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septiembre 8, 2026

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Me cogí a la novia de mi mejor amigo

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Pasó que la novia de mi mejor amigo descubrió que el le es infiel, le encontró chats en ig con una perrita y se la armó de pedo. Como también la conozco antes de que ellos fueran novios me reclamó por no decirle nada pero le mentí diciendo que yo tampoco sabía nada, obviamente si sabía y de hecho él le es infiel con varias pendejas.

Como sea un fin de semana que mi amigo trabajaba fuera de la ciudad quedé en verme con ella “para hablar las cosas entre ellos y que lo perdone”. Fui a verla con un par de botellas de vino que se que le gusta y llevé un par de condones con la esperanza de que pase algo y vaya que si pasó.

Nos vimos en casa de ella y estaba sola, mejor para mí. Allí le metí la típica labia de que mi amigo es un buen hombre y se merece otra oportunidad, ya saben palabrería. Ella seguía muy molesta con el y no escuchaba nada de lo que yo le decía, al final cambiamos de tema y nos pusimos a hablar de los días en la universidad.

Al rato me dijo que le dolía la espalda por el estrés del trabajo y ahora encima esto con mi amigo. Así que le ofrecí darle un masaje, ella me vio algo sospechosa pero creo que la primera botella de vino hizo efecto y me dijo que si. Me coloque detrás de ella en el mismo sofá donde estaba ella y le dije que se siente entre mis piernas. Ahí empecé a acariciar su espalda y hacer un masaje lento y suave, recorrí toda su espalda y hacía presión con mis pulgares, me quedé un rato masajeando sus hombros que estaban descubiertos y me deleitaba con lo suave de su piel.

Ella decía “Al final yo me busqué esto, entre los dos se cogieron a toda la facultad y tenían fama de ser culeones”. Yo me hice el ofendido y le dije “¿Cómo? Debes estar confundida”. “Sí claro, Liz me contó todo y como la hacías coger hasta en aulas vacías de la uni”. Liz era su mejor amiga, una flaquita sabrosa que conocí virgen y terminó siendo bien puta. No me imaginé que le hubiera contado todo eso pero ya no había sentido en mentir. “Si sabías todo eso ¿por qué te metiste con mi amigo? ¿Pensabas que podías cambiarlo”. Ella solo se quedó en silencio excepto cuando soltaba algún quejido debido al masaje. “Pues algo que sí que es cierto es lo que ella decía de ti”. “Ándale ¿y qué decía ella de mí? “Que eres muy rudo al coger pero que en el juego previo acaricias despacio y muy rico, que sabías hacer muy buenos masajes”.

Me quedé sin palabras un segundo, acaba de descubrir la imagen que tenía de mí en ese sentido y me gustaba lo que su amiga le contó de mí. Decidí tirar toda la carne al asador y le dije: “Y eso que lo podría hacer mejor, pero las tiras y el broche de tu brasier me estorban”. “Buen intento, no me voy a desnudar y no vamos a hacer nada”. Me hice el tonto y dije: “Yo solo decía, además no te pedí que te desnudes solo que te lo quites y te quedes vestida tal cual estás”. Ella regresó a verme con los ojos algo perdidos y con su cara de sospecha y solo dijo: “Date vuelta”. Apenas entendí a qué se refería lo hice y pude escuchar como se quitaba la blusa y se la volvía a poner. “Listo, continúa”.

Visualmente no había ninguna diferencia pero en cuanto coloque mis manos en su espalda sentí la ausencia de su brasier. Como dije en visión no había cambiado nada pero el simple hecho de saber que no llevaba nada debajo de su fina blusa era suficiente para que mi verga empiece a despertar. Seguí acariciando con gusto su espalda y haciendo cada vez más presión sobre su suave piel. Ella soltaba gemidos bien ricos y ya ni trataba de ocultarlos, eso me ponía más y más caliente, sabía que era hora del siguiente paso.

