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Hoy me fui al cine a que tener sexo con hombres
Vi en la cartelera que a las 14,20 proyectaban «El brutalista». Me pareció bien. Necesitaba sexo duro y seguro que irían algunos hombres solos. La verdad es que entré al cine con una idea fija en la cabeza: divertirme, pero no con la película. Me había puesto una falda corta, sin ropa interior, y una blusa con los primeros botones sueltos. Sabía exactamente lo que hacía. Me dirigí al fondo de la sala y me deslicé hasta el asiento del medio y esperé a que el cine se oscureciera. No pasó mucho tiempo antes de que dos hombres ocuparan los asientos cercanos a mi lado.
Me mordí el labio y dejé que mis dedos jugaran con los botones de mi blusa, desabrochándolos lentamente hasta que mis pechos quedaron a la vista. Fingí abanicarme con la mano, como si tuviera calor, pero la verdad es que solo quería ver sus reacciones. Y vaya que lo hicieron. Noté sus miradas clavadas en mi piel, la tensión en sus respiraciones. A los pocos minutos uno y otro se acercaron a los asientos contiguos. Me incliné un poco hacia el de la derecha, rozando su brazo con mi pecho desnudo. Luego, giré hacia el otro y subí un poco la falda, dejándoles claro que no llevaba nada debajo.
No hizo falta más. Una mano fuerte se deslizó por mi muslo, acariciando la piel caliente. Un escalofrío me recorrió la espalda cuando la otra mano, del otro lado, trazó un camino hasta mi cuello, atrayéndome hacia unos labios ansiosos. Me besaron con hambre, sus lenguas explorando cada rincón de mi boca mientras sus manos no dejaban de recorrerme. Sus dedos encontraron mi centro, húmedo, preparado, y comenzaron a jugar con él, provocándome gemidos que tuve que sofocar mordiéndome los labios.
No pasó mucho tiempo antes de que uno de ellos me hiciera inclinarme un poco más, sus manos aferrándose a mis caderas mientras se deslizaba dentro de mí. Al mismo tiempo, el otro atrapaba mi cuello entre sus dientes, besándome, mordiéndome, mientras sus dedos seguían explorándome sin descanso. Me sentía atrapada entre ellos, deseada, devorada. Uno de ellos me puso de rodillas y me introdujo todo su miembros en mi boca, hasta la garganta. No era muy gorda ni larga, mediana, pero estaba durísima y la disfrute. Mientras el otro, agachado me introducía sus dedos en mi vagina y los batía dentro de ella. Dios qué gusto sentí. En un momento dado, al que le estaba mamando la polla me levantó, me dio la vuelta, me agacho la cabeza y me penetró duro. El otro aprovecho para sentarse y ponerme su polla (más grande que el anterior) en mi boca. La chupe con ganas. Cada embestida me llevaba más alto, más rápido, hasta que no pude contenerme más y me dejé ir, estremeciéndome entre ellos. No tardaron en seguirme, jadeantes, derramando toda su leche sobre mis pechos desnudos. Me la extendí sobre ellos y sobre mis durísimos pezones, me encanta la textura que tiene el semen.
Sudorosa y con una sonrisa traviesa, me abotoné la blusa, bajé la falda y me acomodé en el asiento como si nada hubiera pasado. La película aún no había llegado a la mitad. Pero para mí, lo mejor de la tarde ya había sucedido, así que me levanté y salí del cine, directa a casa para ducharme y escribiros este comentario. ¿Alguno de ustedes le gusta ir al cine a mediodía? ¿Alguno desea que nos encontremos la semana que viene?


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