Por

Anónimo

octubre 12, 2025

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El pasado de mi novia

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No lo podía creer. Ella era mi princesa. Era hermosa, inteligente, carismática, con un cuerpo que, sin ser excesivamente exuberante, era el motivo de que todo hombre la volteara a ver cuando caminábamos por la calle, especialmente cuando se ponía falda y lucía sus hermosas piernas con esa piel blanquita semi bronceada. No podía imaginarla siendo el juguete sexual de alguien más.

—¿Cómo fue? —le pregunté.

Estábamos desnudos y acostados en un cuarto de hotel. Acabábamos de tener sexo y, mientras descansábamos, la plática se había desviado hacia nuestro pasado sexual. Así, ella me había confesado que había perdido la virginidad con su mejor amigo.

—Ay no, me da pena contarte eso.

—Tranquila, estamos en confianza, no pasa nada, no me voy a enojar —le respondí, ocultando de momento que la situación si bien me molestaba, también me excitaba sobremanera.

—¿Seguro que quieres saber?

—Claro. Además eso ya pasó, ¿no? Es solo mera curiosidad… Así que cuéntame, ¿cómo fue?

—Bueno, pero conste que no te vas a enojar, ¿eh? —dijo ella, aún insegura sobre si debía contarme o no—. Bueno… pues eso pasó hace algunos años… Fue una ocasión en que fui a su casa porque tenía casa sola…

—¿O sea que ya sabías a lo que ibas? —pregunté.

—Sí, ya lo habíamos hablado.

—¿Pero entonces no eran novios ni nada? —volví a preguntar. Aunque ya sabía la respuesta me excitaba el hecho de pensar que, sin ni siquiera ser novios, aquel hijo de puta había desvirgado a mi princesa—. ¿Entonces cómo es que decidiste perder la virginidad con él? ¿Él también era virgen?

—Uhhhh no, qué va, él era todo un mujeriego y ya había estado con varias mujeres.

—¿Entonces…?

—Pues nada. La verdad es que nos llevábamos súper bien y ya habíamos fajado un par de veces… así que de tanto que me insistía, pues yo finalmente accedí por curiosidad.

Mi pene, a pesar de que no tenía mucho que me había venido, comenzó a despertar al escuchar aquello. No podía dejar de pensar en las manos de aquel tipo tocando a mi novia, quizá explorando debajo de su falda escolar, quizá tocando aquellos pechos tan hermosos… quizá metiendo su mano por debajo de su ropa interior…

—Bueno, continúa pues. ¿Cómo pasó? ¿Cómo fue que decidiste hacerlo?

—Pues lo que sucede es que un día antes me convenció de saltarme una clase y fue porque quería fajar, así que lo hicimos en un salón vacío.

Tragué saliva. Mi mente comenzaba a imaginar todo.

—Estuvimos ahí como media hora y yo ya estaba mojada —continuó—. Él me decía que me la quería meter ahí mismo pero aunque yo también tenía muchas ganas, no quería que mi primera vez fuera así; con prisas y con el riesgo de que alguien nos viera, así que le dije que no, que sí quería hacerlo pero que mejor fuera en un lugar más tranquilo y privado.

—¿Cuándo fajaban… qué tan lejos llegaban? —pregunté. Aunque estaba ansioso por saber cómo mi princesa había perdido su virginidad con aquel tipo, también me excitaba pensar en todas las veces que pudo deleitarse con el cuerpo joven e “inocente” de mi princesa.

—Pues no tanto. O sea, él se la sacaba y me hacía que se la jalara… y yo dejaba que me metiera mano por debajo del calzón, pero no dejaba que me lo bajara; solo me dedeaba.

—Bueno, bueno. ¿Entonces qué es lo que hizo que esa vez fuera diferente? —le pregunté, mientras mi pene ya estaba completamente erecto de nuevo.

