Por
El consuelo de mi primo
Esta misma noche, después del partido, mi primo entró a mi casa hecho una furia. México había perdido contra Inglaterra y él no paraba de despotricar contra todo. Lo vi tirado en el sillón, con la cara de pocos amigos, y supe que tenía que hacer algo para sacarlo de ese mal humor. Me acerqué sin decir nada al principio, me senté a horcajadas sobre sus piernas y le agarré la cara con las dos manos.
—Ven, deja de pensar en eso le dije, y le di un beso profundo, metiéndole la lengua hasta el fondo. Él respondió al toque, me agarró del culo con fuerza y me apretó contra su polla que ya se estaba poniendo dura.
Lo llevé al cuarto casi a los empujones. Apenas cerré la puerta le saqué la camisa de un tirón y me arrodillé frente a él. Le bajé los pantalones y me metí su verga en la boca de una, chupando fuerte y rápido, metiéndomela hasta la garganta mientras le agarraba sus huevos. Él me agarró del pelo y empezó a follarme la boca sin piedad, empujando fuerte mientras yo babeaba por toda su polla.
Me levantó de golpe y me tiró sobre la cama. Me abrió las piernas de par en par y me metió la verga de una sola estocada, follándome como un animal. Me daba tan fuerte que la cama golpeaba contra la pared. Me dio la vuelta, me puso a cuatro patas y me folló en perrito sin parar, metiéndomela hasta el fondo mientras me daba nalgadas que me dejaban la piel roja.
Me agarró del pelo y me levantó un poco para follarme de pie, con mi espalda pegada a su pecho. Me metió los dedos en la boca mientras me follaba sin control. Después me sentó en la cómoda y me abrió las piernas, metiéndomela de nuevo mientras me miraba a los ojos. Me folló ahí, con mis tetas rebotando y yo gritando su nombre.
Me bajó y me hizo arrodillarme otra vez. Me folló la boca hasta que casi me ahogaba, luego me levantó y me empujó contra la pared. Me levantó una pierna y me metió la polla de nuevo, follándome contra la pared con todo su peso. Me dio la vuelta y me metió por atrás otra vez, con mi cara pegada contra la pared mientras me follaba sin piedad.
Me tiró de nuevo a la cama, me puso en misionero y me folló mirándome a los ojos, diciéndome que era su puta, que me iba a usar toda la noche. Me dio la vuelta y me folló en cuchara, metiéndomela profundo mientras me agarraba las tetas. Luego me subió encima de él en vaquera y me hizo rebotar sobre su polla, agarrándome del pelo y guiando mis caderas.
Me bajó y me hizo ponerme de espaldas sobre la cama, con las piernas en el aire. Me folló en esa posición hasta que empecé a correrme, contrayendo el coño alrededor de su polla. Él no paró. Me dio la vuelta otra vez y me folló en perrito, esta vez metiéndome los dedos en el culo mientras me follaba el coño.
Me levantó y me llevó al baño. Me puso contra el lavabo y me folló desde atrás, mirándonos en el espejo mientras me daba duro. Me sentó en el lavabo y me folló de frente, con mis piernas alrededor de su cintura. Me bajó y me hizo arrodillarme en el piso del baño, follándome la boca hasta que se corrió por primera vez, llenándome la garganta de semen caliente.
Pero no terminó ahí. Me levantó y me llevó de nuevo a la cama. Me puso a cuatro patas otra vez y me folló hasta que se puso duro de nuevo. Me dio la vuelta, me abrió las piernas y me folló en misionero, esta vez más lento pero más profundo, hasta que me corrí otra vez. Él explotó dentro de mí, llenándome el coño de semen que empezó a chorrear por mis muslos.
Nos quedamos tirados en la cama, sudados y jadeando. Él me miró y por primera vez esa noche sonrió.
—Gracias, tía —dijo.
Le di un beso en los labios y le acaricié el pecho.
—Para eso estoy, mi primo. Cuando quieras repetir, solo dime..


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