LA FIESTA DE HALLOWEEN FUE MI CONDENA III – LA TORTURA
Noches de tortura:
Desde aquella noche no pude volver a dormir tranquila, sabía que después mi conciencia me torturaría. Cerraba los ojos y lo veía sobre mí, dominándome, arrancándome gemidos que aún me hacían temblar. Me odiaba por recordarlo, y al mismo tiempo mi cuerpo ardía solo de pensar en él.
Mis días eran un martirio, me torturaba a mí misma me repetía una y otra vez que debía olvidarlo, que nunca más debía dejarme arrastrar por él, lloraba de impotencia en mi cama, me decía que era una locura, que debía olvidarlo… pero al mismo tiempo, cada recuerdo me erizaba la piel y me hacía morderme los labios de deseo me excitaba recordando sus manos, su voz, su dominio, su hombría, su masculinidad de 19 cm.
El primer mensaje llegó tres noches después:
—“Como sigue ese rico culito princesa” extrañas mi pinga verdad … Y entonces estallé.
Lo leí con rabia y temblor. No soportaba que tuviera razón. Lo llamé de inmediato.
—¿Cómo te atreves a escribirme? —le reclamé con la voz quebrada—. ¡Eres un desgraciado! ¡Te odio! ¡Lo que hiciste no tiene perdón! No quiero volver a verte nunca más en mí vida, ¿entiendes?
—¿Me odias? —contestó con ese tono arrogante—. Pero igual me llamaste…sabes que me deseas. lo niegas, pero tu cuerpo no miente.”
—¡Si te llame fue porque quería dejarte claro que no quiero saber nada de ti! ¡Nada! ¡Y ya cállate! ¡No me busques más!
Colgué con el corazón a mil, convencida de haber cerrado esa puerta. Me sentí fuerte un instante, pero a los minutos ya lloraba como niña.
Pasaron los días… y el silencio me mataba. No me escribía. No me llamaba. Me descubrí esperando un mensaje que nunca llegaba me mordía las uñas, caminaba de un lado a otro Hasta que no aguanté más y fui yo quien le escribió:
—Hola… ¿cómo estás? —le envié, con el corazón latiendo a mil.
Su risa me atravesó la pantalla.
—“Sabía que volverías. Eres mía.”
—¡No soy tuya! ¡Ni lo seré jamás! —contesté dando un grito, pero con voz quebrada, como una chiquilla caprichosa que patalea aunque en el fondo desea que la abracen.
—“Ya veremos…”
—Fue un error escribirte, adiós —intenté sonar firme, aunque hacía pucheros frente a la pantalla.
—Jajaja, tan caprichosa como siempre.
Me sentí débil, humillada. Pero él solo río al otro lado de la pantalla.
—“Nos veremos otra vez, lo sabes.”
—Eres un tonto, poco hombre, ¡Patan! —le contesté haciendo pucheros, como una niña caprichosa, odiando mi propia actitud femenina con él.
Lo odiaba… pero también lo necesitaba.
🌙 La Discoteca
El fin de semana quería distraerme y olvidar por un momento así que salí con mis amigas de la universidad a una discoteca. El ambiente era euforia pura, luces, música y alcohol. Pero allí estaba él. Alto, imponente, bailando con una chica y riéndose, sus manos en su cintura.
—“¡No puede ser!” —susurre
Sentí celos como nunca antes. Me ardía la sangre mientras lo veía besarle el cuello a ella. Mis amigas notaron mi incomodidad, pero yo fingí que todo estaba bien. Entonces él me miró directamente con su sonrisa soberbia y burlona clavada en mí… como si disfrutara de mi tormento como sabiendo lo que yo sentía.
—Amigo… ¿ese tipo te conoce por qué no para de mirarte? —susurró Carla en mi oído.
—No… —contesté molesta, fingiendo indiferencia.
—Uy, pero está guapísimo. Y cómo baila… —añadió Paola, riéndose.
—¡Cállense! No hablen de él, no ven que tiene novia —repliqué cruzándome de brazos, con cara de niña celosa.
Mis amigas estaban conmigo, felices, bailando. Pero yo solo lo veía a él… y peor aún, viéndolo con otra.
Yo fingía indiferencia, pero por dentro hervía: ¡Es mío!, gritaba mi interior, aunque por fuera apretaba la copa con rabia. Disimulaba que no me importaba, pero claro que me importaba. Me ardía verlo besarle el cuello a esa mujer.
