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Anónimo

octubre 30, 2025

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Casi me atrapan masturbando a mi hermanastra, a su mamá no le gusta que nos bañemos juntas

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Cuando vuelvo de hacer deporte llego muy excitada por alguna razón, esta vez mi cómplice fue mi hermanastra, volvimos de andar en bicicleta y no nos resistimos, casi nos atrapan, me oculté con la boca entre sus piernas, mientras golpeaban la puerta.

Llegamos a casa después de horas fuera andando en bicicleta. El sudor nos empapaba, manchas de sudor en toda nuestra ropa. Mi hermana y yo intercambiamos una mirada cargada que decía más que cualquier palabra. Subimos las escaleras hacia mi habitación con una urgencia que hacía temblar mis piernas, ya débiles del ejercicio.

Al cerrar la puerta, la tensión estalló. Ropas sudadas cayeron al suelo en un desorden glorioso hasta quedar desnudas, piel contra piel, ansias contra ansias, nuestras manos recorrían el cuerpo, de la otra, lubricado de sudor. Empujándola suavemente, guié a Catalina hacia el baño. El chorro caliente de la ducha nos envolvió en una nube de vapor, aislando nuestro mundo del resto.

Y entonces comencé a saborearla.

Mi búsqueda fue metódica, obsesiva. Empecé por su cuello, lamiendo la línea de su mandíbula, bebiendo las gotas de agua y sudor. Sus manos jugando con mis nalgas, las mias en su cintura, su muslo rozando entre mis piernas. Mis labios encontraron sus pechos, rodeando cada pezón hasta sentirlo endurecerse contra mi lengua.

La obsesión me poseía. Giré su cuerpo contra la pared fría y, en un acto de pura adoración y excitación, levanté su brazo. Mi lengua recorrió la suave piel de su axila, un territorio íntimo y salado que me pertenecía. Catalina gimió, arqueándose contra mí.

En ese éxtasis de sensaciones, no oímos el auto llegar. Pero sí oímos, nítidos a través de la puerta, los pasos y la voz de su madre –«Ya llegaron?».

Me quedé inmóvil, mi bajo vientre contraído por el pánico. Catalina, con voz que intentaba ser calmada pero quebrada por el placer, respondió –«Sí mamá, yo me estoy bañando».

Yo no podía hablar. No podía moverme. Mi boca estaba ocupada, enterrada en el centro mismo de Catalina, en ese lugar húmedo y palpitante que ahora era mi único universo. Al escuchar los gritos y preguntas de su madre preguntando por mí, alegando si no me estaba bañando con ella, también a mi hermana tratando de alejarla, ocultándome para no generar una gran discusión, algo en mí se quebró. La urgencia se volvió desesperación. Afuera, los pasos de su madre se alejaron.

Mis lamidas se hicieron más rápidas, sucias, casi violentas. Mi lengua atacó su clítoris con una furia posesiva mientras mis dedos se enterraban en su interior. Catalina intentaba formar palabras, inventar una excusa, decir dónde estaba yo, pero solo conseguía gemidos entrecortados.

Jadeaba mi nombre, mientras sus manos empujaban mi cabeza, para alejarme, otras para clavarme más contra ella. Era un forcejeo delicioso, una lucha donde ambas queríamos lo mismo.

En el torbellino, Catalina perdió el equilibrio. La sujeté con fuerza y la empujé contra la pared. Levanté su pierna sobre el borde de la bañera, abriéndola completamente. Ahora mi ataque era total mi boca, mis dedos, toda mi atención concentrada en su vagina.

Sus dedos se enredaron en mi cabello, guiando el ritmo, pidiendo más, más fuerte, más rápido. Sentí cómo su cuerpo comenzaba a temblar, cómo sus músculos internos se apretaban alrededor de mis dedos. La embestí con toda la fuerza de mi obsesión, mis dedos jalaban dentro de ella, ya se escuchaba sumamente húmedo, abrí mi boca, saqué mi lengua, y entonces ocurrió lo que deseaba, un chorro cálido brotó de ella, luego otro, y otros, pequeños squirts que en mi boca se mezclaron con el agua de la ducha, mojaron mi rostro, mi pecho.

Su orgasmo fue un grito ahogado en el vapor, un temblor que recorrió todo su cuerpo. Yo no me detuve hasta sentir las últimas contracciones, hasta que sus piernas ya no pudieron sostenerla y tuve que cargar con su peso contra la pared.

El silencio volvió, roto solo por nuestra respiración jadeante y el agua que seguía cayendo. Nos miramos exhaustas. En sus ojos vi reflejada mi propia locura, y supe que este secreto nos uniría mucho tiempo más.

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