Por
Follada por el esposo de mi tía
Hace unos días, visité la casa de mi tía Sara y su esposo Pedro, un hombre mayor de unos 65 años, de aspecto imponente y mirada penetrante. Durante mi visita su esposo no estaba, Sara me confió que sospechaba que su esposo le era infiel con una secretaria joven. Me dijo que en varias ocasiones había revisado el celular de Pedro y encontrado fotos de adolescentes y chicas jóvenes, lo que le hacía temer que le fuera infiel con una mujer más joven.
Así, Sara me hizo entonces una propuesta: me pidió que me hiciera pasar por sirvienta en la casa, para ver si Pedro intentaba seducirme o hacerme proposiciones indecentes, ya que su esposo no me conocía en persona porque Sara era una tía lejana, de esa forma mi tía quería determinar si actuaba de la misma manera con otras chicas jóvenes. Me dijo que, como recompensa por este favor, me daría un poco de dinero. Después de pensarlo detenidamente, acepté, aunque en el fondo me inquietaba un poco la idea.
Al siguiente día al llegar a la casa, fui presentada a Pedro como la nueva sirvienta, ese día me fui vestida de esta forma, me puse un short de tela corto y una blusa gris. Al empezar mi trabajo, me cambié y me puse el uniforme común de sirvienta, comenzando a limpiar la casa.
Ya era tarde, pero antes de retirarme ese día, Sara me advirtió que al día siguiente saldría de viaje y que le atendiera a su esposo. Con un guiño, me pidió que estuviera alerta a cualquier insinuación que Pedro me hiciera y que no me dejara.
Al día siguiente, llegué muy temprano a la casa y continué con mis labores de limpieza. En un momento, Pedro me llamó y me dijo que hacía mucho calor en la casa y que había comprado otro uniforme para las chicas de servicio, preguntándome si quería ponérmelo. Algo nerviosa, pero recordando las instrucciones de mi tía, acepté. Al ver el uniforme, me sorprendí: era una minifalda muy corta y reveladora. Aun así, me lo puse y me cambié en la habitación de servicio, incluso tomándome algunas fotos antes de salir.
Más tarde, Pedro estaba descansando en la hamaca del jardín cuando me llamó. Acudí a su llamado y, al verme con el nuevo uniforme, se quedó embelesado y me dijo que me veía preciosa, preguntándome si tenía novio. Le respondí que sí, aunque en realidad no era cierto. Entonces, Pedro me pidió que le trajera un jugo de zanahoria bien frío.
Fui a la cocina a preparar el jugo. Ese día, llevaba tacones y, al acercarme a la hamaca donde estaba Pedro, tropecé y terminé derramándole el jugo encima. Me disculpé, pero Pedro me dijo que debía tener más cuidado y me preguntó quién le iba a lavar la prenda mojada. Le respondí que lo haría yo misma.
Me fui rápidamente a la lavandería con la camisa mojada de Pedro, pero no sabía muy bien cómo llenar la lavadora. En ese trajín, terminé mojando también mi propio uniforme, aunque como era un día muy caluroso, no me importó demasiado, ya que se secaría rápido.
Mientras estaba agachada conectando la manguera a la lavadora, noté que Pedro se acercaba a mí. Me propuso que le diera un masaje, y que luego él también me daría uno a mí. Intuí que el viejo buscaba una excusa para tocarme, tal como mi tía sospechaba. Aun así, accedí, pensando que solo llegaría hasta ahí y no más allá.
Nos fuimos a la recámara de Pedro. Él se recostó boca abajo en la cama y yo comencé a masajear su espalda, aunque sin mucha experiencia. Poco después, Pedro me dijo que ya estaba bien, que no le dolía más la espalda, y que ahora me tocaba a mí recostarme boca abajo en la cama para que él me diera un masaje. Algo nerviosa, pero intrigada, accedí y me recosté con mi corto uniforme puesto, en ese momento yo llevaba puesto una tanguita de color negro bajo el uniforme corto.
Pedro fue a su cuarto y regresó con un aceite de coco, y entonces comenzó a dar masajes a mi espalda y cintura. Sus manos recorrían delicadamente mi cuerpo, provocando una sensación de placer que no pude evitar. Me dejé llevar por la relajación, sintiendo cómo la excitación iba creciendo dentro de mí.