Más tarde se me acercó.
—“Estás hermosa esta noche.” —susurró cerca de mi oído.
—Fruncí el ceño ¡No me hables! —le contesté molesta, intentando ocultar mis celos.
—“Tus ojos dicen otra cosa…”
—“¡Vete! Que haces acá no ves que estoy con mis amigas. Tú sigue con tu noviecita y no me molestes que no te soporto. Gritándole molesta.
—“JAJAJA, estas así por ella, tranquila ella es solo una amiga, a mí la que me gusta eres tú.
— MENTIROSO… TE VI BESANDOLA NO MIENTAS MENTIROSO.
— JAJAJA ESTAS CELOSA JAJAJA…
— Celosa yo por favor ya quisieras…ya no me molestes y anda con tu novia, amiga, perra lo que sea y no me vuelvas hablar…¿No ves que no quiero hablar contigo?” —¡Déjame en paz! mis mejillas ardían.
Me alejé fingiendo seguridad, refugiándome en mis amigas. Pero más tarde cuando lo vi solo en un rincón, no pude resistirme y me acerqué con ironía.
—¿Y tu amiguita? ¿Ya se cansó de ti? —le dije con burla hiriente.
Él me miró, sonrió… — y de pronto me tomo de la cintura y me robó un beso.
El beso fue un incendio. Mis labios le respondieron con hambre, hasta que reaccioné indignada y le di una cachetada.
—¡Eres un imbécil! ¡No me beses! —le grite con el corazón latiendo a mil.
Mi respiración estaba agitada, y él lo notó.
—“Tiembla tu voz… ¿o es tu cuerpo el que tiembla por mí?”
—¡Te odio, maldito! y me alejé, aunque mi cuerpo temblaba de deseo.
Mis amigas notaron mis gritos.
—¿Qué pasa preguntó Carla con cara de incertidumbre?
—Nada… este tipo creo que esta ya borracho —contesté roja.
—Ay amiga, esta guapísimo —rio Paola.
Yo solo bajé la cabeza, caprichosa, fingiendo enojo mientras mi corazón latía como loco.
Él no se rindió. Minutos después, apareció junto a mis amigas, como si nada. Se integró al grupo con naturalidad, haciendo chistes y ganándose su simpatía. Yo estaba incómoda… pero me encantaba tenerlo cerca y no verlo con esa otra tipa.
🏨 Mis amigas me dejaron sola:
Mis amigas se despidieron una por una ya estaban cansadas y ebrias:
—Yo ya me voy, estoy borrachísima —dijo una.
—Sí, yo también dijo otra y me dice vamos…
Yo le dije que terminando mi bebida y me iba que no se preocupen… y mis amigas le dijeron a él… cuídalo, ¿sí?
Él le respondió no se preocupen conmigo está en buenas manos…vallan tranquilas
Yo hice un puchero: —¡No necesito que me cuiden! ¡Soy grande!
Ellas rieron y se fueron, dejándonos solos. me crucé de brazos fingiendo desdén y lo miré con reproche:
—¿Ves? ¡Ahora me dejaste atrapada contigo, pero no es porque yo quiera, es porque ellas se fueron!
Él rió y acercó su mano a mi mejilla.
—Admítelo… querías que se fueran.
—Ya vete, no quiero hablar contigo. “en mi mente temía que se fuera”
—¿De verdad? Porque no parece que quieras que me vaya.
—A ish ¡Eres insoportable! —resoplé, —No debiste acercarte.
—“Lo hice porque sé que me deseas.”
—No seas ridículo… dije riendo
—“Entonces, ¿por qué tiemblas cuando me miras?”
—“¡Cállate! Eres un aprovechado.” Te aprovechas que soy pequeñito indefenso y tú eres un grandote bruto. Té odio por eso. Le decía mientras hacia un berrinche de niña engreída.
—Te ves hermosa asiendo tus berrinches
—¡No! ¡Mentira! ¡Eres un arrogante! —dije golpeándole el pecho, pero mi voz se quebraba.
Y en mi mente gritaba:
«No lo mires, no lo beses, no lo toques… ¡pero ¡cómo me tiembla el cuerpo cuando se acerca!»
El resto de la noche se volvió un vaivén de risas, reproches y besos arrebatados. Yo lloriqueaba entre caricias:
—¡Eres un malo… un tonto! ¡Te odio!
Y él me susurraba con voz grave:
—Dímelo mientras me abrazas más fuerte…
Después hubo un silencio cargado de lo inevitable. Me miró fijamente, y esta vez no resistí: y fui yo quien lo beso.
