Por

Anónimo

noviembre 11, 2012

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HIJA, MADRE Y ABUELA

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Hola a todos y todas.

Hace muchos meses que leo las historias de Vds. Y por fin de me decido a con una historia que le paso a mi familia.

Esto empezó cuando yo tenía unos 15 años. Vivía con mi madre, que tenía unos 55 y con mi abuela con casi 90 años en un pueblito muy pequeño y pobre de Bolivia. Como en casi toda Sudamérica, ni mi padre, ni mi abuelo quisieron saber nada de criar a sus hijos y las tres vivimos solas hasta que llego Daniel a nuestras vidas.

Cuando le conocimos el tenia unos 50 años y era un hombre viudo bien acomodado que pasaba sus vacaciones en una ONG de la zona. Sin entrar en detalles, se quedo prendado de mi madre, que no era una belleza, pero con unos pechos grandes y redondos, que le enamoraron. Se estuvieron viendo durante unos meses y eran la comidilla del pueblo.

Un día, después de comer, nos sentamos los cuatro a tomar mate y café. Yo no, claro. Y Daniel le dijo a mi madre:

– Mira Rosario, sabes que te adoro. Y que cuando tú quieras me casare contigo. Naturalmente iremos a vivir a mi hacienda, que esta en Brasil.

– Eres un cielo, yo también te quiero mucho, ya lo sabes, pero�.

– Ya se lo que me vas a decir. Por su puesto tanto tu hija como tu madre se vendrán a vivir con nosotros. Pero hay una condición que os tengo que poner a las tres.

– Por eso estate tranquilo, cariño, no te causaremos ningún trastorno. Ni te darás cuenta de que estamos allí.

– Al contrario, Rosario. Lo que deseo es darme mucha cuenta. Me explicare. La casa que he mandado construir mientras nos veíamos tiene un solo dormitorio, muy grande, pero solo uno.

– No entiendo.

– La condición que os pongo a las tres es dormir con vosotras en la misma cama. Es muy grande, hay sitio para todos. Y no solo quiero dormir con las tres. Quiero follaros a la tres. Y que me hagáis lo mismo.

Mi madre estaba estupefacta. Hacia meses que le conocía, pero jamás se habría imaginado eso. No tenía palabras. En cambio, mi abuela Natalia lo miraba con ojillos brillantes. Jamás se habría imaginado, a su edad, volver a tener sexo. Y menos con alguien tan joven. Mi madre miro a mi abuela y a Daniel de seguido. Si, dijo el con un gesto. Y después muy despacio, me miro a mí.

– Ella también?

– Si, pero solo cuando este preparada y me lo pida. Sino, no pienso tocarla.

Sonaba extraña tanta delicadeza de alguien que nos había hecho semejante propuesta. Pero cada uno tiene sus principios, eso lo he aprendido con el tiempo. No dijo que teníamos tiempo de pensarlo y hablar entre nosotras. Volvería a la semana siguiente a por la respuesta.

Mi madre y mi abuela se pasaron toda la semana discutiendo a cada ocasión. A mi nadie me pregunto, aunque Daniel me tenía fascinada. Guapo, rico, bien educado y nos trataba con cariño y respeto. Mi abuela estaba encantada con la propuesta. Iba a tener sexo después de más de 20 años. Y además viviría acomodada. Mi madre estaba como loca. Deseaba a Daniel, pero para ella sola, claro. Y no quería que me pusiera la mano encima. Por otra parte, irnos a vivir con él nos daría un futuro, sobre todo a mí. Y esto él lo sabia, claro.

Al final, llego el día y a regañadientes mi madre acepto por nosotras dos y mi abuela se puso las mejores galas para recibirle. Daniel no se dejo impresionar y le dijo sin preámbulos.

– Manuela, no necesitas llevar tantos abalorios. Prefiero ver tu cuerpo desnudo. Es mucho más deseable.