En un movimiento rápido metí mis manos debajo de su blusa y acaricié sus espalda desnuda, se sentía extremadamente suave y algo caliente de tanto sobarla. Ella de inmediato reaccionó y me preguntó «¿Qué haces? Saca las manos de ahí o me voy a enojar». Yo solo le dije “Así vas a sentir mejor el masaje”, sin retirar mis manos de su espalda y sus hombros. Ella no dijo nada más y se dejó hacer. “¿Y qué más te contó Liz?” La verdad no me importaba que pudo haberle dicho de mí bueno o malo pero necesitaba re dirigir la conversación, ya se me estaban cansando los hombros ya que llevábamos más de media hora en el masaje y mi posición era incómoda.

Supongo que por acto del alcohol ya no se cortó ni un poco “Me dijo que tienes la verga bien grande y la lastimaba las primeras veces que cogían”. Eso era cierto Lizeth era un flaquita riquísima pero sin nada de experiencia, yo apenas tuve un par de novias antes de la universidad y ellas ya tenían más experiencia que yo por lo que siempre me acostumbre a coger medio salvaje y no sabía tratar a una virgen. Pensé que me reprocharía ser tan bestia con su amiga y que además no tendría nada de ganas de hacerlo conmigo, así que solo pregunté “¿Y le creíste?” “Pues sí, claro que sí, era mi mejor amiga, además no fue la única en dar ese testimonio”. Me quedé frío, no podía creer que más de una me haya vendido así, pero bueno me resigné y solo seguí con la conversación de manera robótica “Bueno no puedes creer todo lo que dicen sin experimentarlo tú”. Dije eso ya sin esperanzas de que pase nada y no me importaba si la ofendía y me echaba.

“Ja, claro entonces Karen, Ana y Odaliz son todas mentirosas, porque cada una tenía su opinión sobre ti como persona pero todas coincidieron que lo tienes enorme”. De nuevo me quedé paralizado, pensé que todas sus amigas le habían dicho que soy un cavernícola o algo así en el acto, que sería una exageración pero eso me imaginé que dijeron, pero en realidad hablaba solo del tamaño de mi pene. Recuperé el ánimo y decidí ir al ataque con todo. “Bueno como dije, no puedes creer todo lo que dicen sin haberlo probado tú misma” al mismo tiempo que llevé mis manos hacia delante y agarre sus tetas. Ella dio un respingo estirando toda la espalda y me dijo algo agitada ¿¡ Qué haces pendejo!? Suéltame”. Yo solo la ignoré y seguí acariciando sus tetas, tenía los pezones erectos y su respiración se aceleraba. “Dices que te suelte pero claramente sigues disfrutando del masaje, además tienes los pezones duritos, ¿por eso no querías quitarte el brasier? ¿Tenías miedo de que me de cuenta que estabas excitada?”. Ella no decía nada y tampoco intentaba hacer que la suelte, seguí acariciando sus pezones, se los pellizcaba y jalaba a gusto, ella solo respiraba más y más agitada y soltaba gemidos cortitos.

Yo ya tenía la verga dura a más no poder y me estaba impacientando, empecé a besar su cuello y cuando llevó sus brazos atrás para intentar empujarme los agarré y los puse detrás de mi cuello. Seguí besando su cuello y jugando con sus pechos cuando ella sacó fuerza de algún lado y se separó de mí. “No podemos hacer esto, no se cuando perdone a tu amigo, pero no puedo hacer esto con su mejor amigo”. Cuando acabó de decir esto sus ojos se fueron hacia mi entrepierna, mi pantalón no ocultaba en absoluto mi erección y yo tampoco hacía esfuerzo en esconderla. Me vio de nuevo a los ojos pero los míos estaban perdidos en sus pezones. Sus tetas son pequeñas pero sus pezones estaban tan parados que era imposible no verlos, me lamí los labios y la volví a ver a los ojos, se veía entre excitada y asustada así que pensé con cuidado lo que diría siguiente: “Más bien no se porque no hemos hecho esto antes, si tanto te han contado tus amigas entonces también te habrán dicho que al final disfrutaban como locas y me buscaban ellas por más”. Bajó la mirada y solo me dijo “Igual no podemos”.

