Por
Anónimo
Con mi amigo bien dotado. Dolor y placer.
Soy Elba, tengo 45 años, profesora de literatura, buen físico, casada hace 25 años con Juan Carlos. No tenemos hijos. Hace algún tiempo para salir de la rutina y mantenerme físicamente bien, comencé a entrenar en un Gimnasio dos veces por semana. Allí conocí a Claudio, coincidimos en grupo y horario. Caballero, de 35 años, de un físico muy bien cuidado. Con Ana, que también está en el grupo pusimos nuestras miradas a la entrepierna de Claudio, mostraba un bulto prominente, algunos días resaltado por sus pantalones, que dibujaban un atributo grueso y largo. Impresionaba ya que no estaba erecto. Mi imaginación lo figuraba inmenso. Cuando me duchaba terminaba masturbándome pensando en un encuentro con Claudio. Pergeñe un plan para juntar al grupo de Gym en una cena. Durante la semana expuse mi idea, la que fue aceptada por los ocho del grupo. Acordamos encontrarnos el viernes en un coqueto restaurante ubicado en las afueras de la ciudad, con la particularidad de poseer un hermoso patio arbolado. Puntuales a las nueve de la noche estábamos todos. Mi contorneado cuerpo lucia un delicado vestido rojo que realzaba mi figura y marcaba la micro tanga que portaba. Mis hermosos pechos sin sosten, dibujaban la aureola debajo del vestido. Saludé a todos y fui en busca de Claudio, con una copa de cortesía salimos todos al patio, una frondosa arboleda que invitaba a recorrerla. El llamado del mozo puso coto a mi imaginación. Volvimos al salón y disfrutamos de una opípara cena. Decidimos disfrutar unos espumantes en el patio, me acerqué a Claudio, cruzamos nuestros brazos y brindamos. Me preguntó porqué brindamos, le dije por esto, lo que se inicia, por nosotros. Su guiño cómplice y su sonrisa fue el inicio de nuestra relación. Caminamos hacia el Interior de la arboleda, con la semi penumbra, nos unimos en un beso interminable. Bajó la hombrera de mi vestido, besó mis pechos, su mano levantó mi vestido, hurgando en mi vagina, muy húmeda. Mi primer orgasmo no tardó en llegar. Llevó mi mano a su bragueta, ya asomaba su tremendo miembro, me arrodille, y lo recorrí con mis labios, mi boca. Temblaba, era más grande de lo que había imaginado. Cómo el lugar no nos permita comodidad para la intimidad, regresamos con el grupo, los dos extremadamente excitados. Compartimos unos instantes más, pagamos y nos fuimos. Maneje mi auto un par de cuadras, lo estacione y me pasé al suyo. Rumbo al motel el acariciaba mis pechos y yo su pene. No alcanzamos a cerrar la puerta, me desnudo, me acostó de espalda en la cama y me hizo sentir su lengua en mi vagina, llené su lengua, boca con mi leche, el se terminó de desnudar, me corrió al borde de la cama, mis piernas en sus hombros, comenzó a fregar su miembro en los labios de mi vagina, la cabeza era inmensa, la colocaba, jugueteaba, pequeños empujones y no lograba penetrarme. El dolor me hacía correrme hacia el centro de la cama, así llegué al tope del respaldo, Claudio seguía buscando penetrarme, jugaba. Se acostó sobre mi, besó mis pechos, luego mis labios, su lengua jugaba con la mía. El temblor de mi cuerpo lo alertó sobre mi orgasmo, me dejó transitarlo con un beso profundo, es su plenitud, previo vaivenes cortos , un fuerte empujón puso los veinte centímetros de su miembro dentro mío. Algo se desgarró en mi vagina, solté un grito. Mis ojos se llenaron de lágrimas, el en su máximo de excitación me penetraba muy profundamente, sin pausa. Otro orgasmo me conmovio, este fue más placentero, estaba gozando. De pronto sentí que su miembro se engrosaba dentro mío, muy adentro descargo su tibio río de semen. Permanecimos abrazados besándonos. Cuando retiró su pene, sangre y semen mancharon las sábanas. Es real, mi curiosidad me llevó a entregarme a mi amigo. Fue dolor y placer, al final mucho más placer.
Una respuesta
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