febrero 23, 2026

13 Vistas

febrero 23, 2026

13 Vistas

LA FIESTA DE HALLOWEEN FUE MI CONDENA V – FIN

0
(0)

Te paso mi tiktok: entre.lineas.trans

@entre.lineas.trans

[email protected]

🌅 2 horas después…

—Despierta, dormilona —susurró él, acariciándome el cabello.
—Mmm… déjame dormir…
—¿Tan cansada te dejé?
—¡Idiota! —dije con un manotazo débil, escondiendo la sonrisa.
—Te gusto mi chiquita… y me deseas como yo a ti.
—¡Mentira! —¡Te odio! —dije con berrinche, y él río mientras me apretaba más fuerte contra su pecho.
Esteban me miraba fijo, con esa intensidad que me derretía.
—Ven aquí —dijo, extendiendo la mano.
—¡No! —repliqué, tratando de alejarme—. ¡Ya fue suficiente! Lo de anoche y la madrugada no se repetirá.
—Lo dices con la voz temblando.
—¡Mentira! No estoy temblando, es… es que hace frío.
Él río, vino hacia mí y me rodeó la cintura.
—Dime que no quieres, mírame a los ojos y dilo.
Yo lo miré, con lágrimas formándose, y susurré:
—No… no quiero…
Pero mis labios buscaron los suyos antes de terminar la frase. Entre besos entrecortados yo murmuraba:
—Eres un desgraciado… un idiota… ¡te odio! Y yo lloriqueaba entre caricias— diciendo… ¡No! ¡No debía pasar otra vez!… soy mala… soy débil…
—Esteban —me interrumpió—. Eres mía.
En mi mente gritaba:
«¡No soy suya! ¡No!… y sin embargo, ¿por qué lo siento tan mío también?»
Esteban me tomo por la cintura y empezó otra vez a penetrarme, esta vez fue más fácil mi anito ya se había acostumbrado a su tremendo penesote, sentía todo mi interior completamente lleno, Esteban sabia como tratarme en la cama.

Me comenzó a bombear fuerte y me acomodo bruscamente moviendo mis rodillas hacia adelante quedando en cuatro patitas, me jalo las manos y las puso en mi espalda de modo que mi cara quedo pegada al colchón, en esa posición lo sentía hasta el fondo de mi ser, además de sentirme vulnerable, era completamente suya, me sentí indefensa , realmente en el sexo las mujeres somos muy vulnerables a lo que nuestro macho desee, pero me encantaba sentirme mujer y me fascina la idea de ser poseída por este macho salvaje y a la vez tierno, después me empujo más hasta quedar completa mente recostada boca abajo y el sobre mí, con sus piernas me abrió las mías y siguió cogiéndome y mordisqueando mi espalda, eso me llevo a otro orgasmo, sentía que en cualquier momento me iba a desmayar, mi voz se había ido por todos los gemidos y de desesperación que Esteban me provoco esa la noche.

Dándome las ultimas embestidas Esteban termino dentro de mi quedando completamente exhausto se tumbó sobre mi espalda, solo sentía su respiración muy agitada, ese día hicimos el amor 6 veces antes de irnos…

🚗 Camino a casa

—No me mires así —dije en el auto, cruzando los brazos.
—¿Cómo?
—Como si me hubieras ganado.
—Esteban reía suavemente.
—Fue un error.
—¿Un error que repites y repites?
—¡Eres insoportable! —dije haciendo puchero—volteando hacia la ventana.

🏠 Al llegar a casa

—llegamos, muñeca —dijo él.
—¡No me digas muñeca!
—¿Y si te digo mi amor?
—Tampoco. No soy nada tuyo.
—Ya me extrañaras… lo dijo de forma burlona mientras se agarraba por encima de su pantalón el tremendo monstro que tiene entre las piernas.
—me quedé callada, apretando la manija de la puerta.
—JAJAJA
—¡Te odio! —le grité saliendo corriendo.
Y allí comenzó otra tortura prometí olvidarlo.

