Por
Anónimo
Me acosté con mi cruhs
Kevin, el muchacho de mis últimas fantasías, era alto, 1.80, crespo, piel bronceada y con un cuerpo definido por la natación; nos conocemos desde los 12 años, pero nunca fuimos amigos, yo mido 1.50, cabello largo negro, y curvas a la medida de mi cuerpo.
Ese día fuimos a comer la mayoría de compañeros, era nuestro último año de colegio, tomamos dos cervezas cada uno, yo vivo en un barrio poco concurrido, así que no me quería ir tarde, pero llegaron las ocho de la noche, y yo no me había ido, Kevin se ofreció a dejarme quedar en su casa, yo acepte, cuando llegamos me dijo que podía quedarme en la pieza de su hermana, ya que sus familia salió de la ciudad ese fin de semana.
Me prestó una camisa de fútbol larga, cerré la puerta y me cambié, no planeaba hacer nada aquel día, cuando me pare eran las doce de la noche para ir al baño, el estaba en la sala, con un vaso de agua, nos quedamos mirando, quietos, se sentía la tensión.
– permiso – dije lo más calmada que pude
– siéntete como en tu casa, tengo insomnio, es normal que me pare, perdón si te desperté – me sonrió
– no solo no podía dormir, tu hermana tiene muñeca curiosas
– jajaj solo dilo dan miedo, a mi también, ven duerme conmigo
Me jalo de la muñeca y me llevo a su pieza, me arrecoste, pero sentí como me agarró del cabello, me tomo de la cintura y me subió la camisa, me beso el cuello y mis hombros, se quitó la pantaloneta y los boxers, y también me desnudo.
Era tierno, me daba mimos, lo cual me calentaba más, hasta que intenté tomar la iniciativa.
– no, tu disfruta princesa, me dices lo que quieras
Siguió con mis pechos, abdomen, y hasta que llegó a ese punto, me chupo, y metió sus dedos, hasta que estuve lista, empezó suave, hasta que me acostumbre; después empezó duro, rápido y contante.
Era fuerte, hasta que acabamos, me estaba quedando dormida, pero sentí que el me acomodaba, de espaldas, con mi pecho arrecostado y culo al aire, me mordió fuerte tanto que dejo marca por dos semanas, metía rápido, constante, yo ya no podía más, me había corrido dos veces y era mi primera vez.
Cuando acabo, me giro, y me ordeno que le hiciera un oral, empeze, era larga y gruesa, tenía una cabeza rosada, seguí pero mates que se viniera, me sentó en la orilla de la cama y se arrodilló al mover de mi entrepierna, empezó ha hacerme un oral, me volví a correr, tenía el clítoris inchado, en rojecido, y me entrada llena de el.
Me alzo y entro en mi, seguimos sin movernos hasta que me puso en su escritorio, y me empezó a embestir, yo solo gemía su nombre y jadeaba; cuando acabamos, quedé apollada contra la pared y el de frente.
– tu eres hermosa, ven vamos a dormir o quieres que te lleve al baño
Yo solo asentí, a el le dió gracia, me acompaño al baño, y me cargó de nuevo a la pieza, se acostó conmigo y me consentía, se acercó a mi oído y susurro.
– mañana hablamos, descansa


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