Por
La Fogata con los Amigos de mi Hijo
Me siento culpable pero no me arrepiento de lo que hice. En una acampada les chupé el pene a dos amigos de mi hijo mientras el dormía.
Supongo que primero me describiré un poco. Tengo 47 años, estoy divorciada y tengo un hijo de 21 años. Soy de piel morena, cabello negro y largo, tengo lindo cuerpo, caderas grandes con unas buenas nalgas, pero lo que más me destaca son mis pechos, son bastante grandes y se mantienen bien para mi edad.
Esto pasó hace casi un año, yo había alquilado una cabaña con zona de camping para un escapada con una amiga y nuestras parejas. El problema fue que mi amiga me cancelo y el idiota de mi novio de ese momento también. Me molesté particularmente con él por la excusa que inventó y que me cancelara un día antes. Cuando le conté a mi hijo mis frustraciones el me sugirió cederle el lugar a él y a sus amigos con sus novias. Lo pensé y le dije que sí, mejor que lo aprovechen ellos a que se desperdicie la reserva.
Pero claramente no los iba a enviar solos, así que yo iría como el adulto responsable del viaje. Para resumir un poco al final no les dieron permiso a las novias de los amigos de mi hijo así que seríamos solo los cuatro, mi hijo, sus dos amigos y yo. Viajamos un viernes por la tarde, yo salí de trabajar y fui a recoger a los chicos. No es muy lejos de la ciudad por lo que no demoramos mucho en llegar y no hubo ningún inconveniente en el camino.
Una vez allá los chicos montaron la carpa rápidamente y fueron a pasear por el campo. Yo estaba cansadísima del trabajo y de haber conducido así que me fui a dormir un momento. Pasaron las horas y ya estaba empezando a oscurecer cuando desperté, a lo que salí de la cabaña vi a los chicos tomando un par de cervezas y habían armado una fogata. Mi hijo era el que estaba más pegado al fuego y pude ver que era porque se había enfermado, estaba como con gripe y temblaba.
Le prohibí dormir en la carpa ya que el frío solo empeoraría las cosas y el me armó un berrinche frente a sus amigos. Se portó muy grosero y me estaba colmando la paciencia, hasta sus amigos le decían que me haga caso y que debería dormir en la cabaña para no ponerse peor. Finalmente aceptó y se metió a la cabaña a descansar. Yo fui con él y lo cuidé hasta que se quedó dormido y me quedé a su lado un rato descansando. Ya entrada la noche salí a la fogata y ahí seguían los amigos de mi hijo bebiendo y contando historias de su vida universitaria.
Cuando me uní cambiaron de tema y me ofrecieron una cerveza que acepté gustosa. Empezó a soplar mucho viento así que decidimos entrar a la carpa y seguir allá la conversación. Yo no participaba mucho, me divertía más escuchándolos hablar un poco tímidos de sus andanzas, pero con el alcohol poco a poco perdían el miedo de hablar frente a mí, se soltaban y hablaban sin reparo de sus novias, de sus vidas sexuales y de infidelidades. Se dieron cuenta que yo no aportaba mucho a la conversación así que me propusieron jugar verdad o reto.
Acepté y a través del juego descubrieron que me había divorciado del papá de mi hijo, llevábamos dos años separados, pero no era algo que compartiera mucho y mi hijo tampoco. Me sacaron todo el cuento de como mi ex me fue infiel y dijeron que era un imbécil por engañar y dejar ir a una mujer tan buena como yo. Me hicieron gracia sus palabras que sabía que venían desde la calentura. El juego avanzaba y ya se habían enterado de casi todos mis secretos, pero no me daba reparo, sabía que no eran habladores.
Cuando escogíamos reto para el juego, yo les daba retos inocentes como correr una vuelta afuera de la carpa o salir en dirección al auto y volver, pero ellos me ponían retos como juntar mis codos hacia mi ombligo o hacer sentadillas. Sabía perfectamente porque lo hacían, pero me estaba dando gusto sentirme deseada por ellos y además el alcohol contribuía a esa sensación. Decidí pagarles con la misma moneda, los reté a quitarse las camisetas y lo hicieron en un parpadeo. Uno de ellos, vamos a llamarlo David, me retó a darle un masaje en el pecho, lo dudé un momento pero decidí hacerlo y le di un suave masaje por el abdomen y el pecho. Pude ver como se formaba un leve bulto en su pelvis y David resoplaba de gusto por el masaje. Tras eso el otro amigo de mi hijo, lo llamaré Andrés, me retó a lo mismo. También lo hice e igual que David, soltaba pequeños ruidos de placer por el masaje que les daba.
