octubre 19, 2025

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La apuesta que me costó caro

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La cosa empezó como un juego estúpido, parce. Yo soy Sergio, tengo 29 años y estoy casado con María hace 5 años. Ella es una belleza, de esas morenas con un culo que no te cabe en las manos y unas tetas que parecen de revista. Desde hace como un año me entró el vicio de subir fotos de ella a grupos de Telegram, fotos que le tomo cuando duerme o cuando se está bañando, siempre sin que ella se dé cuenta. Me prendía saber que otros tipos se jalaban la pija viendo a mi mujer.

Entré en un grupo de un juego de dados que se llama «Dados Calientes», donde la gente apuesta desde dinero hasta fotos de sus mujeres. Una noche, estando cura, aposté el número de María. Perdí, obvio, y le tuve que pasar su contacto a un man que se hace llamar «El Jefe». Al principio no pasó nada, el tipo solo le mandó un «hola» y María lo bloqueó, así que pensé que ahí quedaba la cosa.

Pero el muy hijueputa era persistente. Me empezó a escribir a mí, preguntándome de todo sobre María: qué le gustaba en la cama, si era celosa, si le gustaba que le dieran duro. Yo, como un imbecil, le contaba todo. Le decía que a María le encanta que le den por el culo, que grita como loca cuando se viene, hasta le conté que tenemos un juego donde yo la grabo cuando cogemos y después vemos los videos juntos. El tipo se hacía mi compinche, me decía que qué suerte tenía, que ojalá tener una mujer así.

Pasaron como dos semanas y una noche María me dijo que iba a salir con sus amigas del trabajo. Se vistió super sexy, con un vestido que se le marcaba todo y se fue. Yo me quedé en casa viendo fútbol y jalándomela con las fotos que le había tomado el día anterior, cuando se estaba probando ropa interior nueva.

Al rato me llegó un mensaje de «El Jefe». Era un video. Lo abrí y casi se me sale el corazón por la boca. Ahí estaba María, en lo que parecía un motel, de rodillas con la boca llena de verga. No era mi verga, era la de él, más grande y más oscura. María la chupaba como nunca me la había chupado a mí, con unas ganas que no le conocía, metiéndosela hasta la garganta y ahogándose. Después el video mostraba cómo se la cogía por detrás, agarrándola del pelo y dándole tan fuerte que las nalgas le retumbaban. María gritaba «sí, papi, dame más duro, rompeme el culo» y cosas así que jamás me había dicho a mí.

El hijueputa me escribió: «Ve? Tu mujer es una puta y ni sabías. Si le dices algo, le muestro todos nuestros chats donde tú me pasaste fotos de ella sin que supiera». Me mandó más videos. En uno, María se viene en su boca y se traga toda su leche. En otro, le está dando por el culo y le pide que le eche la leche adentro. Parce, yo no sabía si correr a vomitar o seguir viendo, porque a pesar de todo, se me estaba poniendo dura la pija.

María llegó como a las 3 de la mañana, oliendo a trago y a sexo. Se metió a la ducha y yo revisé su teléfono. Encontré los chats con él. Él le había escrito desde un número diferente, diciéndole que era un amigo mío del trabajo y que yo le había dado su número para que salieran porque a mí me excitaba compartirla. Le mostró fotos que yo le había pasado, fotos íntimas, para «probarlo». María, en vez de enojarse, se excitó. En los chats le decía que siempre había querido que otro hombre la cogiera, pero que yo era muy celoso.

Ahora no sé qué hacer, parce. Cada vez que miro a María, me acuerdo del video de ella con la boca llena de otra verga, gimiendo como nunca lo hace conmigo. Anoche incluso cogimos y por primera vez no pude venirme, porque solo podía pensar en cómo se venía con él. Ella se dio cuenta y me preguntó qué me pasaba, y yo no pude decirle nada.

Lo peor es que «El Jefe» sigue escribiéndome. Me manda más videos y fotos de ellos cogiendo. Ayer me escribió: «Tu mujer me pidió que la grabe otra vez. Dice que conmigo se siente más mujer». Y adjuntó una foto de María sonriente, acostada en su pecho, con moretones en las tetas que él le dejó.

No sé cómo sentirme. Por un lado, me hierve la sangre de rabia. Por otro, no puedo negar que ver esos videos me prende. Anoche me puse a verlos otra vez y me jalé la pija hasta venirme, imaginando que era yo el que se la estaba dando así de duro. María me pilló y me preguntó qué veía, y yo le dije que era porno normal. Ella se rió y dijo «conmigo no te basta?» y no supe qué responder.

Ahora cada vez que María sale, no sé si realmente va con sus amigas o con él. Reviso su teléfono a escondidas y veo que siguen hablando. Él le manda regalos, le paga el salon de belleza, cosas que yo no puedo pagarle. Y ella le escribe «mi amor» y «papi».

La cagué, parce. La cagué desde el momento en que aposté el número de mi mujer por un juego estúpido. Y ahora no sé si confrontarla, denunciar al tipo, o simplemente aceptar que mi esposa es ahora la puta de otro, y que yo tengo la culpa por haberla exhibido como un trofeo. Lo único seguro es que ya nada volverá a ser igual en mi matrimonio. Y lo más jodido es que a veces, cuando me toco viendo los videos de ellos, me prende más que cualquier otra cosa.

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