El gordito y la indígena Autor Map
El gordito y la indígena Autor Mapmaker
Nunca pensé que le tomaría el gusto a fisgonear lujuriosamente los actos sexuales de terceras personas; adquirí un gusto enfermizo que me excitaba el ver a otras personas teniendo sexo; gusto que sólo podía calmarlo al sacudirme el miembro hasta correrme.
La ultima pareja que tuvo el gordito, era una indígena de la misma estatura; de contextura robusta sin llegar a obesa; piel lozana, cobriza; piernas robustas, culo redondo y firme, senos parados con grandes pezones de aureolas oscuras; brazos torneados, rostro exótico de ojos rasgados; labios carnosos; vulva gorda, carnosa desprovista de vellos coronada con un clítoris regordete, sobresaliente como un pezón.
No habían cerrado la puerta cuando ya estaban enredados besándose; la saya que cubría sus caderas quedaba en el piso mostrando que no utilizaba bragas; le despojaba de la blusa dejándola completamente desnuda de inmediato el gordo zambullía su rostro en la panocha de la mujer saboreando los jugos que esta segregaba; la india abría la boca emitiendo sonidos apagados producto del placer que le proporcionaba la mamada.
Se acomodaba sobre el gordo para acariciarlo también; el prominente vientre no le causaba problemas debido al tamaño y forma de su verga; la alcanzaba perfectamente; tomaba el glande con sus gruesos labios proporcionándole unas chupadas fabulosas; por su parte el gordo atrapaba en su boca el carnoso clítoris chupándoselo golosamente causando el derrame de sus jugos y la convulsión de su formidable culo.
El glande no soportaba semejante castigo; la india sostenía desesperadamente la verga con ambas manos mamándola sin darle tregua; el gordo le succionaba el clítoris ocasionando que este creciera al máximo; sentía la emisión caliente de jugos dentro de su vagina que terminaba en un orgasmo explosivo; ella percibía la erupción que nacía en los huevos y su recorrido por el templado pene para salir expulsado en potentes chorros que llenaban su boca; tragaba lo que podía, el resto escapaba por la comisura de sus labios; ambos jadeaban emitiendo sonidos roncos, profundos.
Ese era el preámbulo, la acostaba sobre el lecho, flexionando sus piernas, se arrodillaba tras sus nalgas y la penetraba hasta donde le permitía la prominente barriga; la india se impulsaba a su encuentro buscando la penetración más profunda; al no estar satisfecha, ella misma se sacaba el miembro para incrustárselo en el culo, continuaba impulsando su trasero hasta sentir que los testículos frenaban la penetración en su recto, esto los enardecía y los llevaba al paroxismo del deseo ocasionándoles corridas increíbles; quedando temblorosos, exhaustos.
Nada más recuperar las fuerzas, la india empezaba a besar al gordo y a sobarle el miembro despertando nuevamente el deseo; le ponía la tranca a mil para montarse sobre ella; desde mi escondite apreciaba cómo iba desapareciendo en su gorda panocha; la india meneaba las torneadas caderas acomodando en su interior el enorme ariete; el gordo estaba en el cielo, el soberbio culo se elevaba para dejarse caer en violentas sentadas sobre la enorme tranca.
Estaba convertida en una ninfómana sin control alguno, dando salida a sus deseos reprimidos; yo mi verga botaba poca esperma de tantas pajas que me mandaba; la vi elevarse y extraerse el cipote, lucía enorme, embadurnado de leche desde la punta hasta los testículos; vi como elevaba su cuerpo para enfilar la punta del miembro en el hueco de su culo y hacerlo desaparecer en el interior sin ningún problema.
Los sonidos guturales llenaban el cuarto, bajos, roncos; los chirridos de la cama aumentaban igual hasta convertirse en traqueteos productos de la culiadera que se desarrollaba; el cipote cremoso entraba y salía aceleradamente del culo de la hembra hasta que los cuerpos empezaron nuevamente a convulsionar en violentos estertores; el cuerpo de la india estaba brillante de sudor; no pude soportar la visión de la película que se desarrollaba frente a mis ojos y eyaculé nuevamente contra la manchada pared.
Ellos no perdieron fuerza; aun con el cipote encendido el gordo le indico que se colocara sobre las rodillas, de espaldas hacia él; un espectáculo increíble; los glúteos levantados; el orificio del culo y la regordeta vulva chorreando esperma hicieron que me mandara otra tremenda paja; nuevamente la acopló por el culo; los embates dentro de su recto causaban que la leche manara aún más de su vagina; se lo extrajo y se lo incrusto en la rezumante panocha.
La india cabeceaba y contoneaba su cuerpo disfrutando de la tanda de verga que le estaban dando; se irguió sobre sus brazos presentándole más los glúteos, disfrutando todas las pulgadas de carne que entraban y salían de su orificio rectal; así continuaron hasta correrse; luego cogió su panocha atiborrándola de carne hasta colmar sus deseos; se desvanecieron sobre el lecho, uno al lado del otro; acunados aún con la enorme tranca dentro de su cuerpo.
Miré el reloj; habían pasado cuatro horas, cuatro horas de sexo; cuatro horas de paja que al final mi pene sólo hacía el ademán de expulsar semen pues ya no le quedaba gota alguna; me fui del pueblo; al cabo de un tiempo regresé por trabajo; me contaron que el gordo y la india se casaron y formaron una familia con tres niños; los vi a lo lejos; el gordo no estaba gordo debido al trabajo agrícola que hacía y la india estaba igual que como la recordaba esa noche me pajee solo con los recuerdos porque la pareja tenía casa propia y me conforme con atisbar a otra pareja a través de la rendija en la pared .
2 respuestas
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