agosto 5, 2026

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El taxista y yo

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Aquella tarde lluviosa, tuve que abordar un taxi para que me llevara a la oficina. De buena gana me hubiera quedado en casa, pero tenía un cliente al que había citado y yo no me permitía fallar.

El trayecto a la oficina se hizo muy lento debido al tráfico, así que el conductor puso una película en su dispositivo para no hacerlo tan aburrido. Al poco la película se puso de lo más candente y yo ya me empezaba a inquietar.

El aguacero se volvió torrencial así que le dije al conductor que se detuviera en algún sitio para evitar algún accidente. Así que se estaciono y nos pusimos a ver la peli. Al poco yo ya estaba de lo más cachonda. Mi respiración empezó a volverse un poco más agitada. Sentía mis pezones de lo más duro y bien parados. Para cuando me di cuenta, ya tenía los calzones bien mojados.

Irremediablemente le puse la mano entre las piernas y se la empecé a acariciar por encima del pantalón. El conductor se acercó a mí y me empezó a manosear los senos. Yo ya respiraba súper agitadamente, empezaba a sudar y a estremecerme con cada caricia. Estaba a punto de cometer una locura.

Al poco, muy discretamente, el conductor se desabrocho y se bajó los pantalones, así que me puso la mano directamente sobre su verga desnuda. Yo lo mire de reojo y hasta agua se me hizo la boca nomas de verle tremendo vergon.

La tenía en mi mano y se la frotaba eróticamente, la tenía bien grande y lógico que ya estaba bien parada. El clítoris me temblaba de la emoción del momento y ya estaba yo súper empapada.

Ahí empezó la locura, yo ya no me pude contener y sin más me agaché sobre sus piernas y se la empecé a chupar. Que hermosa verga. Sabia deliciosa. El conductor aprovecho mi momento de debilidad y me empezó a meter mano debajo de los calzones. Él sabía perfectamente que en ese momento no iba yo a poder poner nadita de resistencia. Enseguida se dio cuenta de lo mojada que yo estaba, señal clara de que me encontraba súper caliente. Así que me empezó a dedear el sexo haciéndome que me retorciera de placer.

Los jugos se me empezaron a salir incontrolables, así que el hombre comprendió que ese era el momento. Rápidamente me puso en cuatro sobre el asiento y sin decir palabra me la empezó a meter de a poco. Yo estaba a punto de explotar, así que como una vil puta me empecé a mover frenéticamente.

Ya estaba yo en la locura total, el hombre me tenía a mil. Así que me tomo de la cintura y se empezó a mover rápidamente clavándome toditita su enorme verga haciendo que explotara en tremendo orgasmo. Me vine de una manera increíble.

El hombre continúo metiéndome la verga unos momentos más hasta que finalmente él también se terminó dentro de mi llenándome toda de su leche caliente. Caí sobre el asiento y ahí me quedé tumbada totalmente desmadejada, sentía su verga todavía dentro de mi palpitando y escurriendo los pocos jugos que le quedaban.

Al poco, ya me recompuse y me arreglé la ropa, el hombre no decía nada, tan solo me veía como apenado tratando de esquivar mi mirada. Finalmente arranco y me llevo a mi oficina. Aunque fue muy rápido debido al momento y a las circunstancias, esa metida de verga que me dio me llevo al cielo haciéndome venir tremendamente. Es uno de los mejores rapidines que he hecho. Va a ser muy difícil de olvidar.

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