Por
Los juegos de mi madre
El matrimonio de mis padres fue como tantos, un fracaso. Una de esas parejas sumergidas en la rutina y la indiferencia, la apatÃa, la conformidad, la decepción y el desencanto. Caracteres incompatibles que convivÃan juntos por inercia, aplazando por pereza solicitar una separación o divorcio por aquello del �qué dirán�…
Desde pequeño recuerdo que mis padres dormÃan no en camas separadas sino ya en habitaciones separadas; mi padre trabajaba y mi madre cuidaba del hogar, ese era el pacto. Yo fui hijo único por lo cual fui un niño muy querido por los dos, quizás él no lo exteriorizaba tanto, pero me querÃa a su manera. La que me querÃa mucho era mi madre�
Ahora de mayor comprendo las cosas que por entonces no entendÃa, mi madre era una hembra sexualmente insatisfecha, y una hembra insatisfecha es un problema�
De niño dormÃa en una habitación muy cálida y acogedora, con mi madre. Mi madre no es alta ni baja, 1 metro 67 cm, aproximadamente, cabello castaño oscuro casi negro, labios carnosos, pechos redondos tirando agrandes, piel ligeramente morena, complexión más bien fuerte, culo macizo y duro y unos muslos que me fascinaban de pequeño, fuertes y amplios y rematados en unas contundentes rodillas redondas. TenÃa por aquel entonces unos 37 o 38 años, y yo, poquitos aún�
Fui un niño muy mimado y muy querido por ella, me ponÃa en su regazo, me besaba, me bañaba y siempre estaba conmigo aparentemente de broma, aunque ocultara su perenne mal humor con mi padre�
Pero a lo que voy es a mis recuerdos de aquel tiempo. En las largas noches de invierno, de frÃo, lluvia y mal tiempo, al amanecer yo me despertaba temprano y me iba a su cama, o me llamaba ella, y en otras ocasiones, a la noche, y sobre todo aquellas de mal invierno, me acostaba en la suya directamente y dormÃa con ella. Lo estoy recordando ahora y ya está martilleándome el corazón en el pecho, pues de aquella empecé a probar sus juegos, sus juegos maravillosos�
Mi madre nunca usó camisón o pijama, tenÃa bastantes edredones en la cama, siempre cálida, y dormÃa siempre en bragas y sujetador, generalmente blancos o color beige, en los que se mostraba ante mà sin ningún tipo de pudor, pudiendo yo ver con claridad la rotundez de sus tetas, redondas, duras, marcando pezón contra el sujetador y disfrutando la vista con sus muslos siempre bien depilados, que subÃan hasta sus bragas , a veces de un modelo blanco, que tenÃan como unos poros, pequeños o mÃnimos agujeritos que dejaban entrever algo o transparentar la oscuridad del coño, el cual no solÃa depilar. A pesar de sus piernas siempre perfectamente depiladas, yo veÃa asomar en las ingles algunos pelos negros, observaba yo con mucha curiosidad…
No es que siempre estuviera de buen humor conmigo, a veces estaba cansada o no tenÃa ganas de broma, pero la mayor parte de los dÃas, al anochecer o al amanecer jugábamos a las luchas, a hacernos cosquillas, a ver quién era más fuerte y sujetaba al otro, etc. A mà me parecÃan juegos inocentes, y me lo pasaba muy bien. Ella era más alta que yo, y más fuerte, y siempre me podÃa, claro; me abrazaba como una boa y me inmovilizaba, se ponÃa encima de mà y simulaba asfixiarme; clavaba sus tetazas encima de mi pechito, sentÃa todo el peso de su cuerpo, me sujetaba fuerte los brazos en cruz contra la cama, y yo disfrutaba de aquello. Jugábamos a hacernos cosquillas, adivina qué número te dibujo en la espalda, cosquillas en los sobacos, el cuello, en mi pechito, en mi barriguita� Yo la tocaba por dónde podÃa, o por dónde me atrevÃa, la timidez de un niño�
Me llenaba de besos, de vez en cuando me daba un pico, o me decÃa � �Bésame en la boca, cariño�. Recuerdo los besos en la boca de una sensación más agradable que los otros, de un cosquilleo intenso y enorme, me gustaban�
En las luchas y en los forcejeos, en las sesiones de cosquillas, que podÃan durar un buen rato, yo sentÃa sensaciones extrañas y agradables a un tiempo. Yo dormÃa en calzoncillos, o pijama, según, y a veces ella bajaba la mano y la deslizaba por mi paquete, por encima de la tela del calzoncillo o del pijama. Aquello me encantaba. Ella se reÃa, me cosquilleaba ahÃ, se reÃa� A veces incluso metÃa la mano por debajo del calzoncillo para agarrarme mejor la picha� y se reÃa�
Recuerdo en aquellos lances, mi corazoncito martillear fuerte en el pecho, temblar yo un poco del gusto, reÃrme, acariciar yo a la vez sus muslos� Recuerdo siempre mi reacción instantánea de cosquilleo y gusto enorme de niño. Ella se reÃa, y me besaba la boca a la par que tiraba hacia atrás de la piel de mi picha, me tensaba el frenillo, me hacÃa cosquillas en la picha que me encantaban; a veces se bajaba un poco más la mano ��Uuy, mi nene��- y me cogÃa los testÃculos, me los apretaba suavemente, me los cosquilleaba, me los volvÃa a apretar un poco, más masaje, me daba un apretoncito o un tironcito � se reÃa � que me daba un poco de dolor y a la vez de gusto, luego volvÃa a subir a la picha, la trabajaba otro poco, luego sacaba la mano y lo dejaba. Nos dormÃamos, yo feliz, y abrazado a ella, acariciaba sus muslazos duros, ella me abrazaba, sentÃa su perfume, sentÃa sus pezones duros apuntar el sujetador. A veces, estando dormida, se daba la vuelta inconscientemente y se acaballaba sobre mà quedando totalmente encima, pero yo soportaba toda la noche su peso, feliz, dulce castigo, respiraba como podÃa, hasta que ella daba otra vuelta.
Insisto, fueron tiempos muy felices. Por el dÃa nunca se hablaba del tema, pero yo recuerdo todas las noches el martilleo de mi corazón, las sesiones, los juegos, las luchas, las cosquillas�
-�Cómo quiero a mi nene �-, �Mamá te quiere, te baña, te enjabona, te hace mimitos�-. Siempre seguÃa un orden o protocolo; las luchas y sujecciones, primero; apretaba su mano sobre mi cuello, suavemente, y simulaba asfixiarme. Se acaballaba encima de mÃ, sus tetazas, su peso, su cuerpo. SentÃa meter su muslo contra mi entrepierna � �Arre, caballito�-, dándome ligeros pero intencionados golpes en los huevos. Recuerdo mi picha descapullar, cosquilleo, picor, apretarse fuerte contra la tela del calzoncillo. Dolor en los testÃculos, me embestÃa con su muslo ��arre, potrillo�-, pero mucho gusto y placer. Besos �eléctricos�- los llamaba ella � en la boca, cosquilleo. Luego al final se bajaba la mano a mi polla, jugaba con ella y con mis cojones, yo la notaba dura � �Mamá te quiere mucho mucho�� Yo era muy niño, no sabÃa lo que era masturbarse, ni nada de esas cosas. Recuerdo una mezcla de perplejidad, inocencia, cosquilleo, gusto, vergüenza, ilusión, mucha excitación� IntuÃa que algo de lo que hacÃamos estaba prohibido, pero estaba bien, me gustaba…
Fui creciendo, haciéndome mayor, llegó un momento en que se acabaron nuestros juegos, pasé a otra habitación a dormir ya solito. El carácter de mi madre también empeoró, se separó de mi padre, yo crecÃ, me convertà en un adolescente rebelde, en fin�
Pero aún a dÃa de hoy llevo grabados a fuego en mi mente aquellos juegos que me hizo, me vuelve a martillear el corazón, me estalla en el pecho, se me pone la polla durÃsima, y me hago intensas pajas acordándome de mamá y sus juegos�
3 respuestas
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¿Eso fue todo? Menuda merde… ni un climax.
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