Por
Anónimo
Escuche a mi hermano cojer con su novia
Esta es una historia real solo que decidí escribirlo como un libro porno porque me encanta la literatura así que no piense que es una historia inventada. Y me ayude un poco con ia para hacerlo mas excitante
“Era ya medianoche cuando me desperté en el sofá de la sala, envuelto en un sueño profundo que el cansancio del día me había impuesto. Un ruido sutil, casi imperceptible, me sacó del sueño como un susurro molesto. Al principio, lo atribuí a los ruidos de la calle: un auto lejano, el viento moviendo las persianas. Pero persistía, y pronto me di cuenta de que no venía de afuera, sino de adentro de la casa. Más precisamente, del cuarto de mi hermano.
Agucé el oído, y el sonido se reveló en su crudeza: un ritmo constante, como aplausos amortiguados —pla, pla, pla—. El corazón me latió a mil. Comprendí al instante: mi hermano se estaba cogiendo a su novia, dándole duro en pleno polvo. Me incorporé con sigilo, el sofá crujiendo apenas bajo mi peso, y caminé por el pasillo en silencio, atraído por esos ruidos calientes.
Al llegar a la puerta, los sonidos se intensificaron, confirmando mis sospechas. Detrás de la puerta delgada, oía el choque de cuerpos, el eco de embestidas fuertes que rompían el silencio de la noche. Mi excitación fue inmediata, incontrolable; se me paró de golpe. Apagué el aire acondicionado con un clic suave, eliminando cualquier interferencia, y me dejé caer de rodillas junto a la rendija inferior de la puerta. Ahí, en la oscuridad, comencé a masturbarme, sincronizando mis movimientos con el ritmo implacable que imaginaba: ella de cuatro, en posición de perrito, recibiendo cada embestida profunda y salvaje, con su culo rebotando contra él en un golpeteo húmedo y carnoso. —El pla, pla, pla—. sonaba como un martilleo constante, fuerte e incansable, como si le estuviera dando sin parar.
De vez en cuando, su voz se filtraba en gemidos ahogados: “Oh yes, oh yes, oh yes… OMG”. Él la silenciaba con un siseo urgente: “Shh, baja la voz, no vaya a oírnos”. Sin idea de que yo estaba ahí, totalmente absorto en lo que oía. El orgasmo llegó de golpe; sentí que él se corría, y yo, al mismo tiempo, solté el mío en la oscuridad.
Me fui a mi habitación, el cuerpo temblando de adrenalina y lleno de nervios, como un shot fuerte. Aquella no fue la única vez. Ocurrió dos noches más, iguales en el rollo: me despertaba de repente, caminaba en silencio por el pasillo, me masturbaba como loco con su sexo de fondo. Cada vez me metía más en ese vicio secreto, convirtiendo la casa en un lugar donde yo escuchaba todo a escondidas, con unas ganas que no paraban.”


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