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octubre 11, 2025

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Mi amiga me deja follarme a su novio siempre que el semen se lo de a ella

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Bueno, esto es algo que llevo ya un tiempo viviendo y la verdad es que necesitaba contarlo en algún lado porque a veces me parece hasta increíble. Todo empezó hace como año y medio, más o menos.

Mi mejor amiga, Carla, es de las que he conocido aquí en España, y tenemos una confianza brutal. La cosa es que ella tiene un novio, Roberto, que está igual de bueno que yo, te lo juro, el tipo también va al gym y se le nota todo el trabajo. Un día, después de unas cuantas copas de más en mi apartamento, la conversación se puso caliente y Carla, medio en broma medio en serio, soltó que a veces fantaseaba con verme follando con Roberto. Yo en ese momento me puse colorada, pero la verdad es que el mismo Roberto me gustaba desde hace rato, así que la noche terminó con los tres enrollados en mi cama.

Desde esa primera vez, esto de los tríos se volvió algo que hacemos cada cierto tiempo, cuando el mood y las ganas se juntan. Pero Carla, desde el principio, puso una regla muy clara, y no negocia con ella. La condición es simple: la leche de Roberto es para ella. Punto. Él puede correrse en mi boca, en mis tetas, en mi cara, donde sea, pero luego yo tengo que pasarla a ella. Al principio me pareció una cosa rarísima, pero ahora es parte del juego y, te soy sincera, me prende un montón. Hay algo en esa dinámica que es super caliente, como que ella es la dueña de todo, incluso del placer final de su hombre, y yo soy como… bueno, la invitada especial que puede disfrutar del banquete pero no quedarse con el postre.

La mecánica casi siempre es la misma. Quedamos en el piso de ellos, ponemos música, tomamos algo para soltarnos, y empezamos. A Roberto se le ve que le encanta tenerme a mí ahí, al lado de su mujer, y se pone como una fiera, sobre todo porque las dos somos morenas y tenemos buenos cuerpos del gym, aunque Carla tiene más culo y yo más tetas. Él nos desnuda a las dos, siempre empezando por ella, y nos va tocando, besando, como si fuéramos sus dos putas personales. A mí me pone boca arriba y se me monta, metiéndomela toda de una vez, mientras Carla se sienta en mi cara para que yo le dé placer a ella también. El sonido de los tres jadeando, de los golpes de sus caderas contra las mías, del roce de nuestra piel sudada, es una locura. Roberto se mueve como un animal, agarrándome de las caderas con una fuerza que me deja marcada, y yo no puedo evitar gemir como una descosida, con el sabor y el olor de Carla en mi boca.

Justo cuando siento que Roberto está a punto de acabar, él se sale de mí de repente. Es la parte que más me gusta y a la vez me desespera. Él se arrodilla frente a mí, con su verga enorme y palpitando, y yo, sin que me lo tenga que pedir, me la meto entera en la boca.

Abro la garganta lo más que puedo, saboreando el sudor y el sabor a sexo, y en segundos noto como se pone aún más dura y empieza a latir. Él me agarra de el pelo y empuja, gimiendo mi nombre, y yo siento el chorro caliente y espeso de su leche en mi lengua y mi paladar. Me llena toda la boca, y es una sensación asquerosa y deliciosa a la vez. En ese momento, Carla se acerca, se pone de rodillas frente a mí, y abre su boca. Yo, con su semen todavía en mi boca, me inclino y se lo paso todo, besándola, dejando que nuestra saliva y la leche de su novio se mezclen. Ella lo traga con unos ojos de puro éxtasis, como si fuera el mejor manjar del mundo, y luego me besa a mí otra vez, con una pasión que me deja sin aire. Es un ciclo, un ritual que nos enciende a los tres.

Pero hubo una vez, solo una, que la regla se rompió. Fue para el cumpleaños de Roberto, hace unos meses. Carla me dijo que quería darle un regalo especial, y que esa noche yo era todo suyo, para lo que él quisiera. La condición de la leche seguía en pie, pero por lo demás, no había límites. Esa noche empezó igual que las otras, con los tres en la cama grande de ellos, pero había una tensión diferente, una electricidad en el aire. Roberto me miró con una intensidad que casi me quema, y supe que esa noche iba a ser distinta. Después de follarme en todas las posiciones imaginables, de tenerme a mí y a Carla en un 69 mientras él nos daba por detrás a las dos alternándose, estaba agotada y más caliente que nunca. Entonces, Roberto me puso a cuatro patas y Carla se sentó frente a mí para verme la cara. Yo pensé que iba a metérmela otra vez por delante, pero en vez de eso, sentí sus dedos, empapados de mis jugos y los de Carla, abriéndome el culo. Nunca había dejado que nadie me lo hiciera por ahí, siempre he sido muy celosa de eso, pero esa noche, por ser su cumpleaños, dije que sí.

El dolor fue brutal al principio, un desgarro que me hizo gritar y agarrar las sábanas con fuerza. Carla me agarró de las manos y me miró a los ojos, susurrándome que me relajara, que pronto pasaría. Roberto fue lento, pero insistente, hasta que al final su verga entró completa en mi culo. Una vez dentro, el dolor se transformó en una sensación de placer lleno, de tenerlo todo ocupado, de una manera que nunca había sentido. Él empezó a moverse, y cada embestida me hacía ver las estrellas. Yo gemía y gritaba, una mezcla de dolor y un placer tan intenso que no podía soportarlo. Carla, viéndonos, se tocaba y nos besaba a los dos.

Roberto me follaba el culo como un poseso, y yo sentía que me estaba volviendo loca. Justo cuando yo estaba a punto de correrme otra vez, él gritó y, en vez de sacarla, me la metió más adentro y sentí cómo explotaba dentro de mi culo. Fue una sensación increíble, sentir su leche caliente llenándome por ahí, algo que estaba totalmente prohibido. Él se derrumbó sobre mi espalda, jadeando, y Carla, en vez de enfadarse, se acercó y me susurró al oído: «Feliz cumpleaños, papi». Luego, con sus dedos, recogió un poco del semen que me escurría y se lo chupó. Esa noche, la regla se rompió, y a pesar de todo, o quizás por eso, fue la mejor que hemos tenido. Y desde entonces, cuando nos juntamos los tres, siempre queda esa tensión de si volverá a pasar, pero por ahora, la leche sigue siendo solo para ella. Y a mí, la verdad, me parece bien. Así el morbo es aún mayor.

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