Ya la tenía casi a tiro no podía dejar que se me escape ahora. Le dije: “Mira sigamos con el masaje, si sientes algo que no te gusta paramos y ya y aquí nunca pasó nada”. Ella me vio dudosa, “Pero tienes que ser honesta, si te está gustando no me pidas que pare”, me miró a los ojos con decisión, “Pero si te digo que pares, PARAS y lo haces de inmediato”. Solo asentí con la cabeza, obviamente no tenía intenciones de parar así me lo ruegue. Solo le dije “Pero vamos a tu cuarto, ya me duele a mi la espalda de estar tanto tiempo en esta posición”. Ella tomó mi mano y me llevó hasta su cuarto y nos sentamos en su cama. “Quítate la blusa y recuéstate boca abajo”. Ella ya no decía nada solo obedecía, me di vuelta y en un segundo me dijo listo. La tenía ahí boca abajo desnuda de la cintura para arriba y la vista era increíble, su espalda se veía delicada y tenía varios lunares que resaltaban en su pálida piel.

A todo esto nunca la describí, ella debe medir como 1,65 es blanca leche, rubia, no tiene pechos grades, ni un culo grande o bien formado, pero es bastante guapa y sobre todo una niña de casa, mi amigo había sido hasta esa noche su único hombre. Le dije que me sentaría sobre sus piernas para poder masajearla bien y no dijo nada. Me senté de forma que mi erección quede apoyada sobre sus nalgas y me aseguré de darle empujones en el culo cada vez que presionaba su espalda con mis manos. Ella ya ni intentaba suprimir sus gemidos, sus quejidos de placer resonaban por todo el cuarto. La acariciaba por toda la espalda y hacía especial hincapié en los costados donde nacían sus tetas, ella me decía que le daba cosquillas y se retorcía. Estaba tan caliente que el masaje pasaba a segundo plano mis manos subieron a su cuello y llegaron hasta las raíces de su cabello, la acariciaba y jalaba un poco su cabello mientras simulaba el acto sexual sin ninguna discreción sobre sus nalgas.

Ella gemía más y más sin parar y yo en un arrebato la jalé del cabello hacia arriba, pegué mi pecho al suyo y le susurré al oído: «¿Te está gustando el masaje zorrita?». Ella no respondió solo siguió gimiendo y trató de doblar las rodillas para acomodarse. Yo bajé mis manos hasta sus tetas y ella soltó un gritito, le empecé a masajear sus tetitas y jalar despacio los pezones mientras besaba su cuello y mordía su oreja. Ella ya no solo gemía sino que se retorcía como loca frotando sus piernas, salivaba dejando caer un chorrito de baba y sudando bastante. Le susurré de nuevo al oído: «Responde putita ¿te gusta como te toco?». Ella soltó un «Sí» diminuto casi insonoro. Le pellizque los pezones y le dije más fuerte «Responde bien, perra». Al instante dijo fuerte y claro «Siiiiii, sí me gustaaah» gimiendo el final de la oración. Estaba sacando mi lado sádico así que le jalonee los pezones duro y por un largo rato diciéndole «¿Qué? ¿Qué es lo que te gusta putita?» «Cooohmo me toooocasssh». Seguí así haciéndola decir en voz alta todo lo que sentía y lo que le estaba haciendo, fue confesando la culpa que sentía pero como eso la hacía sentir aún más placer de todo lo que estaba pasando. Después de atormentar sus tetas, su espalda y su cuello por más de una hora ella misma me pidió que la toque más abajo. No la hice esperar mucho porque la verdad yo también me moría de ganas de ya penetrar su conchita así sea con mis dedos, pero necesitaba que ella me lo pida primero.

Le dije que se pare y que ella misma se quite el pantalón de licra que llevaba. Lo hizo y me dio la espalda al hacerlo, seguramente algo avergonzada de que la vea desvistiéndose a pesar de lo que acabábamos de hacer y lo que estábamos a punto de hacer. En fin, me regaló una dulce vista de su culito y noté como la humedad de su entrepierna traspasaba su panty y formaba hilos de flujo con su licra. Me regaló este espectáculo no intencionalmente antes de sentarse entre mis piernas mas o menos la forma en que empezamos todo el masaje. Le dije despacio al oído: «¿Estás lista?» y ella solo asintió con los ojos cerrados. De nuevo besé su cuello y mis manos acariciaron todo su cuerpo, su cintura, su cadera, sus tetas, sus muslos. La acaricié poco a poco acercándome más y presionando más hacia su conchita. Ella temblaba un poco cuando me acercaba y yo la besaba por todo el cuello y un lado de su cara. Finalmente mi mano llegó su pubis por encima de su panty y empecé a acariciar su clítoris por encima de la ropa interior, lo masajeaba en círculos despacio, subiendo la velocidad poco a poco y bajándola nuevamente así en ciclos. Ella se mordía el labio y resoplaba por la nariz, su rostro y pecho estaban completamente rosados. Poco a poco seguí con ese ritmo ya no bajando la velocidad y haciendo distintos movimientos. Ella se venía, trataba de cerrar sus piernas y yo no la dejaba, la frotaba ya frenéticamente y ella empezó a sollozar y gritar un poco, me lancé a su cuello y la mordí un poco más fuerte que las ultimas veces mientras castigaba su clítoris con todas mis fuerzas. Tras unos minutos que se sintieron como segundos su orgasmo fue mermando y su respiración se estabilizaba.

