El lechazo del abuelo de mi amiga
Estábamos en un almuerzo familiar en casa de mi amiga. Había mucha gente, comida, música y todos riendo. El abuelo de mi amiga, un hombre bastante mayor, no paraba de mirarme las tetas y el culo cuando nadie veía. Yo me sentía rara pero también me mojaba con esa mirada de viejo pervertido.
Por la noche, cuando ya casi todos se habían ido o estaban en la sala, me dijo que lo acompañara a buscar no sé qué cosa. Terminamos en una habitación pequeña donde guardaban herramientas de jardinería, con olor a tierra, fertilizante y cosas viejas. Apenas cerró la puerta, el abuelo se me echó encima.
Me besó con esa boca de viejo, metiéndome la lengua mientras me metía la mano debajo del vestido y me bajaba las bragas. Me puso contra una mesa llena de macetas y me metió los dedos rugosos en el coño, que ya estaba empapado. Le saqué la verga, que para su edad estaba sorprendentemente dura y gruesa, y se la empecé a pajear.
Sin decir casi nada, me dio la vuelta, me levantó el vestido hasta la cintura y me metió toda la polla de una embestida. Me folló como un animal, agarrándome fuerte de las caderas y dándome nalgadas mientras me penetraba profundo y rápido. Me tapaba la boca para que no gimiera demasiado porque afuera todavía se escuchaban voces de la familia. Me apretaba las tetas y me susurraba al oído lo apretada que era y que era una zorrita por dejar que un viejo como él me follara.
Me corrí tan fuerte que me temblaban las piernas, apretando su verga con el coño. Entonces él gruñó y me soltó toda su leche caliente bien profundo dentro de mí, chorros espesos de semen de abuelo llenándome el útero. Sentí cómo me rebosaba y empezaba a chorrearme por los muslos cuando sacó la verga todavía goteando.
Me subí las bragas con todo su semen dentro y salí de la habitación como si nada, volviendo al almuerzo con el coño lleno de la leche del abuelo de mi amiga.


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