Me odiaba a mí misma por extrañarlo, por dejar que me hiciera suya una y otra vez. Pero al mismo tiempo, no podía sacarlo de mi cabeza, la ansiedad me consumía, ese día después de dejarme en mi casa ya no supe nada de él, abría la pantalla del celular mil veces al día, esperando una notificación que no llegaba. Y al no soportar más su ausencia perdí el poco orgullo que tenía y fui yo quien terminó escribiéndole.

📱 Chat por celular

Yo:
—No quiero saber nada de ti.
Mentira. Lo único que quería era que volviera a desearme.
Él:
—JAJAJA
Sentí la burla atravesarme el pecho.
Yo:
—Me usaste. —Hiciste lo que quisiste conmigo y después desapareciste.
El mensaje quedó en visto. Mis manos temblaban.
Yo:
—Estoy llorando.
Tardó unos segundos. Suficientes para que el corazón me golpeara las costillas.
Él:
—Para que dejes de llorar piensa en mí VERGA.
Respiré hondo. Quería odiarlo de verdad.
Yo:
—Eres un demonio.
Él:
—Y tú… mi chiquita caprichosa.
Maldito. Sabía exactamente qué decir.
Yo:
—Déjame en paz.
Él:
— JAJAJA

Yo:
—Idiota, te odio.
Él:
—Ven.
Una sola palabra. Orden disfrazada de invitación. Mi corazón se descontroló.
Yo:
—¿Para qué?
Él:
—Para que me odies en persona.
—Para que llores mirándome.
—Para que intentes no tocarme.
Tragué saliva.
Yo:
—Y si voy… no me voy a quedar callada.
Él:
—JAJAJA mira te manda saludos…— enviándome una foto de su PENESOTE.
Yo:
—¡Hay que feooo! Asquerosooo
Él:
—JAJAJA
Yo:
—Eres un insoportable Patán Bruto
Yo:
—Por fin te callaste… espero nunca volver a verte Jum jum jum
Él:
—Este viernes nos vemos en el hotel chiquita…
Yo:
—Tú crees que yo voy a ir … no te soporto …
Yo:
—Aunque por insultarte quizás valla… :p poniendo un emoticón sacando la lengua.
Y ahí entendí que me estaba volviendo muy dependiente de el.
Era fuego.

Era esa necesidad absurda de volver a caer en sus manos, aunque supiera que me iba a romper otra vez.

(Pongo el celular a un lado, me tapo la cara con la almohada. Pienso: “¡Ay, Dios! ¿Por qué siempre gana él?”)
Nuestra relación siguió en un círculo vicioso, entre peleas, reproches, celos infundados de mi parte, hasta que llego el viernes y nos volvimos ver.

🏨 En el hotel

Entramos al hotel casi sin mirarnos. Yo iba con los brazos cruzados, el ceño fruncido y el corazón latiendo como loco. Apenas cerré la puerta, solté mi primer reproche.

