Ana M mi fantasia
Gire mi cabeza y pidiendo disculpas, me di cuenta que eras tu. Nos miramos fijamente a los ojos por unos segundos por que la sorpresa fue única y saber si lo que estaba pasando era real o no. Nos reÃmos y nos saludamos con un abrazo.
Te recostaste contra la barra del bar y comenzamos hablar un poco. Pediste dos cervezas sonreÃste y te fuiste. Te seguà con la mirada y note que estabas en una mesa con varias personas.
Después de un rato regresaste y tocándome en el hombro , me estabas invitando a bailar. Accedà a tu petición. La música a todo volumen, los cuerpos bailando a nuestro alrededor, el olor de cigarrillo y trago se mezclaban en el aire, y comenzamos a bailar. Nos reÃamos y poco a poco nuestros cuerpos se fueron juntando al ritmo de la música. Sin decir nada, comenzaste a bailar un poco mas atrevida. Bailabas pegando tus caderas con una sensualidad única. El humor que desprendia tu cuerpo, estaba alimentando mi mas remoto y antiguo instinto animal. Te seguà el ritmo sin pensarlo dos veces.
Nuestros cuerpos juntos y bailando al unÃsono dentro de un mar de personas, nuestros labios se rozaban y sabÃamos que estábamos deseando y esperando que alguien sin querer queriendo nos empujaba para que dejara de ser un simple roce.
No me aguante las ganas y te besé. Tu me respondiste de la misma manera. Y ese deseo y esas ganas reprimidas fueron las causantes de ese impulso mio. Sabias a licor, y ese sabor me llevo a desear mas.
De repente la música cambió y pudimos sentir que las personas estaban yéndose a sus mesas. Me soltaste rápidamente y te fuiste a tu mesa dejando alli en la pista de baile con mis deseos alborotados.
Me sente en la barra y desde alli te observaba. Tu con tu mirada pÃcara, y mordiéndote los labios, sonreÃas viéndome sufrir. Sin decir nada, cogà mi cerveza y camine hacia tu mesa. Alli me encontraba de pie y todos me miraron preguntándose quien era yo. Tu saliste en mi defensa diciendo que soy un amigo tuyo de la universidad. Y me presentaste como Marcos.
Todos se presentaron y me llevé una gran sorpresa cuando me presentaste a tu esposo, su nombre Ronaldo.
Me invitaron a sentarme en frente tuyo y comenzamos a reÃrnos y a beber. Entre risas y tragos, nos mirábamos y me coqueteabas disimuladamente. Asà fue todo ese rato que estuvimos alli sentados.
Llego la hora de partir, cuando tu esposo nos dice a todos que la siguiéramos en su casa. Todos aceptaron y te mire a los ojos y me unà a esa invitación.
HabÃa baile, risas, chistes, mÃmicas, trago, cuando sonó la canción con la que estábamos bailando en la discoteca. Varios de tus amigos se dispusieron a bailar, y nosotros tan solo nos miramos con una sonrisa cuando tu esposo te saco a bailar.
La noche seguÃa su rumbo al mismo tiempo que los tragos. Más de uno se habÃa ido y otros pocos tomados estaban durmiendo. Quedamos tu esposo , tu y yo. Tu esposo sentado hablaba conmigo y de repente se quedó dormido. Fue entonces que me puse de pie y me dirigà a la cocina donde te encontrabas, para despedirme y saliste a ver y notaste que tu esposo estaba dormido en el sofá.
Te colgaste de mi cuello y comenzaste a besarme apasionadamente. Tu lengua comenzó a recorrer toda mi boca, chupaste mis labios de una manera deliciosa y tu respiración comenzaba a agitarse. Te detienes y comenzaste a manosearme. Me colocaste de espaldas a contra la pared, y me estabas desabrochando los pantalones. Te pusiste de rodillas y me decÃas que vigilará a tu esposo ya que desde donde nos encontramos se veÃa perfectamente la sala.
Bajaste mis bóxer y te detuviste por unos segundos detallando cada parte de mi virilidad. VeÃa que se te hacia agua en tu boca, note que deseabas con lujuria comerte ese falo que tenias en frente tuyo. Lo agarraste con una mano y te lo pasabas a la otra. Me decÃas que mi piel era única y con tus dedos recorriste cada centÃmetro de mi hombrÃa.