🏨 Hotel
Fue entonces cuando nos besamos otra vez. Esta vez no hubo cachetada ni rechazo sino ternura mezclada con pasión entre besos lentos, palabras dulces en mi oído, sus manos recorriendo mi cintura y mis caderas terminando en el hotel más cercano del lugar.
En un momento recobré el sentido y lo enfrenté dudosa:
—¡Ya basta! —dije empujándolo suavemente—. No debí venir contigo aquí…¡Eres lo peor que me ha pasado!
—Pero viniste —respondió él, acercando su frente a la mía.
—¡Porque me obligaste!
—¿En serio? —me tomó la mano y la llevó a su pene que estaba todo grandote y duro—. Dime que no lo quieres sentir…
—Yo… yo no quiero nada —balbuceé con un puchero, mientras mis ojos brillaban con lágrimas.
—Mientes tan bonito… —susurró rozando mis labios.
—¡No me beses! —grité, pero cuando lo hizo, gemí bajito—. N-no…—¡No me toques! ¡No quiero! —dije mientras mis manos buscaban las suyas.
—Dilo otra vez —dijo con voz grave, sujetándome la cintura.
El beso me robó el aliento. Entre protestas y súplicas, mis labios cedieron.
—No… no quiero… —susurraba con los ojos cerrados. —“No debería… pero me haces sentir viva.”- No que estoy haciendo, lo nuestro no puede ser.
—“Dilo mirándome a los ojos.”
—Yo… —me quedé muda, temblando.
Y me rendí. Sus labios bajaron por mi cuello. Cerré los ojos, un gemido escapó de mi boca. —No… no… —musité débilmente, mordiéndome los labios. —Te odio… —susurré, escondiendo mi rostro en su cuello—. Te odio…
—¿Así odias siempre? —rió contra mi piel.
—¡Cállate! —repliqué con berrinche, pero ya lo abrazaba.
Nos desnudamos entre besos, risas y mis caprichosos intentos de empujarlo, me quede solo en tanguita.
—¡No me mires así! —protestaba tapándome el rostro.
—“Eres hermosa… eres mia.”
—¡No soy tuya! —y lo besé con rabia, como si con mi boca pudiera negarlo.
Esteban me tomo del cabello y me hizo voltear a verle yo estaba disfrutando enormemente cerraba los ojos para concentrarme en ese majestuoso tremendo trozo de carne, me dijo que no podía más que quería estar dentro de mí me gire sobre la cama quedando boca arriba Levante una de mis piernas para retirar la tanga movimiento que el aprovecho para incorporarse jalarme a la orilla de la cama y poner mis piernas sobre sus hombros y penetrarme no le costó mucho trabajo ya estaba muy caliente y mi culo acepto rápidamente lo largo y grueso de su miembro…
sentía sus aceleradas enbestidas, así que de inmediato baje mis entumidas piernas y me coloque en 4 ofreciendo a mi hombre mis nalgas en todo su esplendor el de inmediato me tomo de las caderas penetrándome ferozmente, él era un depredador y yo su presa… mmmm me encantaba sentir aquello dentro de mí me daba nalgadas y alababa mis nalgas decía que era su puta y que le pertenecía que sería siempre su mujer yo meneaba mis caderas en forma circular y respondía sus frases con gemidos de placer y pidiendo más y mas no sé cuánto tiempo habría pasado yo ya me había corrido en un orgasmos que me dejo en trance y él no tenía para cuando disminuyo un poco su ritmo pero aún tenía su verga totalmente erecta me colgué y lo jale a la cama me pare en la orilla de esta y ahora era yo la que me ensartaba en esa estaca que me brindaba tanto placer entraba en mí una y otra vez el me agarraba de las nalgas apoyando y empujando al mismo ritmo estábamos fundidos en un solo cuerpo el pidió que fuera yo quien me acostara de nuevo así lo hice levanto de nuevo mis piernas sobre sus hombros y de inmediato metió su tranca dentro de mi esta vez con más fuerza yo gritaba de placer estaba convertida en una zorra le pedía que no parara aun sin tener una erección plena en mi micro pene comencé a correrme de nuevo el apretaba mis nalgas como síntoma que se correría muy pronto la saco y me dijo en tono de broma que no quería dejarme embarazada en ese momento caí en la cuenta que había sido tal mi calentura que no le había puesto el condón.
