Por

Anónimo

noviembre 2, 2026

130 Vistas

Reportar este relato

Para reportar este relato necesita iniciar sesión. por favor inicie sesión o regístrese aquí.

noviembre 2, 2026

130 Vistas

Decidí desvirgar a mi primo y casi nos descubren.

0
(0)

Siempre fui cercana a mi primo Daniel. Desde niños jugábamos juntos, nos contábamos secretos, éramos casi hermanos.

Ahora él tiene 18, está más alto, más fuerte, con esa cara todavía un poco inocente… y yo no puedo dejar de mirarlo con hambre.

Hace dos meses terminé con mi novio, desde entonces ando cachonda todo el día, con hambre de pene y al único que tengo cerca todo el tiempo es Daniel.

Entonces intente seducirlo con indirectas, para que me viera como mujer, me sentaba demasiado cerca, le rozaba la pierna, con la mano, me inclinaba para que me viera el escote, me ponia calzas ajustadas que marcaban mi culo.

Él con su inmadurez, e inocencia no captaba nada. Me miraba raro y seguía hablando de videojuegos y cosas que no era lo que yo quería.

Hasta que una tarde, solos en casa de la abuela, decidí que se acabaría lo sutil, lo iba a exitar de una.

—Dani, estoy aburrida ¿jugamos a la botella?

—le dije, sacando una botella vacía.

—¿La botella? ¿Como de niños?

— No exactamente. Cada vez que pierdas, te sacás una prenda y si yo pierdo también. ¿Te animás?

Se rio, nervioso, pero aceptó. Empezamos a jugar, yo perdía a propósito para que me viera el cuerpo.

Primero la remera, después la calza. Él se puso rojo cuando me quede en ropa interior.

Cuando me saqué el sostén y mis tetas grandes quedaron libres, se le abrieron los ojos. La pija se le marcó enseguida en el short.

— Margarita… ya estás…

— Desnuda, sí, le contesté, y me saqué la bombacha también. Me quedé completamente pelada frente a él, sentada con las piernas entreabiertas, la concha ya húmeda— Tu turno, primo, le dije mirándolo con picardía.

Daniel tragó saliva, se sacó la remera con las manos temblorosas, después el short. Se quedó en boxer, con una erección enorme empujando la tela.

Yo ya no esperé más, me arrastré hasta él de rodillas, le bajé los boxer y su pija saltó libre, gruesa, dura, la cabeza ya brillante. Era virgen, se notaba en cómo temblaba.

— Wow… qué linda pija tenés, Dani, le dije, y se la lamí de la base a la punta.

Él soltó un gemido agudo y tembloroso. Me la metí en la boca y empecé a chupársela con ganas, saliva corriendo, una mano en sus huevos. Él no sabía qué hacer con las manos, hasta que me agarró el pelo. Lo mamé hasta que estuvo a punto de correrse, entonces me detuve.

— No todavía, primero me la vas a meter.

Lo empujé hacia el sofá, me subí encima y froté mi concha mojada contra su pija. Él miraba hipnotizado mis tetas balanceándose, me la coloqué en la entrada y bajé despacio. La cabeza me abrió la concha y solté un gemido largo. Estaba tan dura y gruesa… bajé hasta sentarme completa.

— Ayy.., Dani… me estás desvirgando la concha con esa pija, jadeé, aunque el desvirgado iba a ser él.

Empecé a cabalgarlo. Lento al principio, después más rápido, mis tetas rebotándole en la cara, el las agarró, me las apretó, las chupó como pudo. Gemía como si no pudiera creer lo que estaba pasando.

Lo besé y aceleré, rebotando fuerte, el sonido húmedo de mi concha llenando la sala.

—Así… cogeme, primo… rompele la concha a la gorda de tu prima…

Lo sentí tensarse, me levanté, me puse en cuatro en el sofá y lo miré por encima del hombro.

— Ahora vos. Cogeme.

Daniel se arrodilló detrás, todavía temblando, y se me la metió de un empujón. Empezó a embestirme con torpeza al principio, después con más fuerza, como si el instinto le ganara.

Me nalgueaba, me agarraba de las caderas, jadeaba mi nombre. Yo empujaba el culo hacia atrás y le pedía más duro.

Cuando noté que estaba por venirse, me giré, lo tumbe y lo monté otra vez, lo cabalgué hasta que eyaculo dentro de mí con un grito, llenándome la concha de leche caliente. Me quedé sentada sobre él, apretándolo, sintiendo cómo latía.

Después me bajé, me chupé los dedos con su semen y le sonreí.

—Felicitaciones, primo, Ya no sos virgen. Y yo… todavía tengo hambre.

Daniel estaba rojo, sudado, con la pija todavía semi-dura y una mezcla de shock y placer en la cara. Yo me recosté a su lado, le agarré otra vez la pija y empecé a masturbarlo despacio.

— La abuela no vuelve hasta la noche… Así que ahora te voy a enseñar de todo, hasta cogerme por el culo también.

Me subí un poco más y le agarré la cara.

—Ahora te voy a enseñar a chuparme las tetas.

Se las acerqué a la boca. Al principio solo las besó, tímido. Yo le apreté la cabeza contra ellas.

— Más fuerte, usa la lengua… eso, chupá el pezón. Mordé suavecito.

Daniel aprendió rápido, empezó a succionar con ganas, primero uno y después el otro, mientras las apretaba con las manos. Me corría un escalofrío cada vez que tiraba del pezón con los labios. Después lo guié hacia abajo.

