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Anónimo

junio 29, 2015

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Enredados: El despertar de Rapunzel

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El sol se ponía en el horizonte, lanzando sus últimos rayos a través del cielo. Rapunzel yacía sobre la cama con sus largos cabellos cayendo por uno de los lados de la cama. La enorme habitación circular de la torre estaba completamente a oscuras, y ya se habían apagado hace tiempo las velas con las que ella miraba el mundo exterior, anhelando las nuevas sensaciones y experiencias que podría proporcionarle.Ella ya tenía la edad en la que la mayoría de las chicas abandonan su casa, consiguen su propi espacio y encuentran un marido, quizá incluso ya tenían hijos, pero esa vida no le estaba permitida.

Las hermosas estrellas empezaron a centellear en el oscuro cielo una vez que el sol se hubo marchado y la única luz que lo iluminaba todo era la de la luna. Rapunzel se sentó y se estiró, buscando a continuación alguna vela. Cuando la encontró y la encendió, suspiró cuando todo lo que iluminaba la pequeña luz era aburrimiento. Las paredes estaban cubiertas de pinturas de cosas que ella había visto y de las que sólo imaginaba cómo serían. Montañas de libros que había leído más de dos y tres veces se apilaban en grandes montones por el suelo de la habitación, y había pilas de libros nuevos por leer al pie de su cama. Los había leído todos, libros sobre flores e historias acerca de carnavales y preciosas princesas rescatadas por hermosos príncipes ¿Por qué ella no podía tocar las flores, aspirar su fragancia o hacerlas crecer? La idea de un carnaval, con gente riendo, bailando y cantando le pesaba en el corazón ¿Podría alguna vez conocer a esa gente, bailar con ellos o simplemente hablarles? Se preguntaba que harían aquellos dias, quizá viajando y viendo el mundo.

Lo habría dado todo por estar allí, pero mientras se acercaba a la ventana y se apoyaba en el alfeizar, con el aire frio acariciando su piel, recordó que esas personas eran crueles y malvadas. La gente de sus libros no era real, y por las historias que Madre le contaba todos ellos no eran más que unos borrachos, que peleaban entre sí y se hacían daño los unos a los otros mientras sólo miraban por ellos mismos. Ella no querría conocer a esa gente. Pero quería.

Se apartó de la ventana y miró una de las pilas de nuevos libros que había traido Madre, no sabía de dónde los sacaba pero seguramente ni siquiera les prestaba atención, ya que siempre solía irse enseguida. Le llamó la atención un grueso volumen que sobresalía de la pila hacia la mitad y lo cogió cautelosamente, evitando por poco que la pila se cayera y procedió a examinarlo. Elibro con cubiertas de cuero negro le pesaba en las manos, y lo cogió delicadamente mientras volvía a la cama y se sentaba, poniéndo la vela en la ventana para poder leer. Recogió su largo pelo del suelo y lo alzó hacia la cama, poniendo el libro en el suelo mientras lo hacía, sus cabellos dorados resplanecieron a la luz de la vela y recogió de nuevo el libro, acomodó la almohada y miró cautelosamente la portada. Estaba completamente vacía a excepción de unas letras doradas de hilo bastante gastadas en el centro que rezaban «Pasiones y Placeres». Rapunzel frunció el ceño, extrañada, estaba acostumbrada a titulos descriptivvos cómo «Flores de los Bosques» y «Técnicas de Pintura», pero este título no daba ninguna pista sobre su contenido.

Frunció el ceño de nuevo y abrió el libro. Sus ojos casi se salieron de sus órbitas y empezó a mirar a todos lados, cómo si temiera que alguien la hubiera visto, pero estaba sola, Madre se había marchado horas antes y no había nadie más. Estaba completamente sola. En la primera página se veía la ilustración, bastante realista, de una mujer, su oscuro pelo negro aplastado contra una almohada y su boca estaba abierta, enseñando una dentadura perfecta. Y estaba completamente desnuda, enseñando sus grandes pechos y alzando las caderas, enseñando un pequeño matojo de vello negro entre las piernas.