—Pues que esa vez nos calentamos más de la cuenta… me empinó contra el escritorio, me levantó la falda para darme arrimones y quería bajarme el calzón para metérmela ahí mismo, pero le dije que no. Y cuando ya le había dicho que si era en algún lugar privado sí dejaría que me la metiera, dijo que en su casa en las tardes no había nadie, por lo que si iba lo podíamos hacer.

Puse mi mano sobre su pierna y empecé a acariciarla suavemente, imaginando cómo hace años otras manos habían recorrido esas mismas piernas, de piel tan suave y firme…

Ella volteó a verme y vio mi pene completamente erecto.

—Un momento, ¿te está excitando que te cuente esto? —preguntó extrañada.

—Un… un poquito —contesté, no muy seguro pero convencido de que no lo podía ocultar—. Pero bueno, es que es natural, sabes que me encantas y cualquier cosa relacionada contigo y esas cosas me excita, ja, ja.

—Entonces… ¿te sigo contando? —preguntó sin saber cómo reaccionar ante mi excitación.

—Sí, por favor, amor —dije reanudando mis caricias a sus piernas desnudas.

—Bueno, pues como te iba diciendo, al día siguiente le dije a mi papá que tenía que ir a casa de una amiga para hacer un trabajo en equipo. Él me llevó a la esquina de la casa y espero a que me metiera para irse.

“O sea que su papá, sin sabe, prácticamente llevó a su hijita a que la desvirgaran”, pensé, más duro que nunca.

—Pues llegué a su casa y él estaba solo, como me había dicho —continuó con el relato—. Subimos a su cuarto y yo estaba muy nerviosa, pero él estaba tranquilo y estuvimos platicando un rato de otras cosas, de la escuela y así. Prendió la tele y nos callamos para verla… Pero en eso, cuando menos me doy cuenta, siento que me empieza a meter mano por debajo de la falda…

—¿O sea que llevabas la falda de la escuela?

—Sí, porque no me podía ir arreglada o algo así o mi papá hubiera sospechado.

—¿Y cómo te acariciaba? ¿Así? —le pregunté mientras iba subiendo mi mano para acariciar toda su pierna.

—Ja, ja, ja. Sí, algo así. Aunque casi no me acarició las piernas; luego luego subió a… bueno, ya sabes, ja, ja, ja —rió un poco nerviosa.

—¿Aquí? —dije subiendo más mi mano hasta rozar su vello púbico.

—Sí —dijo sin más, apenada.

—¿Y luego? Continúa —la animé sonriendo.

—Pues me hizo… me hizo el calzón a un lado y… me empezó a meter los dedos… Yo me calenté luego luego y toqué su pene sobre el pantalón y ya lo tenía bien parado…

—Ufff, qué rico —dije ya sin disimular lo mucho que me estaba excitando el relato.

—Me comenzó a besar mientras me metía los dedos y yo ya estaba muy caliente, así que le desabroché el pantalón y empecé a tocarle el pene por debajo de la ropa; estaba muy caliente y grande…

—¿La tenía grande? —le pregunté, ansioso por conocer hasta el último detalle.

—Pues… sí, algo, ja, ja.

—Ok, ok, continúa por favor…

—Pues a los pocos minutos los dos ya estábamos muy calientes, así que él se quitó la ropa y… me dijo que yo hiciera lo mismo…

—¿Y obedeciste? —pregunté, acariciando suavemente sus labios vaginales.

—Pues sí, ja, ja, ja.

—¿Él ya te había visto desnuda o esa era la primera vez?

—Era la primera vez, porque cuando fajábamos siempre era con la ropa puesta y solo nos metíamos mano por debajo.

—O sea que ese maldito fue el primero que pudo verte desnuda —no pude evitar decir en voz alta lo que pensaba.

Ella me miró para ver si estaba enojado, pero aunque mi tono lo parecía indicar, mi pene estaba más duro que nunca y no dejaba de acariciarla, por lo que aunque no pareció entender del todo, supo que la situación me excitaba, así que continuó.

