de la puerta.

A la hora indicada, Tony llegó acompañado de tres negros más. Todos ellos gigantescos, y deseosos de ser los primeros en probar a esa nueva prostituta. Había música discreta y algunos tragos que yo mismo me encargué de repartir. Había muchísima tensión sexual, y cuando ella hiso su excitante aparición, todas las vergas se dispararon: ¡¡Que puta!!

Sin ningún maquillaje, y luciendo todo el esplendor de su belleza natural, Tere calzaba unos elevados tacones blancos. Estaba vestida con un apretado traje blanco completamente transparente que le llegaba solo hasta sus anchas caderas. ¡¡No tenía ninguna ropa interior, y sus pequeños senos erectos y su velludo monte de Venus, se transparentaban de manera descarada y sensual!! Sus piernas descubiertas explotaban de una carne incitante y morbosa, y toda su sonrisa y la intención de sus gestos de mujer mostraba su condición de puta, deseosa de cautivar, seducir, y arrastrar a los negros al interior de ese cuarto, para que la penetren sin cansancio.

Después de saludarlos y embobarlos con una sonrisa de puta hechicera, se paró frente a la puerta, esperando. Después de un momento de duda, un negro; el más decidido, se levantó, la besó en la mejilla; y ella, con mucho nerviosismo, franqueó la puerta de la entrega, y lo hiso pasar.

Una vez adentro, el negro se sacò su apretada ropa, mostrando sus músculos macizos y fuertes. Ella; ahora ya sin ningún temor de los negros, y suspirando de deseo, colgó sus dos brazos en los hombros del macho. El, completamente excitado por ser el primer cliente de tan impresionante puta, pasó sus dos manotas detrás de esas piernas y nalgas carnosas y sensuales, besando su boca con gozosa complacencia, y respirando el oloroso aliento de su boca.

El rudo y varonil negro continuó deleitándose en esos labios carnosos y ardientes, besando a esa prohibida puta adolescente, con la intimidad de un goloso violador. Para él, culiarse a esa mujer era un verdadero regalo, y se dispuso a disfrutar intensamente ese delicioso momento. Y cuando besaba su cuello, y el pabellón de sus orejas; su lengua repasaba con un suave poderío el borde de sus labios, y el interior de su boca.

Mientras la besaba y acariciaba, su colosal verga negra; hinchada y caliente, rosaba con dominante potencia la pequeña vagina velluda de la principiante puta, enardeciéndola, haciendo desear que el negro la tome, y la penetre con pasión.

El negro, transformado por una feroz excitación, tomó brutalmente a mi esposa de sus cabellos, introduciendo su verga gorda y venosa en su boca. Tere recibió el atroz empuje de la bestia, chupándola, besando y mordiendo el deseado miembro durante un largo rato. Luego, el impetuoso negro; después de mamar con salvaje deleite el clítoris y los rosados labios de esa inexperta vagina, introdujo con fiereza sus tres dedos en esa estrecha cavidad, removiendo, sacando y metiendo; trastornando y agitando el deseo de ella, hasta que; impulsada por la salvaje pasión que la dominaba, y sometida completamente por el poder sexual del negro le comenzó a pedir: �¡¡Dame, no me hagas esperar más!! ¡¡�entiérrame la verga, quiero sentirla, quiero sentirla dentro!! ¡¡Por favor�por favor!!

Y el negro con salvaje sadismo, soterró con fiereza su descomunal verga en esa rica y ajustada hendidura, perforando el sabroso agujero, mientras ella gritaba: �¡¡Ayyyyy�Ayyyy� Ayyyy!!� Y mientras el negro se adentraba poderosamente en esa ardiente cueva, Tere; abrazándolo y besándola fogosamente, movía sus caderas con ritmo, estrechando su intimidad con su poderoso violador.

Estando afuera, apagué la música para oír la desenfrenada entrega sexual de mi puta a su primer cliente. Al oír el fuerte grito que ella soltó cuando el salvaje negro le enterró su enorme verga, me asusté; pero luego se empezó a oír un apagado �Ah�ah�ah�ah�ah�ah�ah�ah�ah�ah� cuando el negro y ella cogieron ritmo a la firme e intensa penetración. Finalmente, el negro, con los pies de ella sobre sus hombros, la cogió de la cintura, y la culiò como a una yegua, haciendo parecer que la verga de un animal la estaba atravesando hasta el fondo. Ella, en el clímax del brutal acto, sintiéndose poseída, y dominada por ese bestial macho, se disparó en intensos orgasmos exclamando: �¡¡Oh�que ricooooooo, que rica la vergaaaaa!! ¡¡Que rico culeas�.que rico culean los negrooooos, oh�.Ay�.Ayyyyy, Ayyyyy, Hayyyy papiiiiiii, Hayyyy papitooooo!!� y después: �¡¡Que ricooooooo�.que rico ser putaaaaaa, me siento putaaaaaa, ya soy puta�ya soy putaaaaaa!!

Luego de un prolongado silencio, después que el negro; con su gran verga todavía erecta dentro de ella, la besó apasionadamente por un buen rato; el se levantó, y con sus dos rodillas puestas a los costados de la cintura de ella, el exhibió y sacudió en su delante su colosal verga, toda húmeda de los fluidos, verga que ella tomó con sus dos manos, pajeandola con los ojos cerrados, en una muestra de completa sumisión y futura entrega al deseado miembro viril.

Al salir del cuarto de la nueva puta, el negro sonrió diciendo: �¡¡Que puta, que puta que me acabo de culiar�que rica putaaaaaa!! Y se sentó triunfante. Al poco rato, duchada, y cambiada con un nuevo y desvergonzado mini vestido rojo, la deliciosa puta salió, se paró contoneándose al pie de la puerta, y con un ademán de femenina coquetería, invitó a pasar a un nuevo cliente.


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2 respuestas

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