En un momento, Pedro se acercó más a mí, rozando su cuerpo contra el mío. Podía sentir su aliento cerca de mi cuello, y una descarga eléctrica recorrió mi espalda. Aunque en el fondo sabía que no debía, no pude evitar desear que siguiera tocándome.
Al poco rato mientras me masajeaba, me empezaba a tocar de la cintura muy fuertemente e intentaba bajarme la falda, pero yo estaba deslumbrada por la relajación que los masajes me provocaban, mientras me masajeaba me dice: Evelyn, ¿te puedes quitar tu uniforme?, yo le respondo: Uhm ¿por qué y para que don Pedro?, el me responde: Puedes ponerte una toalla para taparte es que quiero masajearte mejor y no quiero mancharte el uniforme con el aceite de coco.
Yo de ingenua acepté, el salió de su cuarto un momento para que yo me cambiara, pero obviamente estaba observándome tras la puerta a lo que pude notar.
Me puse boca abajo sobre la cama y me tape obviamente el trasero con una toalla por encima, el volvió a la habitación y me pregunto si podría subirse sobre mi para darme mejor el masaje, a lo que respondí: Claro no hay problema, pero lo que no sabia es que Don Pedro tenía en mente follarme y hacerme suya, pero antes de llegar a ese punto empezó a masajearme más y más cerca de mi trasero.
Debo admitir que el sí sabia masajear a una mujer, lo hacia muy bien tanto que casi me duermo, el seguí sobre mi dándome masaje, pero en un momento creo que se levanto y se pudo de pie, pero cuando se volvió a subir pude notarlo como que traía menos ropa ya que sentía más su piel rosando mis piernas.
Yo seguía boca abajo, en ese momento Don Pedro empezó a masajear mis piernas empezando desde los tobillos subiendo hacia mis glúteos, pero no dije nada hasta que en un momento me quito la toalla que cubría mi trasero pelado y me dijo: ¿Evelyn me dijiste que tenías novio verdad?, a lo que le respondo: si señor tengo un chico, a lo que me dice: Pues ahora yo te voy a hacer mejor que tu novio.
Me quede boca abierta no sabia si salir de ahí o dejar que me follara y volverme la amante de mi tío, seria una mas de sus chicas folladas por él, no termine ni de responderle a lo que el sin decirme nada se hecho sobre intentando follarme, aparte que yo también ya estaba excitada solo me deje llevar por la situación y no dije nada.
El se quito su short y me puso boca arriba, y en la posición de misionero me hizo el amor, me empezó a metérmela muy despacio y después fuerte y muy rápido.
El no paraba de decirme linda te la voy a meter mejor que tu novio si, mejor que él, yo no paraba de gemir ah ahah ah hay hay, por que me daba mucha pena, ya que le estaba fallando a mi tía, por que ella no me dijo que me lo follara a su marido, solo lo tenia que observar como se comportaba nada más.
Al poco rato me levanto de la cintura y me puso contra la pared y ahí me la empezó a meter por mi vagina más y más, pude notar que tocaba mi útero, estaba ya muy excitada por la situación ya me estaba empezando a correr, hasta que me cambio de posición. Ahora me puso en posición de cuatro y me hizo agachar la cabeza a la cama, agarrándome de la cintura me decía linda Evelyn ohh si si Evelyn preciosa sii si, yo no paraba de gemir por que el se estaba empezando a mover mas bruscamente y rápido, parecía poseído hasta que me vine muy rico, acto seguido el también se vino dentro de mí, así es se vino dentro de mi ese viejo.
Estaba toda acalambrada de las piernas apenas me pare y ese día me fui a mi casa cerca las 6pm, al siguiente día mi tía llegaba a la casa, ese día volví a su casa, pero sin antes pasar por la farmacia porque no me había cuidado durante el sexo con don Pedro, ese día en su casa no volvimos a hablar del tema y cuando mi tía llego de viaje simplemente le dije que su esposo se portó muy bien, sin insinuaciones ni nada por el estilo.
Pero en el fondo sabia que su esposo me seguía teniendo ganas, tanto así que se quedó con mi tanguita y no me la devolvió.
Eso me paso hace casi 2 semanas, en estos días su esposo me sigue llamando por celular y mandando mensajes, no se que hacer para que me deje en paz, quiere follarme nuevamente ya que no para de mandarme fotos de sus partes y masturbándose.


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