Cuando ella conoce al macho alpha negro (3)
La abrace con cariño, me busco la boca y se la di. Enmanuel se colocó detrás, con sus pies la abrió las piernas, acomodó la pitón en su coño, y como un cuchillo entra en la mantequilla asà entro entró él en el maltratado chochito de mi mujer.
La agarro del pelo para apartarla de mi boca. Allà estaba yo a escasos centÃmetros de mi mujer empalada por una pitón negra. Dándola uno pollazos la removÃan todo el cuerpo y la hacÃa estar de puntillas.
Con la mano libre empezó a maltratarla las tetitas con sobeteos a mano llena y pellizcos en los pezones. Al primer pellizco-apretón de tetas mi mujer de nuevo se derrumbó corriéndose por sexta vez, dejando los brazos a los lados agotada.
La empujo levemente contra mÃ, para que la abrazara, la agarró la cadera para que echara el culo atrás, mi mujer me miró con cara de acojonada, sabÃa lo que venÃa ahora.
Escupió sobre el ano de mi mujer, escupió sobre su polla, diciendo:
– Ahora puta blanca tu conocerás como se mueve macho negro.
Agarro el nabo y apunto al ano de Mirian. Ella instintivamente y viendo que ya no habÃa remedio, se abrió los cachetes del culo para facilitar la inevitable maniobra.
La perforó como un percutor. Fue dando empujones poco a poco hasta que sorprendentemente se la enterró entera.
Ensartada en semejante pollon, mi mujer elevo el cuerpo, para recibir mejor el ataque, el metió dos dedos en forma de gancho en su más que irritado coño, y frotando empezó a mover la carne en su interior.
Mi mujer solo nombraba al creador ¨Dios, Dios, Dios¨.
Y volvió a empezar a tener micro orgasmos continuos, hasta que Enmanuel bramo diciendo algo en su idioma inentendible para nosotros y aumentando el ritmo, que ya era frenético se corrió gritando tan alto que seguro cualquiera de estuviera a 600m a la redonda lo oyó.
Se salió de mi mujer que al soltarla se vino hacia mi completamente agotada y rota.
Enmanuel, la agarro, hizo ponerse a cuatro patas en el suelo y la abrió el culo diciéndome:
– Mira ahora tu Mujer es mi puta, quiero que la folles tu con mi leche dentro, venga.
Del culo de mi mujer emanaba una fuente se leche, muy amarilla, muy espesa, olÃa fuerte algo desagradable, el ano de Mirian era un poema, enorme. Pero con el calentón que llevaba no dude, y se la clave por el culo, sentÃa mucho calor y poca fricción, pero el morbazo me podÃa.
Con la polla aun enorme en la mano, se fue a la boca de mi mujer para que se la mamara, mi mujer noto el fuerte olor de su semen e hizo ademan de no mamársela, pero Enmanuel, agarrándola del pelo, obligándola a metérsela en la boca la increpo:
– Tu no acostumbrada a leche de macho negro, acostúmbrate vas a tomar mucha.
Y mi mujer empezó a comérsela como solo ella sabe. Con esta imagen, me corrà dentro del culo de mi mujer añadiendo mi lechecita al baño de Enmanuel.
Nada más acabar yo, la puso de rodillas. Y la volvió a dar a mamar. IncreÃblemente su polla seguÃa bien dura. Con la boca de mu mujer trabajando el capullo, empezó a pajearse:
– Como no te ha gustado mi leche, ahora la vas a tomar toda.
De nuevo grito en su idioma y agarrando a mi mujer del cuello, la hizo tragar hasta la última gota. Cosa que ella con terrible esfuerzo trago y aguantó.
Casi se ahoga dando arcadas, pero hasta lo que habÃa rebosado por la comisura de sus labios, ella con su dedo lo recogió y mirándole con cara de puta sumisa se lo metió en la boca chupándolo con vicio.
Nos pusimos de pie nos arreglamos la ropa.
Emanuel concluyó:
– Yo voy a casa, hoy gente, pero mañana yo quiero en mi casa, ya hablamos.
– Por la mañana vosotros por aquà en playa nudista yo os busco y ya juntos.
– Tu muy bien puta, me gusta mucho, nunca una blanca como tu aguantas, yo voy a dar lo que tú necesitas.
La dio otro morreo, y un beso en la cara, a mà me dio la mano.
Cogà a mi mujer de la cintura, estaba destrozada y agotada.
Solo la miré a los ojos y la pregunté:
– ¿Bien cariño?
– Muy Bien amor, pero es enorme, me mata. Me respondió mordiéndose el labio y poniéndome cara de golfa.
Nos retiramos para el hotel abrazados, yo dándole vueltas y aún caliente por la experiencia vivida y mi mujer apoyada en mi con los ojos casi cerrados completamente agotada.
Ya en la habitación la ayude a desnudarse, tenÃa todo irritado, coñito, ano, manos marcadas por todo el cuerpo, estaba pegajosa de mezcla de semen y flujos.
Se sentó en la taza del WC y mirándome con su carita de zorra me dijo:
– Ven anda cornudito que no te voy a dejar que te acuestes con la polla durita.
Me la agarro por la base y se la trago entero, no tarde ni 3 minutos en inundar su boca mientras me maltrataba los testÃculos. Como siempre fue buena chica y se lo tomo todo.
– Que rica tu leche cariño, nada que ver con la de Enmanuel, peor no te preocupes que no te dejaré mal.
Nos duchamos y a dormir…
Continúa


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