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El novio de mi mejor amiga resultó ser mi puto
Tengo novia, me gustan las minas, todo normal. Pero hace tres meses conocí al novio de mi mejor amiga, la Soledad, y mi vida se fue a la mierda en el mejor sentido posible.
La Soledad no para de hablar de su novio, el Rodrigo. «Tiene una verga enorme», «me llena toda», «es un animal en la cama»… siempre con los mismos comentarios. Yo la escuchaba y me reía, pensando que eran cosas de mina enamorada. Hasta que un día los invité a mi apartamento a tomar unos mates y conocer por fin al famoso Rodrigo.
Cuando abrí la puerta, casi se me caen los bombones de la mano. El tipo era un papucho, boludo: alto, musculoso, pelo negro, ojos verdes, y una sonrisa que te derretía. Y cuando me dio la mano, sentí una corriente que me recorrió todo el cuerpo. La Soledad no exageraba, el tipo estaba buenísimo.
Esa noche tomamos unos fernets y la Soledad se durmió borracha en mi sofá. Rodrigo y yo nos quedamos en el balcón, fumando un porro y hablando. «Sol me habla mucho de vos», me dijo, y yo, medio en pedo, le solté: «Y ella me habla mucho de tu verga». Se rió y me dijo: «¿Tenés curiosidad?».
No sé qué me pasó, boludo. En vez de decirle que no, me levanté y lo llevé al baño. Cerré la puerta con llave y ahí, bajo la luz tenue, me arrodillé. «Mostrame esa verga que tanto presume Sol», le dije, y el muy hijo de puta se bajó el cierre y la sacó.
Boludo, era una obra de arte. Larga, gruesa, con unas venas que se le marcaban impresionantes, y un glande morado que parecía una seta. Olía a limpio, con un toque de sudor que me volvió loco. La agarré y me la metí a la boca entera.
Che, nunca había chupado una verga, pero parecía que nacía para eso. Se la chupaba como si mi vida dependiera de ello, metiéndomela hasta la garganta, ahogándome pero con gusto. Jugaba con sus huevos, que eran grandes y peludos, y los masajeaba mientras se la mamaba. Rodrigo gemía bajito, apoyado contra la puerta, con los ojos cerrados.
«Che, pará, que me vas a hacer venir», dijo en un momento, pero yo no paré. Al contrario, aceleré el ritmo, saboreando el líquido salado que le salía de la punta. En menos de dos minutos, gritó y me llenó la boca de leche. Boludo, nunca había probado semen, pero el suyo era espeso, caliente, y me lo tragué todo como un buen puto.
Cuando salimos del baño, la Soledad seguía roncando en el sofá. Rodrigo me miró y me dijo: «Nadie me la ha chupado así, ni Sol». Esa frase me prendió fuego.
Desde ese día, nos vemos cada vez que podemos. Ayer, por ejemplo, la Soledad vino a casa con él, y cuando se fue a comprar vino al almacén, yo me arrodillé en la cocina y se la volví a chupar. Esta vez me vino en la cara, y después me folló contra la mesada. Boludo, nunca me habían dado por el culo, pero con él fue increíble. Me daba duro, agarrándome de las caderas, mientras yo gemía como una loca.
Lo más heavy fue la semana pasada. La Soledad nos invitó a su casa a cenar, y cuando se fue a la cocina, Rodrigo me llevó al baño y me la chupó a mí también. Boludo, nunca me había venido en la boca de un hombre, pero cuando sentí su lengua en mi verga, no pude aguantar. Después, me dio vuelta y me la metió por el culo otra vez, pero esta vez sin condón.
Ahora no sé qué soy, boludo. Tengo novia, me gustan las minas, pero no puedo dejar de pensar en la verga de Rodrigo. Anoche soñé que los tres cogíamos, y me desperté con los calzoncillos manchados.
Hoy me mandó un mensaje: «Sol viaja el finde. Venite a casa y te doy toda la noche». Boludo, ya estoy contando las horas. Mi novia cree que voy a una despedida de soltero, pero en realidad voy a ser el puto de Rodrigo toda la noche.
¿Seré gay? No lo creo, che. Solo me gusta la verga de Rodrigo. Con otros hombres no me pasa. Pero con él, me vuelvo una puta. Me encanta que me use, que me llame su puto, que me dé duro y me llene de leche.
La Soledad sigue presumiendo de su novio, y yo me río por dentro, porque sé que su «macho» prefiere mi boca que su concha. Ayer me dijo: «Freddy, qué bueno que vos y Rodrigo se llevan tan bien». Si supiera, boludo, si supiera que su mejor amigo se traga la leche de su novio cada vez que puede.
Así que ahí estoy, esperando que llegue el finde para ir a casa de Rodrigo y que me dé como cajón que no cierra. Y después, volver con mi novia y hacer como si nada. La vida es rara, che, pero esta aventura con Rodrigo es la cosa más excitante que me ha pasado. Ojalá nunca termine.


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