—No debí venir contigo —dije cerrando la puerta detrás de mí, con los brazos cruzados.
—No debí venir contigo… —repetí con fastidio fingido.
—Pero viniste… —me contestó él, sonriendo con esa calma que me desesperaba.
—¡Porque me insististe! ¡Porque eres un fastidioso! Y quería decírtelo en tu cara que no te soporto y que eres un odioso un malo un patán un bruto un macho aish te odio…
—Me vas a decir que no quieres estar aquí.
—¡Claro que no quiero! —dije con berrinche, inflando las mejillas.
—Tu rico culito no pienso eso.
Lo decía en un tono burlón que me hacía sentir una tonta.
—No me mires así… ¡me pongo nerviosa! Este ultimo lo dije en un tono muy sumiso.
—Tranquila chiquita ya vas a estar gritando de placer, no desesperes… mientras reía.
—Eres un abusivo… —murmuré bajito, y ya estaba haciendo puchero.
Él se acercó, rozó mis labios con los suyos, y yo retrocedí con un brinquito.
—¡No! No me beses…
—¿No? —me acorraló suavemente contra la pared.
—Yo… yo… no… —balbuceé, hasta que él me besó de nuevo.
—Mmmm… —gemí sin querer, y lo empujé con mis manitas débiles—. ¡Te dije que no!
—Entonces dime “no” mirándome a los ojos.
—No… —lo dije bajito, pero al mismo tiempo me aferraba a su camisa.
—¿Ves? No sabes mentir.
—¡Cállate! —dije dándole un manotazo en el pecho.
—Dime que no me deseas.
—Te odio… —susurré escondiendo mi cara en su cuello.
—Y yo te deseo chiquita.
Me levantó el rostro y me besó despacio. Yo sollozaba bajito, con rabia y deseo mezclados.
—No quiero… —jadeé, ya rendida— Mi cuerpo temblaba. Él me acariciaba despacio, con paciencia, mientras yo repetía negaciones que cada vez sonaban más débiles.
—¡Basta! No puedo… —dije llorosa, y lo golpeé con las manos, pero sin fuerza.
—Esteban me agarro fuerte mis carnosas nalgotas mientras me besaba el cuello.
—¡No quierooo! —gemí, mientras mis labios buscaban los suyos.
Él me besó con más profundidad, y yo sollozaba con rabia y deseo. Su aliento me envolvía, y sentí que me rendía en sus brazos.
—No quiero… pero no puedo detenerme… —jadeé, con los ojos cerrados.
—Déjate llevar.
Y me dejé. Mis negaciones se convirtieron en susurros entrecortados:
—No… ah… no quiero… sí… no… por favor… —mientras lo abrazaba con desesperación.
Él me respondía con besos largos, ardientes, palabras firmes al oído:
—Eres mía… solo mía… aunque protestes.

Las lágrimas rodaban de mis ojos, pero eran lágrimas dulces, mezcla de miedo y placer. Sentía mis reproches disolverse en cada caricia. Mi cuerpo gritaba lo que mi boca negaba. Y entonces, entre gemidos, sollozos y besos, llegó ese instante de rendición total, Esteban como todo un experto termino por desnudarme, Esteban me sostuvo el rostro entre sus manos y apoyó su frente contra la mía. Ese gesto, tan simple, me hizo temblar más que cualquier otra cosa. Sus labios descendieron lentamente por mi cuello, dejando un rastro tibio que encendía mi piel.

Mis manos, que al principio dudaban, comenzaron a buscarlo también. Sentía la firmeza de su espalda bajo mis dedos, el calor de su pecho contra el mío. Cada vez que su boca encontraba la mía, el mundo desaparecía un poco más. Solo existía ese vaivén de respiraciones mezcladas, el latido acelerado compartido.

Me recostó con delicadeza, como si temiera romperme, y su mirada recorrió mi cuerpo con una mezcla de admiración y hambre contenida. No había crudeza en sus gestos, sino una intensidad casi reverente, ya no había reproches ni dudas. Solo ese fuego suave que iba creciendo, envolviéndonos.

Mis piernas se entrelazaron con las suyas, y sentí cómo el calor entre nosotros se volvía inevitable. Sus caricias se hicieron más profundas, más decididas, y yo respondía con pequeños gemidos que ya no intentaba callar.
Mis dedos se aferraron a él, mi frente contra su hombro, sentía como cada centímetro de su penesote me invadía mi culito ya estaba acostumbrada a ese tremendo tozo de carene, el placer subía como un suspiro largo, infinito.

Ayyyyy amoooor! Asiiiiiii —Soyyyy tuyaaaaa miiii ah ah ah ah ah ah ah ES – TE – BAAAAN —Soyyyy tuyaaaaa miiii amoooor!

Mis lágrimas eran de felicidad. Me aferré a Esteban como si el mundo fuera a desvanecerse después de ese instante. Y en medio de esa mezcla de ternura y deseo, comprendí que a veces la rendición no es debilidad… sino confianza absoluta.

¡Empecé a gritar —Teeeeee Amooooo! Teeeeee Amooooo! Teeeeee Amooooo! ! Teeeeee Amooooo! Teeeeee Amooooo!

Tuve el orgasmo más feroz y delicioso de mi vida… uno que me partió en dos y me volvió a unir entre sus brazos. Mi cuerpo se arqueó contra el suyo, sentía como el semen de Esteban me inundaba por dentro era una corriente ardiente que me recorría desde mi anito hasta el vientre. Mis uñas se hundieron en su espalda, creo que le deje muchas marcas muchos arañones, ESTEBAN me había enloquecido.