Ya esto no me importaba y le pedí que la metiera que quería sentir dentro de mí lo que tenía guardado y seguí su juego diciéndole que quería ser la madre de sus hijas que tendríamos dos nenitas como yo. Esteban sabia como complacer a una mujer, dentro de mi podía sentir cada detalle de su miembro, como palpitaba cuando sentí en mis entrañas los chorros de semen de mi macho.
Mi hombre se estremecía y apretaba mis piernas fuertemente, yo le dije que lo amaba que era maravilloso que no lo dejaría, que sería su mujer:
Aay ay ajm ay mi amor!”!! nuuunca meee dejeeees!!! Ay ayyy ayyy, amooooor…aasiiii!°… teeee amooooo…ay ay sii mi amor aaayy!!! Essss…teeee…baaan ¡!! Aayyy amoooor!! Aaj,mm…. aaaajjjjmmmmmMmmm!°!°!!!! que grandota mi amor!!! Ay ayyy me vas aaa preñar!!! AY ME ESTÁS PARTIENDO ESTEBAN!! AYY!!! QUE RICOO
Como lo estaba disfrutando era una golosa baje mis piernas él se recostó rendido junto a mi comencé a sentir como escurría su semen entre mis nalgas voltee para mirarlo estaba rendido y agotado había durado mucho o así me parecía su miembro comenzó a disminuir su erección pero igual se veía enorme yo diriji mi boca hacia él y comencé a limpiar con mi lengua los rastros de semen que aún quedaban me encantaba ese sabor, Esteban me tomo de la barbilla y me jalo hacia el quedamos frente a frente nos besamos tiernamente y quedamos abrazados yo quede sobre su pecho me decía que le encanto que tenía un culaso muy rico que era muy bonita que le gustaba mucho que fuera una chica diferente.
Yo besaba su pecho y el reía tiernamente me jalo haca él y nos besamos nuevamente con besos chiquitos y tiernos era un lenguaje diferente me abrazaba ya no con esa intensidad de hacia un momento me sentía protegida frágil y femenina era toda una mujer me gustaba sentirme así las palabras no eran necesarias los cuerpos hablaban con besos y caricias se escuchaba la lluvia y el ruido de los carros afuera un fuerte trueno provoco que me abrazara a el fuertemente (no era para tanto era solo un trueno) pero el me hacía sentirme vulnerable él sonrió y dijo te dan miedo los truenos…
—¡Siiii! —exclamé, cubriéndome la boca con la mano, temblando contra su pecho.
—Tranquila… —dijo él, abrazándome fuerte—. ahora eres mía yo te protejo.
—Yo me aferraba fuete a él… —entre sollozos, lágrimas y besos.
—¡Te quiero y le rasguñé la espalda, mientras mi cuerpo se arqueaba buscando más!
Hicimos nuevamente el amor con como si nuestras vidas dependieran de ello, con gritos ahogados entre las sábanas.
La madrugada nos sorprendió enredados.
Me besó la frente con ternura. —“Ya eres mía para siempre.”
—No… no… —susurré como niña, escondiendo el rostro en su pecho… Ya estaba entrando en razón nuevamente, como si mi conciencia me estuviera regañando por lo que había hecho.
—No me mires —le dije tapándome la cara con las manos.
—¿Por qué? Estás preciosa así, despeinada y enrojecida.
—¡Cállate! Esto no debió pasar…
—¿Quieres que me calle o que te vuelva a besar?
—¡Ninguna! Ya basta…—¡Ya no quiero más! —dije, dándole la espalda.
—Esteban me abrazaba tiernamente.
—No quiero que me abraces.
—¿Y por qué sigues pegada a mi cuerpo?
—… Porque tengo frío.
—Ajá… ¿frío o miedo a perderme?
—Eres un engreído.
—Y tú una caprichosa que me vuelve loco.
—No digas eso…
—¿Por qué?
—Porque me confunde… y me da rabia que tengas razón.
Rodeada por sus brazos fuertes donde mis reproches se mezclaron con sus caricias. “Te odio”, le decía, mientras Esteban me volteaba para que se lo dijera en a cara, yo no pude más y lo bese con furia. “Eres malo”, murmuraba entre risas y suspiros, solo para caer una vez más en su juego. Hicimos el amor de nuevo, más lento, más íntimo hasta quedar dormida en su pecho, sintiendo su respiración lenta. En el fondo, no quería que amaneciera.


Deja un comentario
Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.