Rapunzel se puso colorada y cerró con fuerza el libro, retrocediendo cómo si fuera a morderla. Este no era el tipo de cosas a las que estaba acostumbrada y su corazón se desocó al recordar lo que había visto ¿De verdad a la gente le gustaba ver cosas cómo esa? Le dió unna patada al libro y lo envió fuera de la cama, dónde se tumbó esperando que el sueño se la llevára, pero su mente no dejaba que olvidase la imagen de aquella mujer que alzaba las caderas con sus manos presionando ahí abajo.

El pecho de Rapunzel subía y bajaba rapidamente de sólo pensar en la imagen ¿Era eso de lo que trataba el libro?¿Había más imagenes o también tenía texto?¿Podía haber escrito algo relevante sobre esa imagen? Al final, la curiosidad pudo con ella y se acercó lentamente al límitte de la cama y recogió el libro del suelo. Volvió a tumbarse y abrió el libro directamente por la segunda página, lista para descubrir el propósito de aquel libro ¿Que podría enseñarle? La segunda y la tercera paginas sólo tenían texto y Rapunzel dejó escapar un suspiro de alivio. Eso estaba mejor, tal vez incluso no hubiese más ilustraciones que le causasen tanta confusión, pero una vez empezó a leer, su corazón casi se le salió del pecho y se puso roja cómo un tomate. Las primeras palabras describían a la mujer de pelo negro rizado con «suaves y firmes senos». Rapunzel se miró el pecho y trató de imaginar si eran «suaves» o «firmes», llevó la mano lentamente hasta su vestido y comenzó a desabotonarse hasta dejar las tetas al aire. Se tocó el pezón izquierdo, sintiéndo cómo se endurecía y empezó a apretar las piernas inconscientemente, excitándose a si misma.

¿Que le estaba ocurriendo?

Volvió su atención al libro, deseando desesperadamente seguir leyendo. Los dedos de la mujer llegaron abajo lentamente, metiéndose dentro de ella a través de sus húmedos labios vaginales. Rapunzel se permitió mirar de nuevo la ilustración de aquella mujer. Parecía en trance, con los ojos en blanco y la piel sudorosa. Pero Rapunzel sólo tenía ojos para el vello de la entrepierna de la mujer, y se descubrió leyendo más, imaginándose los dedos agitándose dentro de ella. Las descripicones eran tan intensas y detalladas que comenzó a sentir algo que comenzó en su abdomen, un calor que se expandió como electricidad a través de su cuerpo. Cuanto más pensaba en la mujer que se acariciaba un pecho con una mano y se tocaba ahí abajo con la otra, más caliente se ponía. Tragando saliva, Rapunzel llevó sus manos hacia sus muslos, levantándose lentamente el vestido hasta que pudo sentir el suave vello de su entrepierna. Volvió a mirar a su alrededor, consciente de que sus partes privadas estaban expuestas al aire de la noche.El frio viento que acariciaba su piel la hacía sentir sensaciones extrañas pero al mismo tiempo agradables. Se dio cuenta de que estaba empapada y que cada ráfaga de aire acariciaba su piel de una manera extrañamente sensual.

Nunca se había sentido asi antes, y jamás había imaginado que su propio cuerpo sintiese algo tan intenso. Sus ojos vovlieron al libro y pasó la pagina, leyendo mientras se acariciaba el vello púbico.

La historia continuaba, haciendo que se pusiera más caliente y sus pezones se pusieran duros. La mujer del libro estaba en la mente de Rapunzel, su pelo, sus movimientos y su belleza completamente vívidos, pero en la descriptiva narración la mujer se metía los dedos más profundamente dentro de ella, acariciándose su punto caliente. Rapunzel leyó cómo gemía y suspiraba, presionando más fuerte su sexo e imaginando cómo sería esa sensación.