—Te amo… —susurré con voz ahogada, aún pegada a su piel.
Me cubrí el rostro con las manos, avergonzada, y él las apartó con ternura. Abrí los ojos, derrotada, y lo vi sonreír.

—Estás preciosa así, despeinada y enrojecida.
—¡Gracias! —dije débilmente, mientras me reía entre lágrimas.
Esa noche hicimos el amor varias veces hasta quedar profundamente dormidos…

☀️ La mañana en el hotel

Abrí los ojos y esta vez no intenté apartarme. Mi mano descansaba sobre su pecho, mis piernas entrelazadas con las suyas.
—No te muevas… —murmuró él, con esa voz grave que me hacía estremecer—. Me gusta cómo amaneces pegada a mí.
Lo miré sin fingir molestia.
—No quiero moverme… —admití en voz baja.
Él abrió los ojos lentamente, sorprendido por mi tono.
—¿Ah, no?
Negué suave con la cabeza y deslicé mis dedos por su abdomen, sin timidez.
—Anoche dejé de pelear contigo… —susurré—. Y no quiero volver a hacerlo.
Sus manos subieron por mis muslos con calma firme, posesiva.
—¿Entonces ya no eres la que dice “no soy tuya”?
Lo miré directo, sonrojada pero decidida.
—Anoche… me entregué completa. No fue un berrinche. Fue porque quise… porque te deseo.
Me giró con suavidad hasta quedar sobre mí, sosteniendo mis muñecas por encima de mi cabeza sin hacerme daño, pero dejando claro quién marcaba el ritmo.
—Dilo otra vez —ordenó en un susurro.
Mi respiración se aceleró.
—Te deseo… —repetí, mordiéndome el labio.
Él bajó la boca a mi cuello, lento, reclamando territorio.
—Me gusta cuando dejas de fingir —murmuró—. Cuando me miras así… rendida.
Deslicé mis piernas alrededor de su cintura, acercándolo más.
—Entonces no me sueltes… —pedí, ya sin orgullo.
Entre besos lentos y miradas que aún ardían por la noche compartida, me incorporé un poco, con el cabello revuelto y el corazón acelerado.
—Deberíamos pedir el desayuno… —susurré, acariciando su mejilla—. Antes de que vuelva a olvidarme del mundo contigo.
Él sonrió, abrazándome por la cintura para que no me alejara demasiado.
—Pídelo… pero quédate aquí —murmuró contra mis labios.
Tomé el teléfono del hotel sin separarme de su cuerpo, riendo bajito mientras hacía el pedido. Sentía su respiración en mi cuello, sus manos dibujando promesas en mi piel.
—¿Qué quieres? —pregunté en voz suave.
—Lo que tú elijas… mientras sigas mirándome así.
Colgué y apoyé mi frente en la suya.
—Entonces café, algo dulce… y unos minutos más abrazados.
Porque el desayuno podía esperar unos instantes, pero ese amor encendido y tierno a la vez… quería saborearlo un poco más.
Esteban me penetro con lujuria, no cabe duda que es un semental mi hombre.