—Pues sí. De hecho yo quería apagar la luz porque me daba pena, pero él no quiso porque dijo que quería ver mi cuerpo… Cuando estuve desnuda frente a él, se levantó y me empezó a besar del cuello, mientras me metía mano…

—¿Te seguía dedeando?

—No, me agarraba los pechos porque decía que le gustaban mucho y que eran más grandes que los de otras con las que lo había hecho… Así que me los estuvo chupando y apretando un rato. Incluso me los mordió y me los dejó un poco marcados…

Yo me acerqué a ella e, imaginando lo que me acababa de describir, comencé a besar esos mismos pechos tan hermosos, a deslizar mi lengua suavemente por aquellos hermosos pezones que habían sido maltratados por aquel malnacido.

—Y… pues ya, me dijo que me acostara y lo hice. Me abrió las piernas…

—Espera, espera. ¿Fue en su cuarto?

—Sí, en su cama.

—Ok, continúa —dije, besando uno de sus pechos, acariciando el otro con mi mano izquierda y masturbándome con la mano derecha.

—Pues como te decía, me abrió las piernas, puso la punta de su pene en la entrada y comenzó a empujar, pero nadamás no entraba, así que escupió en la mano y se mojó el pene y volvió a empujar y ahora sí entró…

—Uffff, amor… ¿y cómo estuvo? ¿qué sentiste?

—Pues la verdad al principio me dolió, porque sí la tenía un poco grande… Pero él me dijo que me aguantara, que me iba a dejar de doler y me iba a gustar… y empezó a meterla y sacarla, primero despacio y luego ya más rápido y fuerte…

—¿Y sí te gustó?

—Pues sí, a los pocos minutos ya no me dolía y sí se sentía muy bien.

—¿Mejor que sus dedos?

—Sí, mucho mejor, ja, ja, ja.

—¿Y luego, amor? —dije mientras subía a su cuello para comenzar a besar y morderla suavemente, como le gustaba.

—Pues me penetró así como te digo, y mientras me mordía los pechos y el cuello así como lo estás haciendo ahorita, pero más fuerte, ja, ja.

—Ufff, no inventes, ¿y qué más?

—Pues después de unos minutos se quitó, se acostó y me dijo que me subiera en él y pues eso hice, ja, ja.

—¿O sea que lo montaste?

—Sí.

—¿De frente o de espaldas? —pregunté pues quería saber absolutamente todos los detalles para recrear la escena en mi mente.

—De frente, me dijo que quería ver mis pechos rebotar.

En ese momento ya no pude más. Me recosté en la parte superior de la cama con mi pene palpitando y rogando por acción.

—A ver, enséñame cómo lo montaste —le dije, señalando mi pene.

—Bueno, puedo subirme, pero no te puedo montar cómo lo hacía con él.

—Ahhhh ching… ¿por qué no?

Ella no me contestó inmediatamente. Se colocó encima de mí y se dejó caer suavemente. Tras un par de segundos, mi pene estaba completamente dentro de ella. Comenzó a moverse suavemente.

—Conste que tú me dijiste que te contara todo, ¡eh! Pues no puedo porque la de él era un poquito más grande, así que podía moverme pues… más, y no se salía.

Eso me encendió de una manera que no creí posible: no solo me estaba contando cómo le había entregado su virginidad a un tipo que ni siquiera era su novio, que había sido el primero en verla desnuda, ¡en penetrarla!, sino que además me echaba en cara que la tenía más grande que yo.

Estaba furioso. Y excitado. En la misma medida.

Llevé mis manos a las nalgas de mi princesa y comencé a penetrarla, más fuerte de lo que solía hacerlo. Ella gimió sorprendida pues por lo general los segundos rounds solían ser más suaves y tranquilos.

—Sigue.. sigue contándome… cómo… te cogió… el tipo ese… —farfullé entre metida y metida.

—No, amor… mejor sigue cogiéndome así… está muy rico… ufff… ya luego te cuento…

—No —detuve mis metidas—. Quiero que me sigas contando —dije mientras se la dejaba adentro, palpitante.

