Mi cuñada y yo nos cogimos por una lata de atún
Ayer estaba en la cocina con mi cuñada mientras ella acomodaba la alacena. De repente una lata de atún se le cayó, le pegó directo en la cabeza y rodó al piso. Me acerqué rápido para ver si estaba bien. Le dije que le iba a poner hielo y le revisé la frente. Tenía un pequeño chichón y la piel un poco roja. Mientras le ponía el hielo, vi que se le escapaba una lágrima por la mejilla.
Sin pensarlo, se la limpié con el dedo pulgar y luego le acaricié la cara suavemente.
Estábamos muy cerca. Demasiado cerca.
Nos quedamos mirándonos fijamente a los ojos por varios segundos, sin decir ni una puta palabra. El aire se puso pesado. De pronto ella entreabrió los labios y yo no pude contenerme: la besé con fuerza. El beso empezó suave pero en segundos se volvió brutal, húmedo y desesperado. Nuestras lenguas se enredaban mientras mis manos bajaban por su cintura y le agarraban el culo con ganas. Un beso llevó a otro, y sin darnos cuenta ya le había subido la blusa y le estaba chupando las tetas, mordiéndole los pezones duros.
Ella gemía bajito y me metió la mano dentro de mis bragas, que estaban empapadas de mis fluidos. Comenzó a meterme un dedo yo le metía la mano por debajo de la falda, corriéndole las panties a un lado y metiéndole también dos dedos en el coño al tiempo que masajeaba su clitoris (tengo más experiencia que ella en esto jaja).
Todo pasó demasiado rápido. La volteé, la empujé contra la mesa de la cocina y la dejé boca abajo, con las tetas aplastadas contra la madera y el culo bien empinado. Le subí la falda hasta la cintura, le bajé las bragas hasta las rodillas y, sin decir nada, comencé a lamer su culo mientras le metía varios dedos en el coño. Estaba tan mojada que entraban sin resistencia. Empecé a mover los dedos duro, mientras ella mordía su propio brazo para no gritar y yo enterraba mi cara en su culo depilado.
Se corrió delicioso, así que la agarré el pelo con una mano y con la otra le daba nalgadas. Nos tiramos en el piso y comenzamos a restregar nuestros coños buscando desesperadamente correros juntas mientras nos besábamos. Ella me dijo que le hacía falta más, así que buscamos un pepino en la nevera y cada una se metió un extremo mientras nos movíamos y lo montamos frenéticamente. Los espasmos de nuestros de nuestros órganos fue delicioso. Todavía me tiemblan las piernas solo de acordarme…
Nos quedamos unos segundos recuperando el aliento. Rápidamente nos limpiamos con unas servilletas, acomodamos la ropa y dejamos todo como estaba. No nos dio tiempo de decirnos ni una palabra porque escuchamos que mi hermano entraba a la casa.
Hasta hoy no he hablado con ella.


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