🥐 El desayuno en la habitación

Apreté el botón del teléfono mientras permanecía sentada sobre sus piernas, abrazándolo por el cuello, jugando con su cabello.
—Servicio a la habitación, buenos días.
—Buenos días… —respondí con voz suave, casi dulce—. Quisiera desayuno para dos, por favor. Café, jugo, frutas… y pan con mantequilla.
Él deslizó una mano firme por mi cintura.
—Porque a mi mujer le gusta lo dulce en las mañanas.
No lo negué. Sonreí, apoyando mi mejilla en la suya.
—Sí… también pan con mantequilla —confirmé, dejando que mi voz sonara melosa.
Colgué y me quedé abrazada a él, besando despacio su mandíbula.
—Me gusta cuando me llamas así… —confesé bajito—. Me gusta sentir que soy tuya.
Él me sostuvo con firmeza.
—Compórtate como tal entonces.
Asentí sin discutir, mirándolo con ojos suaves.
—Dime qué hacer… —murmuré, acariciando su pecho—. Quiero complacerte.
Tocaron la puerta. Me levanté despacio, pero antes de abrir regresé a darle un beso corto y obediente.
—Espérame aquí —susurré—. Vuelvo contigo.
Recibí la bandeja y regresé sin distancia, sentándome a su lado, pegada a su cuerpo. Serví el café primero para él, con cuidado.
—Prueba —le dije, acercando la taza a sus labios.
Él tomó un sorbo sin apartar la mirada de mí.
—Así está mejor.
Sonreí satisfecha y tomé un trozo de fruta, llevándolo a su boca.
—Para que tengas fuerzas… —susurré con ternura y coquetería.
Luego me quedé quieta cuando él tomó otro trozo y lo acercó a mis labios.
—Ábrelo.
Obedecí mirándolo desde abajo con una mezcla de amor y deseo.
—Buena chica —dijo con esa calma dominante que lo caracterizaba.
Sentí un leve estremecimiento y apoyé mi cabeza en su hombro.
—Me gusta cuando me hablas así… —confesé—. Me haces sentir cuidada.
Y yo me acomodé más cerca, abrazándolo con suavidad, comportándome como su mujer, dulce y entregada.
Después del desayuno me dejé caer en la cama, pero enseguida estiré los brazos hacia él, con una necesidad casi infantil.
—Ven… no te quedes lejos —murmuré melosa—. Me siento vacía si no estás encima mío. Me tienes loquita por ti. —TE AMO… —me ruborice al decirlo.
—YO TAMBIEN TE AMO MI CHIQUITA
Nuestros cuerpos se fundieron en un abrazo cada vez más intenso, entre susurros, caricias y besos lentos. Yo me retorcía de deseo.
Entre sábanas revueltas nos perdimos otra vez, con risas, gemidos apagados, mordidas juguetonas y susurros de amor.
Al final, exhausta, me acurruqué en su pecho, besándolo despacio, completamente entregada, melosa y enamorada… feliz de pertenecerle y de saberlo mío también.

🚿 En la ducha

Él tomó mi mano con firmeza y me llevó al baño.
—Ven, vamos a ducharnos.
Sonreí, ya sin resistencia, pegándome a su brazo.
—Si es contigo… voy a donde quieras.
El vapor comenzó a envolvernos. Cuando el agua caliente cayó sobre nuestra piel, cerré los ojos y suspiré profundo.
—Mmm… me encanta estar así contigo… —murmuré, dejando que el agua resbalara por mi cuello.
Él se colocó detrás de mí, abrazándome por la cintura, firme, dominante.
—Mmm… qué rico… —susurré sin querer.
Mis manos bajaron despacio por su torso, con deseo abierto, no era para nada tímida. Lo besé lento, profundo, dejando que el agua mezclara con mis suspiros.
—No me sueltes… —pedí, aferrándome a su espalda—. Cuando te tengo cerca me vuelvo loca por ti.
Él respondió con besos más intensos, marcando el ritmo, llevándome contra la pared fría mientras el agua caliente seguía cayendo sobre nosotros.
—Te quiero a ti… completo… fuerte… rudo… —susurré junto a sus labios—. Me haces sentir viva.
Entre el vapor y el murmullo del agua, volvimos a encontrarnos con pasión contenida pero ardiente, piel contra piel, abrazos apretados y besos largos que parecían no tener final.
—Esteban me hizo arrodillar ante él y empecé a besar su descomunal penesote.
Después Esteban me levanto y me giro dándole la espalda y empezó a penetrarme con furia, era un salvaje mi hombre.
Aaaaaamooooor… así así… ayayayayyy!!.. aayyy!.. meeee mataaaasss!! ajhm ajhmmmm..
AY MI AMOR AAAAY!!! ASIIIII!!! ASI ASIASI!! AJHMM ASII!!, SIII!! SII SI SI! TUYA!!… TUYA TUYA!!,, AAAAAAAAAAAAJHM AY AY
—Mis gritos de desesperación se escuchaban por todo el hotel que vergüenza.
AAAAAAHHJ!! AAAH!!!! Ah!!! AH! AH! AH! AH! Así ESTEBAN COMEME ESTEBAN ASI ASI ASI SI SIIIII ESTEBAN AYYYYY AAAAAY!! PREÑAME PREÑAME PREÑAME MI AMOR TODA TODA ¡!!
—No se dé donde le salía tanta leche a mi amor que me seguía inundando, yo ya tenía litros de semen guardados en mis entrañas o era que ya me había embarazado.
Cuando terminamos, lo miré con los ojos vidriosos.
—No quiero salir de aquí nunca le dije llorando.
Él me sostuvo con esa firmeza tranquila que lo definía.
Y yo, completamente entregada, me quedé aferrada a él, caliente, enamorada y feliz de pertenecerle a este Hombre.

