Por
Anónimo
El Jamaicano Devorador y la Orgía Tabú
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El Jamaicano Devorador y la Orgía Tabú
Autor: Vergamorcilla
En el sótano húmedo de Pocitos, bajo un bar de chotos donde el olor a orina vieja se mezclaba con humo de porro, el jamaicano trans –llamada Rasputa– llegó tambaleando con una botella de ron en una mano y su pija de 40 cm colgando como un tronco negro venoso en la otra.
Era alcohólico crónico, adicto a la coca que esnifaba de los culos de sus víctimas, y un violador serial de heterosexuales: machos casados que salían del trabajo pensando en fútbol y terminaban con el ano partido y la boca llena de semen jamaicano.
Esa noche, Rasputa había secuestrado a un adolescente puto de 18, un pibe flaco con carita de ángel que vendía el culo en la rambla por monedas. «Te voy a romper, white boy», gruñó Rasputa con acento reggae, mientras le metía la pija seca en la garganta hasta que el pibe vomitó birra y mocos.
Al lado, un anciano de 80 con calzas justas y bikini rosa (el taxista de mis otros relatos, reciclado) se masturbaba el escroto flácido, gritando «¡Dale, negro, cógetelo como a un perro!».
Entraron las travestis: tres viejas de 60+ con tetas siliconadas caídas y vergas duras como bisturíes. Una era la cirujana loca de la banda devoradora, escapada del Vilardebó; la otra, una abuela con verrugas en la concha que cagaba en la boca de los sumisos; y la tercera, una enana trans que se metía entera en los culos como un puño vivo. Se sumaron al festín: ataron al adolescente puto a cuatro patas y trajeron al perro del anciano, un rottweiler con bolas hinchadas. «Zoofilia time, putitos», rió Rasputa, esnifando una línea de coca del lomo del perro antes de guiar su pija perruna al culo del pibe.
El adolescente gemía y squirteaba mientras el perro lo montaba, el anciano le chupaba los huevos al animal, y Rasputa violaba al taxista heterosexual por atrás: «Sentí mi verga jamaicana, viejo hetero, te voy a convertir en puta adicta».
Las travestis se unieron: la cirujana cortó las bolas del anciano y se las comió crudas con ron; la abuela cagó un puré caliente en la cara del pibe; la enana fistió al perro hasta que eyaculó dentro del adolescente.
Rasputa, borracho y high, gritaba
«¡Soy el rey violador!» mientras inyectaba heroína en las venas de sus víctimas. Al final, todos terminaron en una pila de fluidos: sangre, mierda, orina, semen perruno y humano. El jamaicano se fue tambaleando, dejando al adolescente puto convertido en adicto, rogando por más violaciones seriales.
Fin (por ahora).
anexo de la banda devoradora de pollas
vergamorcilla


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