Por

Anónimo

abril 22, 2017

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EL ALFÉREZ QUE DESVIRGUÉ

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Tengo 25 años. Me casé a los 22 y me divorcié a los 24. Mido 1,56. Soy pelirroja. No soy lo que se dice una belleza, pero tampoco soy fea.

El 15 de abril de este año. o sea, el pasado sábado, a las 6 de la tarde, estaba sentada en un taburete de la barra del bar Umia de Marín, cuando entró  por la puerta un joven con uniforme de alférez. Andaría en el metro ochenta. Era moreno, delgado, de pelo negro y ojos azules. Todas las miradas, femeninas y masculinas,  se posaron sobre él. Se acercó a la barra. Se puso a mi lado,  de pie. Después de pedir una cocacola, me preguntó:

-¿Esperas a alguien?

-No.

-Me llamo Alfonso. ¿Quieres tomarte otro wisqui conmigo?

-Ángela – mentí -. ¿Estás intentando ligarme?

-Mis ideas son más obscenas.

-Eso quiere decir que me quieres ligar para ver si me puedes follar.

-Lo que quiero es que me aprendas a hacer una cosa. Te puedo pagar un precio, si es razonable

-¡¡¿Me has visto cara de  puta?!! -le pregunté, mientras le lanzaba una mirada de  pantera herida.

La camarera, una chica de unos veinte años, guapota, le puso a él  la cocacola y a mí otro wisquí, y me dijo:

-Follátelo, tonta. Si tú no te lo follas, y él quiere, me lo follo yo, y gratis.

El joven, sonrió a la camarera, después me miró con aquellos ojazos azules, y me respondió:

-No. Yo sólo quiero aprender. 

-¿Y qué se supone qué quieres aprender?

-Como hacer llegar a una mujer al orgasmo comiéndole el sexo.

-Quieres que te enseñe, paso a paso,  como se come un coño hasta que la mujer se corre. ¿Es eso?

-Sí, y como calentar antes a esa mujer. Nunca estuve con una.

Yo, estaba de paso en Marín. Allí no me conocía nadie. El tipo estaba de escándalo. Encima era un virguito, así que le dije:

-Claro, si a una mujer no se la calienta no deja que se la coman.  Hay que tirarle una paja…

La camarera, al oír lo de la paja, exclamó:

-¡Qué aprovechada la turistiña! ¡¡Para paja la que me voy a tirar yo al llegar a casa!!

El joven, volvió a sonreír a la camarera, y luego me dijo:

-¿Te animas?

-Si tienes dónde…

Me llevó a su piso.

Desnudos sobre una cama doble, empecé la lección.

-Bésame… Dame la lengua… Chupa y acarícia mi lengua con tu lengua…  Acaricia mis tetas… Bésame el cuello… Muérdeme suavemente los lobulos de las orejas… Otra vez el cuello… Bésame… Vete besando mi pecho hasta llega a las tetas… Pasa la lengua por las areolas sin dejar de acariciarlos… chupa los pezones… muérdelos suavemente… Chupa y lame pezones y areolas… muérde los pezones… chupa y lame… Baja una mano a mi sexo.

-Así, depiladito y mojado dan ganas de comerlo.

-Cada cosa a su tiempo. Mete dos dedos… Mete y saca los dedos tocando la pared superior de mi vagina… Sigue chupando y lamiendo los pezones… ¡¡Para, para que me voy a correr!! 

-¿No quieres correrte?

-Claro que sí. Vete besando mi cuerpo hasta llegar al ombligo… Bésalo y acarícialo con la lengua… Vete besando hasta llegar al lado de mi sexo… Pasa la lengua ambos lados, sin llegar a tocarlo… Besa mis muslos… Mete la punta de tu lengua en mi ano… Fóllalo… Súbela un poquito y métela dentro de mi sexo… Pon tu lengua sobre  mi clótiris -se lo señalé-. Muévela suavemente de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba… Mete y saca la punta de la lengua en mi sexo… Clitoris… hacia los lados,… Suavecito, suavecito…. Vuelve a meter y sacar la lengua en mi vagina… Clítoris… en espiral… Hacia arriba y hacia abajo… Suavecito, suavecito, suavecito… Aprieta la legua contra mi clítoris. Muévela rápido, más rápido…

Me corrí como si estuvieran matando de gusto. Mis gemidos y convulsiones, junto a la corrida que llenó su boca de fluido vaginal, pusieron a Alfredo como una moto. Me  metió sus 18 centímetros de polla en el culo, que estaba mojado de mi corrida y comenzó a follármelo. Aquello no estaba en el trato, pero me encantaba. Poco después, le dije:

-Creo que voy a tener un orgasmo anal.

Siguió follándome el culo, cada vez más aprisa y con más fuerza. 

-¡Me voy a correr, Alfredo, me voy  correr! -exclame sintiendo que iba a explotar.

-Y yo.

-¡Mírame. Quiero ver tu cara cuando te corras!

Nos miramos a los ojos, pero los míos se cerraron con el placer que senti al comenzar a correrme. Los quise abrir, pero ya no veía nada. Se me habían puesto en blanco. Fue una corrida inmensa. La segunda de las nueve que que tuve aquella tarde de pasión desenfrenada.

                                                                                              FIN

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2 respuestas

  1. nindery

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