Por
Anónimo
Me bloqueó pero yo la sigo cogiendo en mi mente
Tenía 37 y ella 39. Vivía en Guadalajara. Un día, sin que nadie lo planeáramos, empezamos a platicar.
Todo empezó inocente. Me contó que un güey más chico que yo le había tirado el perro, que la mamá del vato se enteró y se armó un pedo bien cabrón. Yo, con el cerebro ya metido en la verga, le tiré la primera:
—Con ese cuerpo tan rico que traes, no me extrañaría que cualquiera se te aventara. Estás bien puta de buena.
Ella se hizo la ofendida al principio, pero no bloqueó. Me preguntó por qué decía eso. Y yo no me contuve:
—Porque en todas tus fotos te ves deliciosa. Ese cuerpazo, esas nalgas, esa cinturita… uno se pone a imaginar cosas bien perras. Ya me tienes bien duro y baboso de puro pensarte.
Hubo un silencio digital. Luego ella escribió:
—No sigas con eso…
Pero al rato:
—¿Por qué sientes eso?
Ahí me la pelé. Le empecé a detallar todo lo que se me venía a la mente cuando veía sus fotos. Que siempre se veía lista para que la montaran, que esos vestidos que usaba dejaban entrever la tanga, que se le marcaba el culito de una forma que daban ganas de morderlo.
Le dije que ya la tenía dura como piedra. Ella respondió que la quería ver.
Yo también quería ver. Le pedí la tanguita. Ella se hizo la difícil, pero yo ya estaba perdido. Me dejé llevar por la calentura y le mandé la foto de mi pito bien parado, venoso, con la cabeza brillante de precum.
Ella contestó casi de inmediato:
—Está rico…
—Lo quiero tocar…
—Después vemos dónde lo ponemos.
Eso me prendió más. Le escribí sin filtro:
—Te quiero hincar frente a mí y metértelo en esa boquita para saber cómo chupas. Quiero verte con la cara llena de saliva y la mirada de puta mientras me la mamas. Después te acuesto, te abro las patas y te las pongo en los hombros. Siempre traes vestido y se te distingue la tanga en las fotos… me la voy a bajar despacio, te voy a ver esa panochita y ese culito, te voy a lamer los dos y decidir por cuál empiezo a cogerte.
Ella contestó temblando de letras:
—Qué rico… me estás calentando mucho. Me gusta lo que dices… me lo imagino todo.
Le pedí la foto de su culo. Me dijo que al día siguiente.
Al día siguiente ya no pude hablar de otra cosa. Todo el chat se volvió un solo tema: cómo la iba a poner. En cuatro, con esas nalgotas bien paraditas, abiertas, a mi disposición. Cómo le iba a agarrar la cintura y metérsela hasta el fondo. Cómo le iba a dar por el culo también si se dejaba. Cómo la iba a llenar de leche y después hacer que se la comiera.
Cada mensaje mío era más sucio que el anterior. Cada respuesta de ella era un “qué rico” tembloroso, un “me estás poniendo bien mojada”, un “no deberíamos… pero sigue”.
Hasta que, de la nada, me bloqueó.
Se acabó.
Pero en mi cabeza sigue. Sigue ella en cuatro, con el vestido subido hasta la cintura, la tanga a un lado, las nalgas abiertas y esa panocha brillosita esperando que le meta la riata hasta que se le salgan los ojos. Sigue el sonido de cuando se la estoy metiendo y ella se queja pero no me saca. Sigue el momento en que le digo “traga” y ella abre la boca.
La muy puta me bloqueó… pero yo todavía la estoy cogiendo en la mente.


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