—¿Seguro? —Muy seguro —dije mientras comenzaba a metérsela nuevamente, pero esta vez más lento para que no se desconcentrara del todo.

—Pues lo estuve montando un rato, aunque al principio no sabía muy bien cómo, solo me movía como dios me dio a entender… pero él me ayudó; te digo que ya tenía bastante experiencia.

—¿Cómo te ayudó? —dije enderezándome un poco para poder chupar uno de sus pechos mientras seguía metiéndosela suavemente.

—Pues con sus manos, el movía mis caderas a su ritmo y ya luego yo agarré el mío y ya solo me agarraba los pechos y lo que me sacó un poco de onda al principio es que me agarró del cuello y me apretó… un poco fuerte… y aunque me dolió, también me gustó, la verdad.

—Ufff, qué rico, amor, ¡qué rico! Sigue, por favor.

—Pues ya, después de un poco me cansé, así que me quité, pero él todavía tenía ganas así que me puso en cuatro y me empezó a dar así.

—¿¡Tu primera vez y te cogió en cuatro!?

—Sí. Me metió su pene y me empezó a dar tan fuerte que al principio me dolió un poco, hasta sentía que me llegaba casi al estómago, ja, ja, ja, pero la verdad es que también me gustó mucho…

En ese momento ya no pude más. A pesar de que no llevábamos mucho y de que era el segundo round, de solo imaginar a mi princesa, aquella chica gentil y delicada, recibiendo verga en cuatro por un random, fue demasiado. Comencé a vaciar el mucho o poco semen que aún tenía dentro de mi novia.

—¿Amor? ¿ya te volviste a venir tan rápido? —me preguntó extrañada, ya que ella también estaba acostumbrada a que durara bastante más.

—Ufff… sí, perdona, amor… ya no pude aguantar; de solo imaginarte…

—Pero no entiendo, ¿te gusta imaginar cómo me cogían?

—Sí. Mucho. Me encantó…

Tanto ella como yo sentimos cómo mi pene perdía rápidamente su firmeza. Ella se levantó y se acostó a mi lado. Mi pene escurría unas pocas gotas de semen casi transparente.

—¿Y luego, qué pasó? —pregunté con un poco de sueño pero aún interesado en conocer hasta el último detalle de la primera vez de mi novia.

—Pues no mucho, de hecho así terminamos. Me estuvo dando un rato así pero de repente se quitó porque dijo que iba a venirse. Me dijo que me hincara, yo lo hice y casi luego luego se vino en mis pechos.

—Ufff, se ve que le encantaban tus pechos.

—Sí, bastante, decía que los tenía grandes, bonitos y firmes, como a él le gustaban, ja, ja, ja. —No inventes. Entonces estuvo súper bien tu primera vez…

—Sí. Como era mi mejor amigo había mucha confianza y respeto, así que sí estuvo muy bien.

En ese momento, habiendo descargado ya mi leche, el sueño comenzaba a vencerme. Acariciaba las piernas de mi princesa mientras las imágenes que me había descrito aún rondaban en mi imaginación, pero ya sin tanta fuerza.

—¿Y siguieron cogiendo por mucho tiempo? —pregunté, luchando por mantener los ojos abiertos.

—Mmm… por poco más de dos años si no mal recuerdo…

Mi pene dio un pequeño respingo, intentando pararse de nuevo, pero no pudo. Yo ansiaba saber más, pero el cansancio era demasiado; mis ojos se cerraban.

—Luego me cuentas más cosas, ¿sí, amor? —le dije con los ojos ya cerrados.

—Sí, amor, si eso te gusta; sí —dijo, acercándose a mí y besándome suavemente en los labios.

—Te amo —dije con los ojos cerrados.

—Te amo —dijo ella.

El cansancio me venció y me quedé profundamente dormido, soñando con mi princesita hermosa siendo la puta de otro hombre.

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