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marzo 11, 2026

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Mi cogí a mi ex mientras mi novio dormía

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Me mudé con mi novio hace tres meses. Todo iba bien, pero él tiene un trabajo de mierda que lo deja muerto todas las noches. Se duerme como una piedra en cuando toca la cama. Y yo me quedo con las ganas, con la concha ardiendo, mirando el techo.

La semana pasada fue peor. Me empecé a acordar de mi ex, de Martín. Ese hijo de puta tenía una verga… uff, enorme, y un poco doblada para la izquierda. Cuando me la metía, siempre me rozaba el punto justo, ese que te hace ver estrellas. Y yo ahí, al lado de mi novio roncando, imaginándomela.

Eran como las 2 de la mañana. No aguanté más. Agarré el celular y le mandé un mensaje: «¿Despierto?».

Me respondió al toque. «Para vos siempre, puta. ¿Qué querés?».

«Que me vengas a coger. Mi novio duerme».

«¿Estás loca?».

«Sí. ¿Venis o no?».

«Pasame la dirección».

Se lo mandé. Mientras esperaba, me saqué la bombacha y me quedé en remera nada más. Me toqué un poco, pensando en su verga doblada, en cómo me iba a llenar. Estaba empapada.

Llegó en 20 minutos. Abrí la puerta en silencio y lo vi parado ahí, con los ojos brillando en la oscuridad. No dijo nada. Me agarró del cuello y me metió la lengua en la boca. Sabía a cigarro y a cerveza, un asco, pero me calentó más.

Pasamos al living. Lo único que se escuchaba era la tele de la habitación, mi novio la deja prendida. Martín me levantó la remera y me agarró las tetas, me las apretó fuerte.

«Las mismas tetas de siempre», dijo en voz baja. «Te las extrañaba».

Le bajé el cierre del pantalón y se la saqué. Ahí estaba. Esa verga torcida, enorme, con la cabeza morada. Se la puse en la boca y la chupé como si tuviera sed de años. Sentía que se endurecía más, que se me metía hasta la garganta.

Me levantó, me puso contra la pared y me levantó una pierna. Me la metió así, parados, sin anestesia. Fue un solo golpe, seco, que me dejó sin aire. Me mordí el brazo para no gritar.

«Callate, no querés que se despierte, ¿no?», dijo él, riéndose bajito mientras me daba.

Cada embestida me clavaba contra la pared. Yo sentía que se me doblaba adentro, que me rozaba todos los lados. Me agarré de su cuello y le mordí el hombro.

Me llevó al sillón. Me puso en cuatro, con la cara contra el respaldo. Me miró el culo, me dio una nalgada que sonó como un tiro en el silencio. «Qué ganas de cogerte otra vez, puta».

Y me la volvió a meter. Esta vez más fuerte, más rápido. El sillón crujía, los resortes sonaban. Yo apretaba los dientes, pero los gemidos se me escapaban igual.

«¿Te acordás cómo te gustaba que te la meta así?», me decía al oído.

«Sí, sí, dame más duro», le suplicaba en voz bajita.

En un momento, mi novio se movió en la cama. Se escuchó el crujido de las sábanas. Los dos nos quedamos quietos, duros, sin respirar. Pasaron unos segundos eternos. Después, los ronquidos volvieron.

Martín se rió en mi oído. «Qué cornudo», dijo, y empezó a cogerme con más ganas todavía.

No sé cuánto tiempo estuvimos así. Me puso boca arriba, me levantó las piernas y me las puso en los hombros. Me miraba fijo mientras me daba, viendo cómo se le metía y salía esa verga torcida. Yo me tocaba el clítoris, no podía más.

«Me voy a venir», le dije.

«Esperá», dijo él. «Vení conmigo».

Siguió dándome, más rápido, más profundo. Hasta que sentí que explotaba. Me corrí con un gemido largo, ahogado contra su cuello, temblando toda. Y él se vino atrás, sentí cómo se ponía más duro y después los chorros calientes adentro mío, llenándome.

Nos quedamos ahí, jadeando, sudados, pegados. Después se separó, se subió el pantalón. Me dio un beso rápido en la boca.

«Cuando quieras, puta», dijo, y se fue por donde vino.

Yo me quedé en el sillón, con las piernas abiertas, sintiendo cómo su leche me chorreaba por el muslo. Mi novio seguía roncando. Me fui a la cama, me acosté a su lado, y me dormí con una sonrisa.

Al otro día me desperté con la bombacha mojada, toda pegajosa. Y él me preguntó si había dormido bien.

Le dije que sí. Que soñé cosas ricas.

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