Comida Erotica
Suspiró haciendo que él replicara molesto cuando algunos pedazos de pescado se resbalaron por su piel hasta caer en la base donde se encontraba.
�Estate quieta� � Masculló cogiendo con unos palillos los trozos caÃdos y limpiando con una servilleta su vientre antes de colocarlos encima.
�¡Pero! � Se quedó ella.
Él la acalló con un dedo sobre sus labios y siguió afanándose en colocar el pescado, y lo que no era pescado, sobre el cuerpo desnudo de ella, tumbada boca arriba sobre la mesa de la cocina donde se suponÃa tenÃan que estar comiendo en ese momento y no soportando semejantes ideas de su pareja.
Lo acababa de ver en un artÃculo, el arte japonés de comer sobre un cuerpo humano, pero para él la cosa iba más allá y eso lo sabÃa ella aún sin que se lo dijera. Iba a ser más que comer, lamer o chupar, y eso hacÃa que estuviera inquieta y excitada para quedarse quieta. Era superior a ella.
Los dedos de él le acariciaron por el vientre hacia su sexo y se tensó ante ese roce cerrando las piernas. Notó cómo hacÃa que se abriera un poco y sintió algo lÃquido que la asustó por la frescura que tenÃa. Iba a derramarse el lÃquido si no tenÃa cuidado.
Escuchó la risa de aquel que estaba poniéndola en un aprieto y quiso replicarle pero justo en ese momento colocó en su boca una cereza sosteniéndola con los labios para él abatirse sobre ella y tomar esa cereza en su boca a la vez que la enterraba en la de ella haciendo que, entre los dos, mordieran y fueran acabando con ella hasta que solo quedó el hueso en la boca de él.
Se separó de ella sacándolo y observando el color enrojecido de las mejillas de ella, sus labios hinchados y de un color carmesà que tanto lo excitaban, el mismo color que, sin duda, tendrÃa en su interior en una parte más baja de su cuerpo.
�Hora de comer. � Anunció sentándose en una silla y cogiendo con los palillos algunos trozos de comida que mojaba en el lÃquido que ella trataba de que no se derramara ni se filtrara.
�¿Y yo? � Preguntó ella al ver cómo degustaba cada manjar.
�Después. � Respondió terminando con la conversación y rozándola más Ãntimamente en esa zona que empezaba a segregar flujo y a mezclarse con el lÃquido que contenÃa. � Ahora está más rico. � Comentó él relamiéndose.
Se levantó de la silla inclinándose sobre ella pero, esta vez, su boca empezó a sorber el lÃquido entre sus piernas hasta que apenas quedó. Fue cuando se movió y abrió las piernas de ella para poder introducir su cabeza y, ahÃ, sacar la lengua para rozarla suavemente, lo suficiente para que ella respingara y gimiera contrayéndose su vientre por la anticipación de lo que vendrÃa cuando bajara unos milÃmetros su cuerpo.
Una y otra vez la lengua de él hizo maravillas en su cuerpo llevándola cada vez más y más cerca de una catarata de orgasmos. Cada vez que la rozaba en el clÃtoris estaba un paso más cerca de ese momento y, cada vez, la dejaba con más ganas. Estaba siendo malo por atormentarla de esa forma sin dejar que llegara al clÃmax.
En cambio, ella sabÃa que ahora se deleitaba mucho más que con el lÃquido de antes. Chupaba y succionaba queriendo que saliera más mientras sus manos le apresaban los pechos y jugaban con sus pezones. Era un mar de sensaciones envuelta en comida, una comida que estaba degustando él, dejándose llevar ella.
Tal era la excitación que no podÃa controlar su cuerpo, los músculos vaginales implorando por algo de atención que pronto vieron cumplidos cuando él introdujo sus dedos acariciándola por dentro mientras su boca empezaba a darle bocados en su clÃtoris. La otra mano apretó con fuerza el pezón sumiéndola en un hervidero eléctrico que terminó con su poca resistencia empapándole con su propio orgasmo.
�¿Seguimos? � Preguntó él relamiéndose los labios cuando ella levantó la cabeza buscando su contacto. Lo vio cogiendo uno de los alimentos que se habÃa caÃdo de ella y se lo llevó a la boca no sin antes pasarlo por su sexo para humedecerlo más y, con ello, rozarla en su parte más inflamada y excitada en esos momentos.
Cayó sobre la mesa de nuevo incapaz de protegerse ante el segundo orgasmo catapultándola a un mar de sensaciones únicas. A ese paso, no serÃa el último que tuviera esa noche.
Mitsuki
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2 respuestas
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