Así soy, sin límites
Desde que tengo memoria, mi cuerpo es una fábrica de calentura que nunca para. No tengo límites en nada, de verdad, cero. Le entraría a todo, a todos, en cualquier lado, porque esta sed de sexo y placer que tengo adentro nunca, nunca se sacia. Es como un monstruo que vive en mi pepa y me hace hacer cosas que otras tachan de locas.
Me encanta exhibirme en redes, subir fotos donde se me vea todo, esos poses que sé que van a poner duras a media internet. Pero eso es solo el comienzo. La adrenalina de verdad me la da lo prohibido. Coger con mis familiares, por ejemplo. Mi primo, ese que todos ven como el chico bueno, ya sabe lo que es que me trepe en su verga mientras la familia almuerza al otro lado de la puerta. Mis amigas, esas que juran ser santas, también han probado mis dedos o mi lengua en sus pepas después de una fiesta, borrachas y curiosas. Y mis amigos, pobres, creen que soy su compa, pero varios ya han soltado su leche en mi boca o en mi culo, confundidos pero felices.
Tengo novio, sí. Un pobre huevón que cree que soy su princesa fiel. Lo que él no sabe es que amo ser infiel. Amo la cara de sorpresa de un hombre cuando le digo que tengo pareja pero que igual me lo quiero coger. Y ser la otra, ufff, eso es otro nivel. Saber que un tipo prefiere mi cama a la de su mujer, que arriesga su matrimonio por una noche con esta zorra… eso me sube el ego y la calentura a niveles estratosféricos. Qué rico se siente poder disfrutar de todo sin remordimientos. ¿Remordimientos? ¿Eso qué es? Yo solo conozco el placer.
Me la paso masturbándome en todos lados. En el trabajo, encerrada en el baño, metiéndome los dedos mientras pienso en el jefe. En mi casa, con la ventana abierta, por si algún vecino quiere ver el show. Hasta en el transporte público, marica, rozándome contra el tubo o contra algún pasajero despistado, fingiendo que es un accidente. Donde sea que me agarren las ganas, ahí me toco, porque esta chochita no entiende de horarios ni de lugares decentes.
Algunas de las cosas que pienso o me imagino, sé que están “mal” para el resto del mundo. Pero a mí, ¿sabes qué? Me vale verga. Qué rico es imaginarme a mi propio papá cogiéndome, o a mi hermana menor chupándome las tetas. Qué rico es ver porno de los más heavy, de esos que te sacan los ojos, y excitarme igual. Disfruto de todo, sin filtros, sin miedo.
Me gusta ser así. Una zorra de verdad, una puta sin vergüenza. Y siento bien rico decirlo, bien rico vivirlo. Porque esta es yo, sin tapujos, y no pienso cambiar por nadie. Si la vida es corta, yo voy a venirme todas las veces que pueda, con quien pueda, y donde sea. Y el que no le guste, que no mire, pero que no me joda.
Una respuesta
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Debemos ser hermanas


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