Tragó saliva, cuando, al pasar la página, encontró más ilustraciones. En la primera un hombre se arrodillaba frente a la mujer, y le sorprendió ver que era tan grande, bien perfilado y hermoso cómo siempre había imaginado que debían ser los hombres. Podía ver sus hombros y su musculoso pecho. Volvió a tragar saliva y pasó a la siguiente ilustración. El hombre se había agachado frente a la mujer, apartando sus piernas con una mano y su lengua estaba lamiendo la suave y rosada carne que había entre sus piernas.

Los dedos de Rapunzel se movieron hasta encontrar su sensitiva y húmeda vagina. Aún le sorprendía esa sensación tan intensa que jamás había sentido, y siguió leyendo, tratando de imitar los movimientos del libro en persona. Sus dedos buscaron su punto más sensible. Cuando lo encontró, arquó la espalda y movió hacia adelante las caderas para permitir que sus dedos presionaran más fuerte en su coño. La imagen del hombre chupándole el sexo a aquella mujer la hacía removerse, apretando más y más fuerte sus dedos contra su sexo.

En la siguiente imagen, el hombre estaba claramente introduciendo más profundamente su lengua entre las piernas de la mujer, que arqueaba la espalda de tal manera que se levantaba de la cama mientras las manos del hombre sujetaban su espalda. Rapunzel dejó el libro y se tumbó boca arriba, con su mano libre buscando por abajo el agujero que deseaba penetrar, estaba cachonda y gimió de forma audible mientras su dedo se metía más y más dentro. Las sensaciones se doblaron, con un dedo tocándole su punto más sensible y otro dentro de ella.

Una fria brisa que entró por la ventana lamió su piel desnuda, sus pezones se endurecieron ante la sensación de su calidez siendo tocada por el frio. Era casi cómo si alguien estuviese allí con ella, lamiendo sus pezones y sus piernas, y las abrió más, sintiendo la suave brisa acariciándola mientras ella se metía los dedos en el agujero del coño. El viento pasó furiosamente las páginas del libro y cuando aquella breve ráfaga terminó, había otra ilustración que causó que Rapunzel entrase en una imparable espiral de sensaciones. Sintió que perdía el control apretándose dentro de su húmeda vagina hasta que fue casi doloroso.

En la imagen de la página el hombre yacía ahora encima de la mujer, completamente desnudo. Rapunzel jamás había visto a un hombre desnudo antes y quedó asombrada por la longitud de aquél erecto pene que estaba a punto de meterle a su compañera. Rapunzel se imaginó que estaba encima de ella, que sus dedos eran su enorme tranca y que podía sentir su calido pecho contra el suyo.

Mientras todas las sensaciones la llevaban hacia el clímax su pelo empezó a brillar, haciendo que la habitación entera destellase con un suave tono dorado, se extendió desde sus hombros, iluminando su piel y endureciendo sus pezones mientras ella se tensaba de gusto ante ese maravilloso momento. Su cuerpo entero brillaba debido a las placenteras sensaciones que estaba experimentando. La tensión de su cuerpo fue liberada en un tremendo orgasmo, haciendo que gimiese y suspirase mientras imaginaba a aquel hombre cubriendo su boca con la suya, besándola mientras ambos se contorsionaban de placer.

Cuando los ultimos restos de aquel placer terminaron, Rapunzel se relajó, exhausta. Ella tomó aire mientras la fria corriente de aire tocaba su piel sensible. Su rostro estaba perlado de sudor y sentía en su abdomen una extraña sensación placentera mientras trataba de calmarse y entender lo que le había sucedido. Sin embargo el libro seguía allí y, a pesar de aquél maravilloso orgasmo que había experimentado por primera vez, aquél hobmre no era real y nunca lo sería. Jamás sentiría su lengua dentro de su boca, su cuerpo contra el suyo o la tierna manera en la que sostenía a la mujer de la ilustración.

Su pelo dejó de brillar.


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2 respuestas

  1. nindery

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