Amiga de secundaria
Bueno pana, te voy a contar esta vaina tal y como fue, porque a veces me acuerdo y todavÃa se me para la verga de solo pensarlo. Esta es la historia de Rosi, una chama que conocà en el liceo. En ese tiempo yo era otro tipo, mas serio, mas cerrado, no tenia muchos amigos pero con ella la cosa fluyó de una manera chévere, no se como, por puro Facebook. Ella tenia un novio que era un maldito, un tipo mas grande que la trataba como un trapo y yo siempre estaba ahà pa escucharla, dandole consejos, siendo su pana en las malas. La verdad, en ese tiempo no la veia con malos ojos, era solo mi amiga, pero las cosas cambiaron cuando llegamos a la prepa.
Esa chamita se transformó, te lo juro. En el liceo era delgadita, linda, pero en la uni le explotó el cuerpo de una manera que no era normal. Le salieron unas tetas perfectas, redondas y firmes, y un culo que se le marcaba hasta debajo del uniforme. Empezamos a salir mas, a veces en grupo, a veces solos, y la tension entre nosotros se hacia mas fuerte cada dia. Ella seguia con el novio idiota, pero yo ya la veia distinto.
La noche que todo cambio fue en una fiesta de graduacion. Nos tomamos como unas botellas de ron entre los dos, estaba borracho perdido y ella tambien. En un momento, buscando un poco de aire, nos metimos en un cuarto vacio y de repente, sin planearlo, nuestros labios se encontraron. Fue un beso con hambre, con desesperacion, con todo el morbo que habiamos estado guardando por años. Sus manos se me enredaron en el pelo y las mias en su cintura, apretando ese cuerpito que tanto habia deseado. La respiracion se nos cortaba y yo sentia mi verga tan dura que me dolia contra el pantalon. Ella me lo restregaba con su pierna, gimiendo suave en mi boca. Pero paramos ahi, porque escuchamos voces afuera. Quedamos en vernos en otro lugar, un lugar donde nadie nos molestara.
El problema era que yo no tenia un maldito bolivar para un hotel. Entonces se me ocurrio la idea de llevarla a un rio que quedan por alla por las afueras de la ciudad. Un sitio medio escondido, tranquilo, donde podiamos estar solos. Ella acepto al instante, con esa sonrisa picara que me decia que ella tambien queria lo mismo que yo.
Cuando llegamos, el lugar estaba vacio, solo el sonido del agua cayendo y los pajaros. Era perfecto. Caminamos un poco, hablando de cualquier vaina, pero la tension sexual era tan espesa que se podia cortar con un cuchillo. Nos sentamos en una roca grande, plana, y yo no pude mas. La agarre de la cara y la bese con toda la fuerza que tenia. Esta vez no habia alcohol de por medio, solo puro deseo. Ella respondio igual, abriendose completamente a mi, metiendome la lengua hasta la garganta. Mis manos empezaron a bajar por su espalda, hasta agarrarle esas nalgas que tanto habia admirado a escondidas. Las apreté fuerte y ella gimio en mi boca, empujando su entrepierna contra mi pierna.
—Jhonatan… —susurró con la voz quebrada—. Por favor…
No hizo falta decir mas. Yo ya estaba como un loco. Le baje las manos a sus shorts y meti los dedos por dentro de su tanga. Pana, estaba empapada. Caliente y mojada como nunca. Sentir su cuca tan humeda, tan calientita, hizo que mi verga palpitara aun mas. Le empece a masajear el clitoris con los dedos, haciendo circulos, y ella se retorcÃa en mis brazos, gimiendo mas fuerte, enterrando la cara en mi cuello.
—Chupamela, Rosi —le dije al oÃdo, con la voz ronca del morbo que me carcomÃa—. Por favor, quiero sentir tu boquita.
Ella ni lo pensó. Se bajó de la roca y se arrodilló frente a mÃ, en la tierra. Con manos temblorosas me abrió el pantalón y me sacó la verga. Estaba dura, palpitando, y las venas se le marcaban de lo excitado que estaba. Ella la miró con unos ojos llenos de deseo y luego me miró a mÃ, como pidiendo permiso. Le di una sonrisa y ella no esperó más. Abrió su boca y se la tragó entera.