De repente tu lengua comenzó a recorrer mi báculo mientras tus manos acariciaban mis testiculos. Y poco a poco abriste tu boca y fuiste metiendo en ella ese Ãdolo de carne.
Mis ojos pendientes de tu esposo y al mismo tiempo observándote como te estabas ahogando con mi tallo. Me estabas dando el mejor oral que habÃa recibido en muchÃsimo tiempo. MordÃas, chupabas, escupÃas…
Tu saliva recorrÃa por todo ese Ãdolo ardiente que estaba reclamando su devoción en silencio.
Sabias lo que estabas haciendo por que notabas mis satisfacción en mi rostro. Y yo, alli de pie con mis piernas temblorosas y sintiendo cada centÃmetro de mi falo desaparecer dentro de tu boca húmeda, tus manos en mis nalgas…trataba de no perder el control. Pero no pude mas!
Ahora era mi turno. Ahora tu turno de estar en el paredón. Ahora eras tu la que tenÃa que vigilar a tu esposo dormido. Asà que desabrochando tus pantalones y bajando bajándote los panties de un solo jalón, sentà el calor que desprendias desde ese santuario. Lo observe por unos segundos y note como que estabas al máximo. Colocaste tu pierna en mi hombro y te mire.
Tu mirada estaba clavada en tu esposo. Abri mi boca y mi lengua comenzo a sentir tus labios húmedos de tu feminidad abierta. Levantaste tu caderas un poco y comencé a devorar esa cueva ardiente que me estaba llamando. Me agarraste de mis cabellos y sin decir nada, soltaste un gemido entre dientes. Sentà como ese pozo de placer se contraÃa, tus piernas temblorosas y tu respiración profunda. Me diste un beso con lengua y te saboreaste un mis labios.
Tu mirada completamente llena de lujuria se clavo en mi. Y fue donde sin palabras te dirigiste con rumbo al sofá.
Alli, te colocaste de perrito y mirándome con lujuria, me invitaste a completar la faena.
Aun tenÃa muchas ganas de que mi lengua siguiera recorriendo ese portal sagrado. Me coloque de rodillas y comencé a disfrutar y a devorar ese fuego ardiente junto con ese punto de tabú.
Con un empujón de tus caderas, me diste a entender que ya necesitabas esa bestia sagrada y palpitante dentro de ti. Y muy lentamente fui abriéndome paso por ese jardÃn oculto. Sintiendo lo apretada y jugosa que te encontrabas.
Un gemido salio de tus labios y tus manos agarrándose del sofá, comenzaste a abrirte mas y mas. Y se comenzo el juego de caderas. Senti como mi fuerza ergida, llegaba hasta lo mas profundo de tu núcleo palpitante, y golpeando tu cervix.
Mis manos ajustadas a tus caderas jalandote con ganas infernales, tu muy cerca de tu esposo que yacÃa allà fundido, estábamos comiéndonos de una manera pecadora.
De repente sentà tus convulsiones una tras de otra y entendà que era mi turno. Tu sin decir nada de safaste de mi y metiste en tu boca esa sombra tensa. Comenzaste chupar con tal intensidad que no pude aguantar mas y sin sacártelo de la boca, me metiste un dedo en ese lugar prohibido para un hombre y comencé a derrame dentro de tu boca.
Baje la mirada y note como tu boca se fue llenando de mi lÃquido sagrado mientras mi falo seguÃa palpitando fuertemente en tu boca. Después de que mi báculo terminó de derramarse, abriste tu boca y vi en ella esa laguna blanca que se está escapando de tu boca. Sin decir nada, volviste a chupar para no dejar una sola gota en mi jade erecto.
Me miraste y desde alli, arrodillada, te tragaste mi vitalidad.
Nos compusimos, nos vestimos y me acompañaste hasta la puerta. Alli en silencio, nos dimos un beso francés muy caliente y delicioso. Sin cruzar una sola palabra, sabÃamos muy bien que teniamos que volver a repetirlo.


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