Creo, que mi pobre abuela se corrió solo de oír aquello. Pero al final salimos en dirección a la hacienda ese mismo día. Y cuando llegamos nos quedamos las tres con la boca abierta. La casa era enorme, y el dormitorio casi tan grande como una casa pequeña. La cama me pareció un campo de fútbol. Media tres metros por tres metros. Nos dijo que en la casa solo había una norma. La ropa estaba prohibida. Así que todos iríamos desnudos.

La primera noche fue muy tensa. Mi madre estaba furiosa. Así que Daniel se dedico toda la noche a mi abuela. No necesite oírla. Las luces estaban encendidas y les veíamos a los dos. Ella no podio moverse mucho, pero Daniel se las ingenio para volverla loca de placer. No dejaba de gritar y gemir. Se pasaron follando toda la noche. Ella llevaba dentadura postiza desde hacia años, pero se la quito para poder chupársela a gusto. La primera mamada se corrió casi al principio y mi madre paso del enfado a la curiosidad. Ver a su marido follando como loco con su propia madre la estaba poniendo cachonda. Tenia los pezones enormes mientras Daniel enculaba a mi abuela. La pobre casi no se sostenía a cuatro patas pero aguanto como una valiente todas las embestidas. Mi madre no dejaba de acariciarse mientras los miraba y por fin se decidió. Si no hacia nada su propia madre, con 90 años, le iba a robar a su amante. Así que cuando se corrió dentro del culo de mi abuela ella se la cogió y se la metió dentro de la boca para que se corriera dentro. Y no dejo caer ni una gota.

Yo, por mi parte, sin entender mucho de sexo, me notaba muy húmeda por dentro y tenía mis pequeños pezones doloridos de estar tan duros. Sabia que lo que hacían era solo para ellos. Daniel había prometido no tocarme y estaba cumpliendo. Solo me miraba y sonreía.

Después de aquella noche, mi madre estaba más relajada y mi abuela no se levanto en varios días de dolorida que estaba. Decía que le ardía el culo y estaba escocida de tanto follar. Así que Daniel se dedicaba solo a mi madre con alguna caricia pasajera a mí y a mi abuela. Hicieron de todo. Mi madre se la chupaba con violencia. Casi se ahogaba con la polla en su boca. La montaba como una bestia. Casi siempre la follaba por el culo y la pobre casi no podía ni andar, pero no dejaba de hacerlo. No se si era pasión o miedo a verse apartada.

Ya estaba cansada de tanto mirar y por fin de decidí. Una tarde que estaba viendo la televisión me senté a su lado y sin pensarlo le cogí la polla con la mano. De inmediato se puso dura como una piedra. Me dio un poco de miedo pensar que me iba a meter eso dentro. Pero estaba decidida. Mi madre estaba sentada al otro lado y Daniel la miro, como pidiendo su consentimiento. Y ella dijo que si, creo que de puro agotamiento. Él le dijo algo al oído, y ella le miro sorprendida. Con un gesto la animo, y se acercó a su madre que estaba dormitando en un sofá. Como estaba desnuda, fue sencillo empezar a acariciarla, con mucha suavidad. La abuela empezó a gemir medio dormida sin saber quien la acariciaba. Sin pararse a pensarlo enterró su cabeza entre las piernas de su propia madre. Ella se despertó y apretó su cabeza contra su coño. Cuando se dio cuenta de que no era Daniel intento zafarse pero sintió una oleada de placer y se dejo hacer.

Mientras Daniel me estaba poniendo a cien. Me esta acariciando mi coño y me besaba los pezones. Me dolían una barbaridad pero quería más. Casi sin darme cuenta tuve mi primer orgasmo d mi vida, fue una explosión de placer que aun recuerdo y seguidos tuve otros dos mas intensos todavía. Me quede casi sin aliento y sin darme cuenta me encontré con la polla de Daniel delante de la cara. Estaba claro lo que quería que hiciera. Yo la había visto muchas veces, pero aun me daba miedo de lo gorda que la tenia. Me empujo la cabeza con fuerza adelante, no tenia más remedio que abrir la boca.