Mierda, nunca habÃa sentido una mamada tan buena. MovÃa la lengua alrededor del glande, chupaba fuerte las bolas, se metÃa toda mi verga hasta la garganta y volvÃa a subir. Los sonidos que hacÃa eran lo más excitante que he escuchado en mi vida, unos gemidos ahogados cada vez que yo le metÃa mas. Le agarraba la cabeza y se la empujaba hacia mi verga, y ella no se quejaba, al contrario, se excitaba más. TenÃa las lágrimas en los ojos de tanto esfuerzo pero no paraba. Yo ya estaba al borde, tenÃa que parar si querÃa cogerla bien.
La levanté y la puse contra la roca grande. Ella entendió al instante. Subió un pie sobre una piedra más pequeña, abriéndose completamente para mÃ. Le bajé los shorts junto con su tanga, hasta las rodillas, y ahà estaba, su cuca perfecta, depilada, rosadita y brillando con sus propios jugos bajo la luz que se filtraba entre los árboles. Era una vista que me volvió loco. Escupà en mi mano y se lo restregué por todo ese coñito hinchado de placer, y luego escupà directamente en su culo. Le metà un dedo en ese asterisco tan apretado mientras con la otra mano guiaba mi verga hacia su entrada.
—¿Estás segura? —le pregunté, por última vez.
—Metemela toda, Jhonatan —gimió, empujando sus nalgas hacia m×. Por favor, te lo suplico.
No me lo tuve que decir dos veces. Le apoye la punta en la entrada y de un empujón se la metà entera. Los dos gritamos al mismo tiempo. Ella de placer, yo de lo increÃblemente caliente y apretada que estaba. Empecé a moverme lento al principio, sintiendo cada uno de sus pliegues, cada contracción. Pero el morbo y la adrenalina de estar ahÃ, al aire libre, con el riesgo de que alguien nos pudiera ver, me enloquecieron. Agarré sus caderas con fuerza y empecé a cogerla como un animal, duro y rápido, sintiendo como sus nalgas chocaban contra mi pelvis. El sonido de nuestros cuerpos sudorosos pegándose se mezclaba con sus gemidos y mis gruñidos.
—¡SÃ, papi, asÃ! ¡Dame más duro! —gritaba ella, algo que nunca imagine que dirÃa.
La sacaba casi por completo y volvÃa a enterrarla hasta el fondo. Con una mano le agarraba el pelo y con la otra le sobraba ese culo que tenÃa perfecto. Se lo abrà y le metà el dedo otra vez en el culo, y ella gimió más fuerte, pidiéndome más. Se sentÃa tan rico, tan prohibido, tan lleno de morbo. Yo sabÃa que era la amiga que siempre habÃa cuidado, pero en ese momento solo era una hembra increÃble a la que me estaba follando sin piedad.
La cambié de posición, acostándola boca arriba sobre la roca, con las piernas hacia arriba. Asà podÃa verle la cara, ver cómo cerraba los ojos y mordÃa los labios cada vez que se la metÃa. Le besaba los pies, los tobillos, mientras le daba sin parar. Le metà dos dedos en la boca y ella los chupaba como si fuera mi verga. Estaba poseÃda por el deseo. La adrenalina corrÃa por mis venas y sentÃa que me estaba volviendo loco. QuerÃa poseerla por completo.
—Voy a venirme —gruñÃ, ya sin poder aguantar más.
—Adentro, Jhonatan —gimió ella, mirándome fijamente—. Quiero sentirte adentro.
Esas palabras fueron el detonante final. Con un último empujón brutal, me vine como un toro, llenándola por dentro, sintiendo como mi leche caliente llenaba su cuca mientras ella se estremecÃa con su propio orgasmo, apretándome con su interior y haciendo que mi corrida fuera aún más intensa. Nos quedamos ahÃ, temblando los dos, jadeando, cubiertos de sudor y con el olor a sexo flotando alrededor nuestro.
Después de eso, nos arreglamos la ropa en silencio, con miradas cómplices y sonrisas tontas. El camino de regreso fue en una calma extraña, sabiendo que habÃamos cruzado una linea de la que no habÃa vuelta atrás. Y sÃ, pana, después de eso lo hicimos muchas veces más, en diferentes lugares, cada encuentro más caliente y morboso que el anterior. Pero esa primera vez, en esas cascadas, con el riesgo y la locura, nunca se me va a olvidar. Fue la vez que le quite la amistad a Rosi y la convertà en mi amante.


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