— Ahora la concha. Lame todo. Empezá por los labios y después el clítoris… sí, así…

Se enterró entre mis muslos, su lengua era torpe al principio, pero yo le movía la cadera contra su boca y le decía exactamente qué hacer. Cuando por fin le dio al clítoris con ritmo, me eché hacia atrás y gemí fuerte. Me agarró las nalgas y me comió con más hambre, como si le hubiera gustado el sabor.

Cuando ya estaba otra vez mojada, lo empujé de espaldas y me arrodillé entre sus piernas. Su pija había vuelto a ponerse dura solo de chuparme.

—Mi turno de devolverte el favor, le dije.

Me la metí en la boca de nuevo, esta vez más profundo, más sucio, babeaba, hacía ruidos, le acariciaba los huevos. Él jadeaba mi nombre y me tiraba del pelo. Lo chupé hasta que estuvo a punto otra vez, entonces me detuve y me monté encima.

— Penetrame. Y esta vez más duro.

Me coloqué su pija en la concha y bajé de un golpe. Los dos gemimos. Empecé a cabalgarlo con fuerza, rebotando, mis tetas grandes sacudiéndosele en la cara, el me agarró las caderas y empezó a embestir hacia arriba, cada vez más fuerte. El sofá crujía, yo gemía sin control, llamándolo, pidiéndole que me usara como quisiera.

—Así, Dani… cogeme más duro… reventame la concha…

Estábamos perdidos en el placer, sudados, el sonido de nuestra piel chocando llenando la sala… cuando de pronto se oyeron unas voces afuera.

— ¡Llegamos!, Trajimos torta…

Era la abuela y con ella venían más personas.

Nos miramos aterrados, todavía estaba yo montada sobre su pija. Nos levantamos de un salto, agarramos la ropa del piso como pudimos y corrimos desnudos hacia el pasillo. Él con la pija todavía dura y brillante, yo con el semen escurriéndome por los muslos.

Entramos al baño apenas a tiempo, cerrando con seguro justo cuando la puerta de la casa se abría.

Nos quedamos ahí adentro, desnudos, jadeando, tratando de no hacer ruido. Yo me reía bajito contra su pecho, todavía caliente.

— Casi nos agarran, primo… Pero no terminamos. Cuando se vayan… seguimos.

Daniel, rojo hasta las orejas y con la pija todavía latiendo, solo pudo asentir y sonreír

.

Afuera se oía la risa de la abuela y el ruido de bolsas, la gente.

Adentro, yo ya le estaba agarrándole la pija masturbandolo en silencio.

No podía dejarlo así, con la pija todavía dura y apuntándome.

El riesgo de que la abuela nos descubra era alto, pero mi concha seguía palpitando y él estaba igual de caliente.

Me giré, me incliné sobre el lavamanos y le abrí las piernas, mirándolo por el espejo.

—Métela, ahora. Desde atrás.

Daniel no necesitó que se lo repitiera, se colocó detrás de mí, me agarró de las caderas y me clavó la pija en la concha de un solo empujón.

Tuve que taparme la boca con las dos manos para no gritar, mientras él empezaba a cogerme con ganas, fuerte, las caderas golpeándome el culo una y otra vez. El sonido húmedo de su pija entrando y saliendo de mi concha se escuchaba demasiado alto en el baño cerrado.

Él me nalgueaba y me embestía cada vez más profundo. Mis tetas colgaban y se sacudían con cada golpe, estaba por correrme cuando noté que él se tensaba.

—Sacá… sacá, le susurré urgente.

Se salió justo a tiempo, me arrodillé rápido frente a él, le agarré la pija y lo masturbé con las dos manos a toda velocidad.

Daniel apretó los dientes para no gemir, eyaculando en chorros gruesos y calientes sobre mis tetas, salpicandome el pecho, el cuello y hasta la barbilla.

Me acerqué y le di una última chupada profunda, limpiándole la punta de la pija con la lengua mientras él temblaba.

Me levanté, todavía con su leche escurriéndome entre las tetas, y le hablé bajito pero firme:

— Lavate la cara, vestite y andá con la abuela ahora mismo para que no sospeche nada.

Yo me quedo, me voy a dar una ducha.

Daniel asintió, todavía rojo y agitado. Se lavó rápido, se puso la ropa como pudo y salió del baño tratando de disimular la respiración entrecortada. Escuché su voz fingiendo normalidad saludando a la abuela y a las visitas.

Yo me quedé adentro, abrí la ducha, me metí bajo el agua caliente y empecé a limpiarme el semen de las tetas, del estómago y de entre las piernas.

El agua se lo llevaba, pero el ardor de haber sido cogida tan duro por mi primo todavía estaba ahí… y me gustaba.

Mientras me enjabonaba la concha, sonreí sola.

Todavía no terminámos con mi primo. Solo estábamos posponiendo la siguiente ronda.

¿Que te ha parecido este relato?

¡Haz clic en una estrella para puntuarlo!

Promedio de puntuación 0 / 5. Recuento de votos: 0

Hasta ahora, ¡no hay votos!. Sé el primero en puntuar este relato.

Deja un comentario

También te puede interesar

mama meche 8

anonimo

30/07/2014

mama meche 8

MI TIA IRENA

anonimo

02/08/2019

MI TIA IRENA

La realidad

anonimo

01/05/2009

La realidad
Scroll al inicio