enero 20, 2026

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Cogiendo con la novia de mi primo

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Todo empezó cuando teníamos 22 años, yo y mi primo al que llamaré Julio éramos muy unidos. Cada fin de semana solíamos tomar en su departamento mientras jugábamos cartas o veíamos alguna película. Él tenía una novia a la cual llamaré Lucía.

Lucía tenía 18 años, flaquita, de pelo rizado, unos ojos redondos negros, piernas delgadas pero con un culito bien parado. Siempre andaba de mayones y con tacones, medía como 1.50, de piel apilonada y con unas tetitas pequeñas pero redonditas. Desde que la conocí no sé por qué pero se me antojó. Obviamente no le hablé porque era la novia de mi primo.

Pasaron como 3 meses y se mudaron juntos Lucía y Julio. Ellos vivían en un departamento de dos recámaras: en una recámara estaba la cama, un sofá y la televisión; en otra recámara dormía un hermano de Julio. Como siempre, cada fin de semana seguí yo procurando a mi primo, tomábamos y platicábamos.

Un sábado por la noche fue el cumpleaños de Lucía, por lo que mi primo me invitó a mí y a una hermana de Lucía, le llamaremos Ana. Los 4 nos reunimos en su cuarto donde estaba su cama. Ana tenía como 20 años, de buen ver pero algo gordita. Habíamos cruzado algunas palabras anteriormente, pero solo momentos.

Esa noche, Lucía, Ana y Julio se pusieron a jugar cartas sobre la cama. El que tuviera menos puntos tomaba un shot de tequila. Yo permanecía en el sofá al lado de la cama, observando y viendo la tele. No soy mucho de jugar cartas, por lo que estaba tomando pero no al ritmo de ellos.

Pasaron cerca de 4 horas, para eso eran como la 1 de la mañana. Mi primo al parecer era el que había perdido más veces, pues ya estaba muy borracho, mientras Lucía y Ana seguían jugando y riéndose. No pasaron más de 10 minutos para que Julio se quedara dormido. Se acomodó y se quedó recostado.

Lucía y Ana comenzaron a platicar conmigo, que les había seguido el juego todo el tiempo. Ya estábamos algo tomados los 3. Lucía dijo que iba al baño ya que este estaba en la primer planta. Me quedé platicando con Ana, le presumía mi bíceps. Le pregunté «¿te gusta?».

«No me llama tanto la atención, me gustan más los gorditos y mayores, como de 30 para arriba», contestó. «Pero yo sé de alguien a quien sí le gustaría probarte», me dijo. Desde ese momento supe que se refería a Lucía.

La verdad, Lucía me gustaba, aunque fuera la mujer de mi primo. Siempre aprovechaba cada que ella se paraba para mirarle el culo, aparte que caminaba de una forma que hacía que se me parara el pito. Lucía regresó del baño y se sentó sobre la cama. Yo me senté en el sofá, este estaba al lado de la cama. Los tres mirábamos la tele.

Desde ahí no pude sacar la idea de que quería besar a Lucía, y luego con copas encima ya se imaginarán. «Voy al baño», dijo Ana. Se paró y comenzó a caminar. Cuando escuché que bajaba las escaleras, yo me puse de pie y caminé hacia Lucía.

«Nunca te di tu abrazo de cumpleaños», le dije. Extendí mi mano y la levanté de su mano. Ella levantó la mirada y me vio con una cara entre sorpresa y agrado. La abracé y le dije feliz cumpleaños. Ella recargó su cabeza sobre mi hombro mientras decía gracias.

Cuando iba alejando su cara, nos miramos de frente. Yo tenía mis manos en su pequeña cintura y ella sus manos sobre mis hombros. Me se quedó mirando y me lancé sobre su boca. Fue un beso muy apasionado, corto pero intenso.

Al terminar el beso me dijo: «besas muy rico y me gustas mucho, ya estaba tomada». «Yo también, pero no tanto», por lo que no pude desaprovechar la oportunidad. Ana volvió a subir y se sentó en la cama al lado de Julio, el cual estaba muy dormido. Yo ya estaba sentado en el sofá.

Lucía caminó hacia el sofá y se sentó junto a mí. Acarició mi brazo y me dijo: «¿podemos repetirlo?». Me quedé sorprendido. «¿Cómo crees? Ahí está Ana y obvio…» Se ve que Lucía no le importó: «No te preocupes, no se va a dar cuenta».

Ana se acostó de frente a la tele. Se podía ver que estaba a nuestro lado, pero nos daba ligeramente la espalda. Lucía y yo comenzamos a besarnos. Ella bajó su mano hacia mi pene y comenzó a acariciarlo mientras me besaba como si tuviera muchas ganas.

No aguanté las ganas y me bajé el cierre. «¿Qué haces?», dijo Lucía. «Téngotela para que no solo la imagines», le dije. Lucía comenzó a mamarme la verga como hambrienta, mientras yo aguantaba las ganas para no hacer ruido.

Así estuvo cerca de 10 minutos, chapando mi pito, mientras yo acariciaba su culito en mayones. Ana comentó: «Ya me voy». Al parecer se dio cuenta, jaja. Obviamente sabía que estábamos haciendo, pero no nos importó con las copas de más que habíamos tomado.

Lucía se paró y le dijo: «Te acompaño». Bajaron las escaleras y la llevó a la salida. Yo me quedé sentado en el sillón con el pito parado, pero lo guardé. Mi primo seguía muy dormido a no más de 2 metros de distancia.

Lucía volvió a subir y cuando entró al cuarto empezó a caminar sexy. Me miró con unos ojos de lujuria y me dijo: «Ven, ahora sí en qué estábamos». Ya no pude aguantar las ganas y nos quedamos parados besándonos.

La tomé de la cintura y le di media vuelta. Tomé su mayón con mi mano derecha, lo bajé a la altura de las nalgas, mientras mi mano izquierda la tomaba de la nuca y la empujaba para que se empinara. Me abrí el cinturón rápido, me bajé el pantalón y el bóxer mientras ella me esperaba con el culito parado.

Mi pene ya estaba escurriendo y la vagina de ella muy mojada. La tomé de la cintura y comencé a penetrarla. Lucía: «Que rico pito tienes, ah, ah, pero no puedo hacer mucho ruido». «Cállate», le dije, y la comencé a jalar para que rebotaran sus nalguitas contra mis muslos.

Estaba muy apretadita y, como era flaquita, se sentía riquísimo. Ella decía entre susurros: «Que rico me coges», mientras veíamos como dormía mi primo. La seguí penetrando mientras se ponía de perrito. La tomé del pelo, le dije: «Ya no puedo más», y me vine en su vagina.

Ella jadeaba: «Ay, que ricoooo, pero ya por qué va a despertar Julio». Me subí el pantalón, me fui al baño y ella se sentó junto a Julio. Cuando regresé le dije: «Ya me voy», así sin culpa ni arrepentimiento.

Me dijo que no me podía ir, que me quedara, o él iba a preguntar cómo me fui, y si me quedaba pensaría que me quedé dormido también. Esa noche fue riquísimo. Después de eso no pude dejar de mirarle el culo a Lucía e imaginar lo rico que gemía y cómo se le veía el culito empinado.

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