Yo me estaba calentando bastante así que cuando me dieron el siguiente reto perdí la cabeza y cumplí sin pensarlo dos veces. Me retaron a quitarme la blusa y antes de darme cuenta ya lo había hecho. Cuando vieron mis pechos atrapados en el sostén soltaron unos sonoros resoplos y Andrés llevó su mano a su entrepierna. Me estaba excitando ver como se calentaban a costa de mi cuerpo de modo que cuando Andrés me reclamó que no era justo porque ellos estaban desnudos del pecho y yo no por el sostén, me pareció lógica su petición. Me dijo que me quite también el sostén y aunque dudé un poco sí lo hice.
Los ojos de los chicos estaban como platos parecía que se iban a salir. No perdían vista de mis pechos y ahora ambos se frotaban levemente el paquete mientras me veían. Mi corazón latía a toda velocidad y para tratar de calmarme les dije que sigamos jugando. Pasaron algunas rondas donde solo escogía verdad y ellos solo reto. Me preguntaban cosas abiertamente sexuales, si es que había usado mis pechos para masturbar a mis parejas, si me gustaba que los masajeen, que cuando fue la última vez y esa clase de cosas. Yo les daba retos de hacer flexiones o de llamar a sus novias, pero ellos insistían en desviar el juego a una dirección más sexual.
Finalmente cedí y se me ocurrió retarlos a quitarse el pantalón. Como sus camisetas, se deshicieron de los pantalones en un parpadeo, pero sin que yo se los pida también de su ropa interior. Así que tenía frente a mi sus penes erectos y ellos mis pechos desnudos. Era mi turno y escogí reto con un poco de miedo de lo que pudieran decirme, pero vencida por mi propia calentura. David me retó a dejarme tocar los pechos por él y acepté sin pensarlo. Se acercó a mi y extendió una mano a mi teta derecha, la empezó a palpar despacio y luego a amasar con ganas. No lo hacía mal, pero tampoco me afectaba tanto. Andrés se saltó el juego y me preguntó si podía hacer lo mismo.
No dije nada, solo asentí y en un instante tomó mi otro pecho y se dio gusto. Andres parecía tener más experiencia, me la amasaba con más ganas y jugaba alrededor de mi pezón, hacía círculos y espirales en dirección a mi pezón y en un momento agarró esa zona como haciendo una pinza con su mano y tiró hacia arriba con algo de fuerza. Ese movimiento me excitó muchísimo y se me escapó un gemido. Esa fue la luz verde que necesitaba y repitió la maniobra algunas veces.
Yo estaba ya muy mojada y caliente así que después de un par de minutos les dije que era suficiente. Los chicos obedientemente me soltaron y regresaron a sus lugares. David me preguntó si podía tocarse y le dije que sí. No podía ver mucho porque se había sentado dentro de su bolsa de dormir por el frío, pero el movimiento de su mano era claro. Andrés no me pidió permiso y empezó a hacer lo mismo. Yo estaba en trance viendo como se tocaban para mí, decían que tenía unas tetotas riquísimas, que querían seguir acariciándome, que rica que está la mamá de Felipe (mi hijo) y esa clase de cosas.
Sin darme me cuenta me fui acercando para ver mejor sus penes, parecía que iban a explotar, venosos, con la cabeza enrojecida, palpitaban y empezaban a soltar fluidos. Andrés me preguntó si no quería tocarlos y en lugar de aceptar algo se apoderó de mi y les dije si mejor no querían una mamada. Nuevamente abrieron los ojos sorprendidos como cuando vieron mis pechos por primera vez y dijeron que sí al mismo tiempo entusiasmados.
