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septiembre 6, 2025

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Historia de amor entre madre e hijo (01)

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Historia de amor entre madre e hijo

Capítulo 1

Dura como una piedra

La historia que les voy a relatar sucedió hace unos cuantos años. Mi madre es soltera, no sé por qué motivo no se ha casado, se lo tengo que preguntar algún día. Cuando tenía 18 años, tuvo un desliz con un chico y a raíz de este encuentro nací yo. El chico con quien salía no quiso saber nada ni los padres tampoco.

Los padres de mi madre quisieron que tuviese el crío, años más tarde los padres de mi madre murieron en un fatal accidente de coche quedándose mi madre sola conmigo, pero sus padres la dejaron en una situación económica bastante cómoda, diría que muy cómoda, de modo que mi madre no necesitaba trabajar. Hace unos meses es cuando empezó todo.

Habíamos terminado de desayunar.

– Me voy a duchar, cariño.

– De acuerdo mama.

Pasados unos minutos, mi madre me estaba llamando desde el baño.

– Cariño, me he dejado la toalla en la habitación. ¿Me la puedes traer, por favor?

– Ahora mismo te la traigo.

Fui a buscar la toalla a su habitación, la tenía encima de la cama junto con la lencería que tenía que ponerse.

– ¿Te la dejo en la puerta de acuerdo?

– ¿Si yo voy a buscarla, pondré agua por todo? Entra y dámela.

– Toma.

– Gracias cariño.

Mientras le daba la toalla, vi la silueta de mi madre a través de la cortina de la ducha. Es opaca, pero se ve bastante la persona que hay dentro. Era una silueta muy bonita, se le insinuaban los pechos, los tenía bastante grandes y muy bien puestos, su culo muy bien proporcionado, salí del baño con la polla como una piedra. ¿Qué me había pasado? ¿Por qué, viendo la silueta de mi madre a través de la cortina de la ducha, se me había puesto la polla tan dura?

Me fui a mi habitación a reflexionar en lo que me había pasado, la polla se me fue aflojando, pero no dejaba de pensar en mi madre en la ducha, cada vez que me venía la imagen en mi mente de mi madre la polla volvía a ponerse como una piedra, pasado unos minutos la polla volvió a su normalidad, es decir, se fue a dormir.

Pasados unos días este acontecimiento se me fue olvidando, pero vino otro que pasó de la siguiente manera: Estaba en mi habitación de pronto, oí la voz de mi madre que me estaba llamando.

– Ven un momento a mi habitación, por favor.

– Voy, mamá.

– La puerta estaba cerrada, llamé.

– ¡Entra cariño!

Estaba con unos pantalones vaqueros estrechos muy estrechos haciéndole una figura maravillosamente esbelta, unas piernas muy bonitas y porque no decirlo insinuando su chochete y un culo de infarto con unos tacones muy altos, no eran de aguja, sino un poquito más gruesos calcule de unos 10 o 12 centímetros. Estaba probándose unos sujetadores.

– ¿Te gustan los sujetadores nuevos, me sientan bien?

Me pregunto tocándose los pechos por encima de los sujetadores sensualmente con las yemas de los dedos.

– Sí, te sientan muy bien.

Siempre que se compra algo nuevo, quiere que yo le dé mi opinión.

Eran unos sujetadores blancos como la nieve, sin relleno (Mi madre no necesita relleno como es obvio, como he dicho, unas líneas más arriba está muy bien dotada). Semitransparentes con blondas realmente eran muy bonitos. Se le insinuaban las aureolas y los pezones y un canalillo de lo más bonito y sensual que debe ser por los grandes pechos que tiene. Siempre va enseñando el canalillo, le hace muy bonito. No le pregunté por las braguitas, pensé que era demasiado atrevimiento.

– ¿Quieres que te haga unas fotos? Estás muy guapa.

– Por supuesto, cariño.

– Ponte una de estas camisetas que tienes tan guapas.

– De acuerdo, pero primero quiero que me hagas unas sin camiseta.

– De acuerdo.

Le hice unas fotos sin camiseta, tan solo llevaba los vaqueros, los tacones y los sujetadores. Estaba muy hermosa. Seguidamente, se puso la camiseta, era blanca realzando todavía más sus grandes y hermosos pechos, estaba realmente muy guapa.

Volví a mi habitación, con la polla tiesa a punto de estallar para seguir con la lectura, pero, no podía concertarme. Pensaba en los pechos de mi madre, los tacones, los sujetadores y sus pantalones vaqueros de infarto y si llevaba las braguitas del mismo conjunto que los sujetadores.

Mientras estaba con estos pensamientos, sonó mi móvil. Era mi madre que me mandaba unas copias de las fotos que le terminaba de hacer; no me atreví a mirarlas porque si las volvía a ver, me iba a correr. La polla se me volvió a ponerse dura como una piedra, no se me bajaba la calentura, era la segunda vez en poco tiempo que se me ponía dura pensando con mi madre. Al cabo de unos minutos se me fue bajando la calentura, sintiéndome culpable de las erecciones tan fuertes que tenía, pero sin correrme ninguna vez.

¿Qué me estaba pasando? ¿Me gustaba mi madre? ¿Por qué me excitaba tanto? Otras veces me había pedido consejos sobre las cosas que se compran: tacones, lencería, ropa, pero esta vez era distinto. ¿Qué me estaba pasando? ¿Por qué no me corrí?

Continuará

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