Yo metí mi mano y toqué directamente su vagina con mis dedos por primera vez. Ella de inmediato cerró las piernas y me dijo en un suspiro: «No, espera estoy sensible». Yo le dije: «Es muy tarde para parar ahora» y le abrí las piernas de nuevo sin nada de dificultad. Ella abrió los ojos como platos y antes de que pueda decir algo le metí un dedo en la vagina, entró con suma facilidad de lo mojada y viscosa que estaba. Ella soltó un sonido seco en la garganta como cuando te golpeas el dedo del pie con un mueble, se quedó muda un momento y yo empecé a masturbarla sin piedad. Ella me pedía que pare, me decía por favor, me rogaba pero todo entre balbuceos y gemidos. Cuando se venía por segunda ocasión le metí un segundo dedo y solo pudo aferrarse a mi brazo y soltar sonidos como pujidos. Me estaba excitando demasiado lo puercos que sonaban sus gemidos, su respiración y los sonidos casi animalísticos que hacía. La seguí penetrando con mis dedos, a veces más rápido, otras veces más profundo y de vez en cuando sacaba por completo mis dedos para meterlos de golpe de nuevo. Ella chorreaba como loca, seguramente se había orinado más de una vez porque la cama estaba empapada frente a nosotros, ya solo balbuceaba sonidos entre gemidos y gritos cuando se venía. Finalmente le saqué de forma violenta los dedos por última vez y su cuerpo temblaba frenéticamente.

Esperé un par de minutos a que se recupere y para cuando lo hizo yo ya me había desnudado por completo. Ella estaba recostada, algo torcida pero con la cara hacia arriba y adelante en dirección a mi. Le puse mi verga erecta a reventar sobre la cara y le dije: «Bueno me toca a mí». Ella abrió los ojos asustada y me dijo que no podía seguir, que estaba demasiado sensible y exhausta. Yo solo le dije que no era justo, ella se vino como loca y yo seguía caliente. Obvio mi lógica no tenía sentido, al final yo la obligué a venirse tantas veces y ella solo recibió el placer que le daba. Pero claramente el alcohol y probablemente la química de su cerebro tras tanta serotonina nublaban su criterio. Me pidió perdón, pero me dijo que de verdad no podía seguir. Yo amenacé con contarle todo a mi amigo, lo cual era faroleo puro no tenía intención de hacer semejante estupidez, pero ella me creyó y casi llorando me pidió que no lo haga. Yo le dije: «Ok te propongo un trato, si logras hacerme venir con tu boca y tus manos, perdono a tu conchita por hoy, pero si no lo logras tendrás que ser mía todo el fin de semana hasta que tu novio regrese». Ella lo pensó un rato, me puse nervioso porque si su sentido común volvía se daría cuenta que fácilmente podía darle la vuelta al asunto, pero para mi suerte aceptó. «Está bien es un trato, pero si te vas a venir tienes que dejarte ir, no puedes hacer trampa y aguantar». Yo sonreí villanescamente, ya era mía, «Claro sin trampas, pero si te cansas y ya no puedes seguir yo gano». Se acostó de manera más cómoda y yo me senté sobre su pecho con la verga palpitante, caliente, roja y dura a reventar apuntando directamente a su cara. Así se acaba la primera parte de esta historia, si tiene mucho apoyo compartiré lo que pasa después.

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