Lo hice primero con Andres porque le tenía más confianza, era amigo de mi hijo desde la escuelita y lo conocía bastante. El se puso de pie y yo estaba de rodillas frente a él y su pene. Era entre mediano y largo, no muy grueso, él estaba expectante viéndome a los ojos. No le di más vueltas al asunto y tomé su pene con una mano mientras acercaba mi cabeza. Cuando ya lo tenía a mi alcance le di una lamida por toda la cabeza y recorrí mi lengua a lo largo de su pene hasta las bolas. El se estremecía y eso me daba gusto. Tras lamer toda su anatomía me lo metí a la boca despacio, me lo tragaba solo un poco más de la cabeza y lo sacaba. Le daba chupones en la punta y jugaba con mi lengua. Él gemía de placer y acariciaba mi cabeza. Eso me daba más confianza y poco a poco me lo tragaba más y más hasta meterlo casi todo adentro. Cuando lo sacaba le daba besitos y lamidas por todo el pene, me estaba gustando hacérselo. Él también agarraba confianza y empezaba a empujar mi cabeza para hacer más profunda la mamada. Su excitación lo vencía y me empujaba más y más violentamente contra su pene hasta casi ahogarme. Sentía que se acercaba su corrida así que lo saqué por completo, le hice una paja que no duró ni diez segundos y se vino sobre mi cara y mis tetas. Soltó dos chorros, que fueron a mi mejilla y mi barbilla; y otros tres que fueron a mi pechos.
Estaba super excitada y un poco mareada, pero sabía que tenía limpiarme pronto para que el olor a semen no se impregne en mi piel. Así que salí rápido al baño exterior que había. Me enjuagué la cara y los pechos y los sequé con papel de baño. Antes de regresar a la carpa me asomé por la ventana de la cabaña. Mi hijo dormía pesadamente, hasta se escuchaba sus ronquidos. Eso me tranquilizó y me dio via libre de seguir con mi calentura junto a sus amigos.
Cuando volví a la carpa, ellos seguían desnudos esperándome. David tenía restos de semen en la punta de su pene y como hipnotizada fui directamente a limpiárselos con la lengua. Andrés soltó una risa y dijo que putita nos saliste Pao, lejos de molestarme me excitaba más y más. Cuando acabé de limpiar a David, fui en dirección a Andrés y le dije no sabes cuanto. Él ya estaba listo de pie con su pene en alto, el de Andrés era casi del mismo largo, pero mucho más grueso. A él se lo chupé más lascivamente desde un inicio, me lo tragué todo y simulé el acto sexual con mi boca de inmediato. Cuando lo sacaba escupía en la punta de su pene y esparcía mi saliva a lo largo con mis labios. Después de unos minutos agarró mi cabeza con fuerza y el mismo empezó un mete saca violento hasta el fondo de mi boca. Se estaba cogiendo mi boquita y me estaba excitando bastante, no podía respirar y lágrimas salían de mis ojos, paró un momento, me sacó el pene de la boca y lo pasó por toda mi cara. Me dijo toda clase de insultos y me excitaba aún más.
Me lo volví a tragar y yo misma empecé con la mamada violenta. Podía sentir su pene palpitar y el gruñendo como animal. Cuando estaba por venirse, saqué casi todo su pene de mi boca y me quedé solo con la cabeza entre los labios. Lo succioné con fuerza mientras le acariciaba las bolas. Se vino bastante y cuando sentí que ya no salía más semen, me separé de su pene y abrí la boca para que vea su corrida en mi lengua. Me lo tragué todo y antes de que pueda decir algo me fui de la carpa nuevamente. Fui al baño a enjuagarme la boca y cuando volví a la carpa los chicos estaban expectantes a mi regreso.
Les hice jurar que no contaran a nadie lo que pasó y me dieron su palabra. Recogí mis cosas y me fui a dormir en la cabaña con mi hijo. La mañana siguiente me desperté temprano para hacer el desayuno y una vez listo llamé a los amigos de mi hijo para que coman. Desperté a mi hijo que se encontraba mejor, pero aún un poco resfriado. Durante el desayuno se comportaron y no soltaron comentarios ni insinuaciones de la noche anterior, pero sí me veían con lujuria cuando mi hijo no se daba cuenta. Por último recogimos todo, guardaron la carpa y emprendimos viaje de vuelta a casa.
Nunca más pasó algo así con ellos, pero cuando vienen a casa con mi hijo, me saludan con más confianza, agarran mi cintura y si mi hijo no ve tocan levemente mi pecho. No me molesta, de hecho me calientan esas actitudes, pero no volvería a hacer algo así con ellos ni con otros amigos de mi hijo, ¿o sí?


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