🚖 Salida del hotel

Yo iba tomada de su mano, pero con la mirada baja. Me sentía feliz y triste al mismo tiempo.
—¿Ya está? —pregunté con un puchero, mientras él pagaba la cuenta.
—¿Qué cosa? —me sonrió.
—Que ya se acabó nuestra burbuja. Afuera todo vuelve a ser real.
—Shhh… —me apretó la mano—. Afuera también es real lo que siento por ti.
—No digas eso — te voy a extrañar…soy débil…
—¿Y acaso no eres la más fuerte cuando me enfrentas con tus berrinches?
Lo miré de reojo y me reí bajito.
—Tonto…
Cuando salimos, el aire fresco de la calle me golpeó. Sentí miedo. ¿Y si alguien nos veía? ¿Y si me preguntaban dónde estuve?

—No te escondas. Camina conmigo —susurró firme a mi oído.
Lo miré, con miedo y amor mezclados, y esta vez no solté su mano.
—No me sueltes tú… —murmuré bajito—. Contigo no me asusta nada.
Él me sostuvo más cerca, protector.
—Entonces deja que te vean conmigo.
Bajé la mirada, sonriendo roja de amor.

🚗 Camino a casa

El taxi avanzaba lento y yo no soltaba su mano. La apretaba como si en cualquier momento fuera a desaparecer. Miraba nuestro reflejo en la ventana y sentía un miedo absurdo crecer en el pecho.
—Por qué tan callada —con ese tono firme que lo caracterizaba.
Bajé la mirada.
—Estoy pensando… en que seguro de aquí cuando me dejes en mi casa te vas a olvidar de mi quizás tengas otras mujeres…
Su mandíbula se tensó.
—Mírame.
Obedecí al instante.
—¿Crees que necesito a otra cuando te tengo a ti así? —su voz era grave, casi brusca.
Mis dedos se aferraron más fuerte a su camisa.
—Es que… me pongo celosa de todo. No soporto imaginarte lejos de mí. Siento que sin ti me quedo vacía… —susurré, vulnerable—. No quiero que nadie te toque, ni que te hable bonito.
Él acercó su rostro al mío, dominante.
—Soy yo el que decide con quién está. Y estoy contigo.
—Pero tú eres fuerte… seguro… cualquier chica se interesaría en ti… —mi voz tembló—. Yo en cambio yo soy insegura tímida antisocial, solo sé quererte a ti.
Su mano firme tomó mi mentón.
—Y así te quiero como eres.
Tragué saliva, asustada y enamorada al mismo tiempo.
—No me dejes… —murmuré—. Si algún día te cansas de mí, dímelo de frente… pero no me cambies por otra.
Él me acercó de golpe contra su pecho.
—No hables tonterías. Cuando algo es mío, lo cuido.
Mi corazón latió con fuerza ante esa posesividad ruda que, lejos de asustarme, me hacía sentir protegida.
Apoyé la cabeza en su hombro.
—Entonces no me sueltes… porque yo sí soy tuya. Y soy celosa… y miedosa… pero te amo demasiado.
El taxi siguió avanzando, y yo no dejé de abrazarlo, como si aferrarme a él fuera la única forma de sentirme segura.

