Me cogí a mi sobrino y descubrí que tiene fetiches muy raros
Todo empezó con un mensaje de mi sobrino que decía: «Tía, invito a salir, póngase sexy». Después de unos mensajes más acepté y, como vieron en mis fotos, me puse un vestido plateado cortito y algo escotado. Claro, sin tanga, solo así. Y cuando llegó por mí a la casa, salí súper empoderada, me sentía muy sexy.
Ya estando en su carro me dijo: «La voy a llevar a un buen restaurante y de verdad me la quiero coger». Llegamos al restaurante y todo muy rico, nos tomamos unas fotos para el recuerdo. Fue súper caballeroso conmigo. Mientras comíamos recordamos las cosas que nos pasaron desde que me espiaba en el baño hasta cuando me cogió por primera vez. Así pasamos el tiempo. Cuando terminamos de comer, me llevó a un motel y me dice: «Ahora sí es hora de pagar la comida».
Llegando al motel me tocó ir a la recepción para agarrar el cuarto. Ya estando en el cuarto no perdimos tiempo, nos besamos con una gran pasión. Le empecé a quitar la playera y el cinturón. Él bajándome los tirantes del vestido y jugando con mis chiches hasta llegar a la cama. Me tiró a la cama, bajó por completo mi vestido, solo me quedé con mis tacones. Él se quitó el pantalón y me puso a chupar su rica verga. Mientras lo hacía, él sostenía mi cabeza para metérmela hasta los huevos en mi boca y comenzó a cambiar su actitud: de un caballero a un macho dominante. Comenzó a insultarme y darme cachetadas. Eso me excitó, él sabe mi punto débil.
Después de chupar su rica verga, me puso boca arriba y puso mis piernas en sus hombros para darme con toda su fuerza. Mientras me doblaba para alcanzar mi cuello y tomarlo, yo podía sentir cómo su verga se ponía más dura. Después me puso de perrito y en vez de darme por la panochita, me dio por mi ano. Sin avisarme, solo me lo metió. Sentí un dolor grande, pero me aguanté, y más con tremenda verga, solo podía gemir. Me sentía toda una perrita en celo.
Mi sobrino me hizo sentir y hacer cosas que nunca me había imaginado. Cosas muy turbias. Una de ellas fue que, después de darme por el ano, se le ocurrió la idea de ver si su mano entraba. Lo intentó hasta que me rompió el ano, me lo estiró tanto que sangré, pero su mano entró. Y aunque olía feo, a él no le importaba, siguió con sus ideas. La otra que tuvo fue seguir con mi ano. Cuando lo tenía adentro de mí, se orinó y me dejó toda llena de pipí. Solo salió como si fuera un chorro grande de mi ano. Después me llevó al baño y me cogió en el piso del baño mientras mi cabeza tocaba la taza.
Eran peticiones muy raras para mí, pero no le podía decir que no ya que para ese momento yo me había convertido en su puta sumisa. Pero en cada posición me hacía acabar bien rico, y claro, al ver su cara de que lo estaba disfrutando, me excitaba más.
Después de vario tiempo, yo le pedí que se acostara, que lo quería montar. Él se acostó en la cama y yo me le monté. Comencé a moverme tan rico que lo hice acabar y sentía cómo todo su semen entraba en mí. Los dos acabamos muy cansados después de tanta acción, nos quedamos sin energía para nada. Él fue al baño y cuando regresó la tenía otra vez parada como nuevo y comenzó a cogerme otra vez. Esta vez me dijo: «Te quiero de perrito para darte por los dos lados». Yo me enpiné y, sin mentir, no pasó ni tres minutos cuando volví a terminar. Sentía que mis piernas me temblaban pero él no paraba, parecía que estaba poseído. Creo que mis gritos y gemidos se escuchaban por todo el motel. Sus insultos eran: «Perra, estúpida, mal parida», mientras me jalaba el pelo y cada vez que volteaba me escupía y me decía: «Eres una puta zorra, velezca», hasta que terminó en mi ano.
Después de todo eso nos fuimos a bañar. Estando en la regadera se le paró otra vez. A mí ya me ardía el ano, ya no podía. Le dije: «Si me vas a coger, dame por la panocha». Él contestó: «No, solo quiero orinar. Agáchate, zorra pendeja». Yo me hinqué frente a él y me puso su verga en la boca y comenzó a orinar en mi boca. Mientras lo hacía me decía: «Tómate mis meados». No me quedó de otra más que tomármelos, pero era tanto que se salía de mi boca.
Ya para llegar a mi casa llegué toda cansada, sin energía de nada. Mi esposo quería sexo pero le dije que no porque estaba muy cansada, solo me quedé dormida.


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