Por
Reportar este relato
Quiero verte con otro - Capítulo 3
La lluvia había comenzado a golpear los ventanales de la cabaña.
El crepitar de la chimenea era ahora el único sonido dentro de la sala.
Tomás seguía esperando una respuesta.
No sabía si Laura estaba intentando encontrar las palabras adecuadas… o la forma menos dolorosa de rechazar su confesión.
Ella tomó la copa de vino y dio un sorbo lento.
Después volvió a dejarla sobre la mesa.
—¿Puedo hacerte una pregunta un poco incómoda?
—Todas las que quieras.
Laura respiró hondo.
—Cuando imaginas esa escena… ¿qué sentís exactamente?
Tomás tardó unos segundos en responder.
—No es una sola emoción.
—Cuéntame.
Él buscó las palabras con cuidado.
—Excitación, sí… pero también orgullo.
Laura frunció ligeramente el ceño.
—¿Orgullo?
—Sí.
Ella esperaba cualquier respuesta menos esa.
—No entiendo.
Tomás sonrió con cierta timidez.
—Imagino a la mujer que amo despertando el deseo de otro hombre… y siento orgullo de estar con vos. No porque seas un trofeo, sino porque eres la persona que elegiste compartir tu vida conmigo.
Laura permaneció en silencio.
Nunca habría relacionado aquella fantasía con un sentimiento semejante.
—¿Y no sentirías celos?
Él dejó escapar una risa breve.
—Probablemente sí.
—Entonces…
—No creo que una cosa elimine la otra.
Laura apoyó un codo sobre el sofá.
—¿Sabes qué pienso?
—¿Qué?
—Que durante años te imaginaste el final de la película… pero nunca pensaste en todo lo que pasa antes.
Tomás la observó sin comprender.
—Hablar con otra persona.
Conocerla.
Confiar.
Dudar.
Arrepentirse.
Sentir miedo.
Laura enumeraba cada palabra con calma.
—Una fantasía dura unos minutos. La realidad empieza mucho antes.
Tomás bajó la vista.
Ella tenía razón.
Jamás había pensado en todo lo que ocurría antes de esa escena imaginaria.
—¿Y si descubrimos que no somos capaces?
—Entonces no pasa nada.
—¿Y si uno quiere seguir y el otro no?
—Tampoco pasa nada.
Tomás levantó la mirada.
Laura sonreía.
No era una sonrisa de aceptación.
Era la sonrisa de alguien que estaba intentando construir un puente en lugar de levantar un muro.
—Creo que hay una condición indispensable.
—Decime.
—Nunca vamos a hacer nada solo porque uno de los dos quiera.
Él asintió sin dudar.
—De acuerdo.
—Si alguno tiene la más mínima duda…
—Nos detenemos.
—Sin reproches.
—Sin insistir.
Laura tomó nuevamente su mano.
—Y hay otra cosa.
Tomás sintió un nudo en el estómago.
—Quiero que esta fantasía siga siendo nuestra.
Él frunció el ceño.
—¿Qué quieres decir?
—Que ninguna tercera persona puede ser más importante que nosotros.
Tomás sintió que una enorme carga abandonaba sus hombros.
No estaba escuchando un rechazo.
Estaba escuchando límites.
Y, curiosamente, eso le daba más tranquilidad que cualquier respuesta impulsiva.
Laura permaneció unos segundos observando el fuego.
Después habló con una serenidad inesperada.
—Si alguna vez damos ese paso…
Tomás contuvo la respiración.
—…quiero que sea porque los dos llegamos al mismo lugar al mismo tiempo.
No porque vos me convenciste.
No porque yo lo hice para complacerte.
Sino porque ambos sentimos curiosidad.
Él asintió.
—Te lo prometo.
La lluvia seguía cayendo con fuerza.
Laura se levantó del sofá y caminó hasta la ventana.
Observó el bosque oscuro durante unos segundos.
Luego habló sin darse vuelta.
—Hay algo que todavía no entiendo.
—¿Qué cosa?
—¿Cómo imaginas encontrar a ese hombre?
Tomás permaneció inmóvil.
Era la primera vez que ella formulaba la pregunta como una posibilidad.
No como una crítica.
No como una provocación.
Como una posibilidad.
Él sonrió apenas.
—La verdad…
Hizo una pausa.
—Nunca llegué tan lejos.
Laura giró lentamente.
Una pequeña sonrisa apareció en sus labios.
—Entonces vamos a tener que empezar por ahí.


Deja un comentario
Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.