🏠 Llegada a casa

El taxi se detuvo frente a mi casa. Me quedé en silencio, mirando mis manos.
—Ya llegamos —me dijo suavemente.
—No quiero bajar.
—¿Por qué?
—Porque si bajo… ya no estás conmigo.
—Mira tu celular esta noche. Estaré allí.
Lo miré con lágrimas en los ojos.
—Te Amo…
Él me besó la frente y luego los labios, lento, profundo.
—Soy tuyo chiquita.
Bajé, cerrando la puerta despacio. Desde la ventana del taxi me miraba como si aún me acariciara con los ojos.

📱 Diálogos por celular

Yo: —¿Llegaste bien, mi amor?
Él: —Sí. Pero mi corazón se quedó contigo.
Yo: —. Me haces suspirar como tonta.
Yo: —Me pongo celosa de imaginar que alguien más pueda escribirte así.
Él: —Nadie me interesa.
Yo: —No puedo sacarte de mi mente… todo el día te pienso. En tu voz, en tus manos… en cómo me miras.
Él: —¿Y qué más piensas?
Yo: —Que soy tuya… aunque me asuste admitirlo. Que me da miedo quererte tanto… porque siento que dependo de ti.
Él: —¿Te da miedo amarme?
Yo: —Sí… porque si un día te vas, me rompes. Y no sabría cómo volver a ser la misma.
Él: —No me voy a ir.
Yo: — Prométeme que no vas a cambiarme por nadie. Me pongo celosa hasta de las sombras que te rodean.
Él: —Eres la única ya eres mi novia.
Yo: —…
Me quedé abrazando el celular contra mi pecho, llorando y sonriendo al mismo tiempo.
Yo: —Entonces cuídame… porque soy tu novia… y soy toda tuya. Pero no me sueltes, ¿sí? Porque te amo más de lo que debería… y me tienes completamente en tus manos.
El: —Mira te manda saludos: y me mando una foto de su miembro de 21cm que lucía descomunal imponente… “que me hizo ruborizar y estremecer desde mis piecitos hasta mis cabellos, mientras me mordía los labios…”
Yo: —Hay Esteban… estaba siendo romántica… BRUTO… ERES TÍPICO MACHO CREIDO…
El: —JAJAJA y me mando otra foto en otro Angulo.
Yo: —Amor como pudiste introducirme esa cosota dentro de mi eres un abusivo conmigo, yo soy chiquitita apenas mido 1.50 cm y peso 58kl y tú eres un gigante de 1.89 cm y pesas más de 100kl
El: —JAJAJA por eso eres la indicada aguantaste bien mis 21 cm de carne, eres maravillosa mi princesa.
Yo: —Malooo… jum jum jum…te extraño mí amor.
El: —JAJAJA yo también te extraño chiquita.
Y así fue como entendí que ya no podía seguir huyendo de mí misma, dejé de luchar contra lo evidente.
Empezamos siendo enamorados, con esa mezcla de nervios y pasión que nos consumía. Luego dimos el paso más grande: nos fuimos a vivir juntos. Le mentí a mi mamá, le dije que me independizaba para ser responsable, para crecer… y en parte era verdad. Estaba creciendo, pero también estaba apostando por el amor.
Seguí estudiando. No abandoné mis sueños. Terminé mi carrera con él a mi lado, apoyándome.
Hoy vivo feliz con Esteban.
Él es mi marido.
Y yo soy su mujer.

Te paso mi tiktok: entre.lineas.trans

@entre.lineas.trans

[email protected]

¿Que te ha parecido este relato?

¡Haz clic en una estrella para puntuarlo!

Promedio de puntuación 0 / 5. Recuento de votos: 0

Hasta ahora, ¡no hay votos!. Sé el primero en puntuar este relato.

Deja un comentario

También te puede interesar

[Relato Trans] - "La chica del Casino y el precio de mi silencio"

anonimo

08/09/2022

[Relato Trans] - "La chica del Casino y el precio de mi silencio"

Por fin

anonimo

14/04/2013

Por fin

( cayo)Ale mi amiga trans

anonimo

27/11/2013

( cayo)Ale mi amiga trans
Scroll al inicio