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febrero 23, 2026

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La noche que trabajé con puros hombres

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A veces los que trabajamos en la bodega nos toca laborar en la noche, después de que la tienda cierra, para sacar la ropa y que esté lista en la mañana.

En esta ocasión le dije a mi esposo que me llevara. Al dejarme en la tienda se despidió con un beso y me dijo: «Te amo, Belén». Yo también le dije que lo amaba, y es verdad, lo amo mucho.

Cuando entré a la tienda me había tocado trabajar con puros hombres, yo era la única mujer. Pregunté por mis compañeras y me dijeron que se reportaron enfermas para no venir. Empezamos la jornada normal, entre bromas y risas. Claro, cuando pasaban junto a mí me daban nalgadas y yo les tocaba la verga, cosas de compañeros. Aparte solo éramos cinco trabajando: ellos cuatro y yo.

Como a la 1 de la madrugada nos tocó lunch y todos bajamos a la cafetería a comer. Uno de ellos comentó: «Me está dando sueño». Yo le contesté: «¿Quieres un café para que se te quite?» Él me dice: «No, una chupada como la que le dije a Juan». Yo me río y los otros cuatro empiezan: «Sí, que nos la chupe». Los cuatro diciendo lo mismo.

El jefe de bodega, Carlos, me dice: «Ok, Belén, te tengo una propuesta». Yo, sentada, le digo: «A ver, con qué me vas a salir». Él dice: «Si no les chupas a todos, tú no trabajas y nosotros hacemos todo el trabajo. Y nadie dice nada. ¿Qué dices?» Antes de que termine, me dice Carlos: «Pero te tienes que desnudar primero, con un rico baile, y luego se la chupas. ¿Qué dices?»

Yo acepté, ya que no quería hacer nada de trabajo.

Les dije que me pusieran música. Me paré en medio de la rueda y comencé a quitarme la ropa poco a poco, hasta que quedé completamente desnuda. Les dije: «¿Quién es el primero?» Carlos dijo: «Yo». Me llevó a su oficina para tener más privacidad.

Estando en su oficina me dice: «Comienza, zorrita». Comencé a chuparle los huevos, la verga. Me la metía hasta el fondo de mi garganta. Después de unos 10 minutos creo que iba a terminar y me pregunta: «¿Dónde la quieres?» Yo le dije: «En mis chiches». Y me los aventó en la cara.

Después de eso, me saca a la cafetería y les dice a los demás: «Ok, ahí tienen a la zorrita, úsenla como quieran». Los tres se juntaron y me pusieron sus vergas. Yo, hincada, con una en cada mano y una en la boca, los iba cambiando para que todos sintieran mi boca.

Después de varios minutos, por fin pude hacer que terminaran los tres. Me habían dejado toda llena de leche en la cara. Ya solo me limpié y quería salir para lavarme con agua, pero como había cámaras no podía salir de la zona donde estaba.

Justo cuando estaba por vestirme, llegó Carlos otra vez y me dice: «Espera, perrita, ¿a dónde vas?» Yo le contesté: «Ya acabé la parte del trato». Él dice: «Sí, pero quiero más». Yo pensé que quería que le chupara otra vez. Me llevó a la oficina, estando ahí cierra la puerta y me pone en su escritorio, empinada. Me dice: «¿Qué quieres, perrita? Estás toda mojada». Y la verdad, estaba muy mojada.

Estando ahí no me quedó de otra más que darle lo que quería. Comenzó a darme de perrito. Yo creo que se escuchaba cómo mis nalgas tronaban porque lo hacía muy duro y brusco, pero delicioso. Me puso en varias posiciones sobre su escritorio, hasta que me abrió las piernas y me metía toda la verga. Así estuvimos por unos 15 minutos hasta que terminó y me dijo: «¿Dónde los quieres, perra?» Yo, de tanto placer, no podía hablar, solo gemía. Él me dijo: «Si no contestas, perra, te los voy a dejar adentro». Yo en verdad quería contestar, pero el orgasmo que tenía y los chorros que saqué no me dejaron. Terminó dentro de mí.

Al terminar, me dice: «Te los dejé adentro. Si no quedar embarazada, métete el niño a tu esposo, ok, perra». Yo solo moví la cabeza diciendo que sí. Y ahí me dejó, sucia y toda llena de leche. Él se cambió y se fue. Yo todavía me quedé un rato más en la oficina.

Después de unos minutitos fui a la cafetería a ponerme mi ropa. Ya vestida, fui al baño y me vi al espejo: toda despeinada, con leche de no sé quién en mi cabello y con sabor a verga en mi boca. Estando ahí sentida, la leche de Carlos me escurría de mi panocha. Al sentirme y verme en el espejo, sonreí de felicidad. No sé por qué me dio alegría, creo que por el orgasmo y todo lo que sentí. Me sentí toda una zorra y putita barata.

Ya solo me arreglé y me fui a la cafetería a esperar que llegara la hora de salir. Se dieron las 7 de la mañana. Desperté y le pedí a mi esposo que pasara por mí a las 7:30. Llegó y nos fuimos a casa.

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