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Castigo en el gym con mi entrenador
Para ponerlos en contexto, yo llevo meses yendo a este gym y mi entrenador es… otro nivel. Es de esos tipos que intimidan solo con la presencia, súper profesional, pero siempre sentí que había una tensión rara entre nosotros, como que me miraba más de la cuenta por el espejo.
Hoy llegué tarde, el gym ya estaba casi solo y me tocaba pierna. Yo me puse mi conjunto más pegado, de esos que te hacen ver un cuerpazo, y parece que él lo notó desde que entré. Estábamos en la máquina de extensión y él se puso detrás de mí para «ayudarme» con las últimas repeticiones. Sentía su pecho rozando mi espalda cada vez que yo bajaba el peso y, de la nada, se inclina y me dice al oído con esa voz súper ronca que tiene: «Si vas a entrenar así de intenso, vas a tener que aguantar el castigo después».
Se me puso la piel de gallina. Me quedé sin aire y cuando lo miré, él tenía una sonrisa de esas que te dicen que sabe exactamente lo que me está provocando. Terminamos la rutina y me dijo que, como el gym ya iba a cerrar, los estiramientos los íbamos a hacer en el salón de yoga, que es un cuarto pequeño que está al fondo, súper privado y con las luces bajas.
Me dijo: «Adelántate, voy por unas toallas y te alcanzo». Chicas, caminé hacia allá con las piernas temblando, no sé si por el ejercicio o por los nervios. Entré al salón, me senté en el mat y a los dos minutos escuché cómo se abría la puerta. Él entró, no traía ninguna toalla, se me quedó viendo de arriba abajo y, sin decir una sola palabra, le puso el seguro a la puerta por dentro.
Se me acercó, se puso de rodillas frente a mí y me dijo que me olvidara de los estiramientos normales, que hoy íbamos a probar algo diferente porque me había portado muy rebelde durante la clase. No tienen idea de lo que pasó después…


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