Me la metí, pero solo la mitad, aun así me golpeaba la garganta y me dolían los labios de abierta que la tenia. Y el empujaba con fuerza. Se me saltaban las lágrimas, pero no paraba. Y yo no quería que parara. Quería hacerle feliz igual que mi madre y mi abuela. No quería estar fuera de su grupo. Así que no dejaba de empujar. Oía gemir y gritar de placer a mi abuela y a mi madre y eso me ponía caliente. Tenía el coño chorreando después de correrme. De repente y sin previo aviso se corrió en mi boca. Saco tanta leche que me ahogue entera. Me dieron arcadas y quería vomitar pero me aguante. Aun así derrame por mi cuerpo casi toda su leche y le mire con ojos culpables. �No te preocupes cielito, también me gusta regar vuestro cuerpo con mi leche. Ahora ponte a cuatro patas, que te voy a follar el culo�. Me entro un pánico que me sentí temblar. Si me hacia daño en la boca, en el culo me iba a partir en dos. Él se pensó que temblaba de placer, así que no dijo nada y me puso con el culo arriba. Sentí un momento su lengua en mi culo, y de pronto algo muy duro empujo con fuerza. Mi pobre esfínter cedió con un dolor terrible. No pude reprimir un grito, pero mi madre no dijo nada. Las estaba viendo a las dos con sus cabezas enterradas en sus coños y gimiendo de gusto.

Volvió a empujar con fuerza y sentí que me moría de dolor. Grite con desesperación, se me saltaban las lagrimas. Que demonios. Estaba llorando como una magdalena. Pero el ni se inmuto. No se detuvo ni un momento. Me estaba follando el culo sin piedad ni delicadeza. El dolor era insoportable, pero al mismo tiempo, el rozar de su durísima polla dentro de mi culo me estaba provocando un placer irresistible. Me metió toda la polla dentro. Mas de 20 centímetros, gruesa como mi brazo, me estaba taladrando hasta el estomago. En medio de tanto dolor me sentí correr con nunca lo haría después. Mi coño se estremecía de placer, y sentí como mi pobre culo palpitaba con el orgasmo que me estaba dando. De inmediato sentí que salía de mí y al mismo tiempo sentí algo caliente en mi cabeza. Llevaba el pelo muy corto por el calor, y me echo toda su leche encima de mí. Y era mucha. Tanta que se me caía por la cara. Un segundo chorro de leche acabo en el mismo sitio y sentí como resbalaba por la frente y las orejas. Tenía toda la cara llena de su leche, pero no me daba cuenta de nada. Por fin mi culo estaba libre, pero lo sentí abierto como si no hubiera salido aun.

Cuando me soltó me caí desmayada en el suelo. Al rato me desperté, y los tres estaban mirándome con una sonrisa. Sentía mi cara y mi pecho húmedos y pegajosos. Quería limpiarme, pero Daniel me dijo que no lo hiciera. Quería que oliera a el todo lo posible. Mire a mi madre y asintió con una sonrisa. Claro que sonreía, Mi abuela esta un poco detrás de ella y pude ver como la acariciaba el coño desde atrás. Por lo visto todos estaban felices por mí, así que anime a cogerle a Daniel la polla y llevármela a la boca de nuevo. Estaba decidida que tragarme toda su leche esta vez. De nuevo se volvió a correr en mi cara. Me pase dos días sin lavarme y con su leche de varios polvos en mi cuerpo. Durante una semana no pude caminar y tenía que comer recostada. Pero todos venían a ver como estaba. Y de vez en cuando mi madre o mi abuela me comían el coño con mucho cariño y delicadeza. Su placer me hacia sentirme mucho mejor. Pero Daniel solo quería mi culo recién estrenado. Me lo follo de nuevo varias veces los días siguientes. Y todas las veces me dolió horrores, pero también cada vez me corría como loca.

Aun hoy, 10 años después, con mi abuela con casi 100 años follamos como los cuatro casi todos los días. Daniel se toma varias pastillas de esas algunas veces, pero merece la pena. Ningún chico que he conocido tiene una polla como el. Y aun hoy me duele horrores cada que me folla el culo. Pero cada día me gusta más. Y cada día lo deseo más.


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2 respuestas

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