Por
Anónimo
Me cogí a mi hermano de sangre
Hoy les traigo LA historia que me tiene con la concha palpitando de morbo y vergüenza al mismo tiempo.
Agarrense los huevos porque es heavy.
Hace dos semanas me cae un mensaje (soy escort). Tipo 28-29 años, foto de perfil de cheto porteño que se ve que va al gym y labura en finanzas. Alto, barba prolija, pinta de tener guita. Me pide 2 horas en un hotel piola de Palermo, y avisa que quiere “todo sin forro ni límites”. Le digo na, sin forro no , sin límites sí.
Yo, como siempre, me pongo en modo puta premium: tanga negra de encaje que no tapa nada, lencería transparente, tacos y el culo bien aceitado para que brille. Llegamos a la habitación y… la puta madre.
El chabón en bóxer y ya se le marcaba una pija gorda semi-dura que prometía guerra. Me mira de arriba abajo, sonríe y me dice “che, sos más linda en persona, vení para acá”.
Ni dos segundos y ya me tenía contra la pared. Me chupa el cuello, me agarra el culo fuerte y me susurra al oído “hoy te voy a romper toda”.
Me baja el tanga, me pone de rodillas y me encaja la pija entera hasta la garganta sin pedirme permiso. Yo chupando como loca, babeando toda, mirándolo a los ojos mientras él me agarraba del pelo y gruñía “sos una puta perfecta, seguí así”.
Me levanta como si nada, me tira en la cama, me abre las patas y me come el orto y la concha como si se estuviera muriendo de hambre. Lengua adentro, dedos, todo re profundo.
Yo ya chorreada, gimiendo como perra en celo. Me da vuelta, me pone en cuatro y me mete de una sola vez. La tenía gruesa, larga y venosa… me llenaba toda. Me cogía re fuerte, me cacheteaba el culo que retumbaba y me tiraba el pelo. “Decime que te gusta que te den como a una puta barata”
Cambiamos de posición como tres veces: yo arriba rebotando como loca, él abajo apretándome las tetitas, después misionero mirándome a los ojos mientras me metía hasta el fondo.
Me acabó en la garganta y me la tragué toda calentita.
Terminamos sudados, jadeando, yo con la concha latiendo.
Me da un beso en la frente, me dice “fue una locura, sos una diosa” y se mete a la ducha.
Yo me limpio rápido, me visto y cuando estoy por rajar me llega la transferencia del resto. Abro el celu… y leo el nombre del que me mandó la guita. «Martín [MI APELLIDO]”.El mismo apellido re raro que tengo yo.
El que compartimos con mi hermano mayor Martín que vive en Capital y que no veo hace como 10 años porque se borró de un día para el otro. Me quedé helada. Miro la foto de perfil de nuevo… y sí, era él. Mi hermano de sangre pero con cara de adulto. El mismo que me enseñaba a andar en bici, que me defendía en el colegio y que ahora me acababa de llenar la boca de leche sin tener la más puta idea.
Me senté en el borde de la cama, con las patas todavía temblando del orgasmo, y lo único que atiné a decir en voz alta fue: “La concha de mi madre… literal”. Después de un rato de shock, risa nerviosa y un morbo que todavía no se me pasa (sí, me toqué pensando en eso dos veces esa misma noche), le mandé un mensaje con mi alias: «Che… Martín. Soy *****. Tu hermana. La que te acaba de chupar la pija hace 20 minutos.» Todavía no me respondió. Pero ya me transfirió otra vez “por las molestias” con un emoji de carita sonriendo con gota de sudor.
Moral de la historia: nunca confíes en que un cliente no sea de tu familia jajaja. Y si tu hermano tiene guita y le gusta pagar por putas… al menos coge como un toro. ¿Alguien tiene una historia más enferma que esta? Porque yo ya estoy pensando en cambiarme el apellido o en cobrarle descuento familiar la próxima.
PD: Sí, estoy bien. Y sí, me dio morbo. No me juzguen, la concha no tiene la culpa.


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