Me mamaron el culito
Llegó a mi casa como cualquier otra tarde, con su sonrisa pendeja y esa mirada traviesa que siempre me desarmaba. SabĆamos que esa tarde no iba a ser de solo pelĆculas y chelas. La tensión se sentĆa en el aire desde que cerrĆ© la puerta. Sin mediar palabra, me empujó suavemente hacia el sillón, me dio la vuelta y me puso en cuatro. Apenas pude respirar cuando sentĆ sus manos frĆas bajĆ”ndome los shorts y el calzón de una sola jalada. No hubo juego previo, no hubo besos… Ć©l querĆa una sola cosa: mi culo.
Me separó las nalgas con sus dedos, abriĆ©ndome bien para que todo quedara al descubierto. SentĆ su aliento caliente directamente en mi esfĆnter, y el primer contacto de su lengua fue como una descarga elĆ©ctrica que me recorrió toda la columna. Empezó a lamer el borde de mi agujero, despacio, saboreĆ”ndome, como si fuera su postre favorito. MetĆa la punta de su lengua apenas para tantear, y yo ya estaba gimiendo contra la almohada. Pero Ć©l no se conformó con eso.
Mi mejor amigo se puso cómodo, agarró con fuerza mis nalgas y sepultó su cara entera entre ellas. Su lengua entró de lleno. La sentĆa caliente, hĆŗmeda, moviĆ©ndose dentro de mĆ, perforando mi ano sin piedad. Chupaba mi culito como si estuviera mamando una fruta jugosa, succionaba el esfĆnter y lo masajeaba con la punta de su lengua mientras sus dedos se clavaban en mi carne. El ruido era obsceno: ese sonido hĆŗmedo y resbaloso de su saliva mezclĆ”ndose con mi sudor, sus gemidos apagados contra mis nalgas. Pasaron minutos que se sintieron como horas. Su lengua no se cansaba. Entraba y salĆa, a veces rĆ”pido como un mete-saca, a veces lento, haciendo cĆrculos alrededor del agujero hasta volver a taladrarme por dentro. Yo ya no podĆa con las piernas, me temblaban, y mi panocha chorreaba de pura excitación al sentir cómo me devoraba el culo sin piedad.
Cuando por fin se sació de mi sabor, cuando su lengua ya no le fue suficiente para llenar su hambre, lo sentĆ incorporarse detrĆ”s de mĆ. EscuchĆ© el sonido metĆ”lico de su cierre y el rasgar de su boxer al bajarlo. SentĆ su verga, dura y caliente, golpeando contra mis nalgas. Estaba enorme. Me escupió directamente en el agujero, y con la cabeza de su polla empezó a frotar mi esfĆnter, presionando, hasta que mi mĆŗsculo cedió. La primera embestida me quitó el aire. Su verga se hundió entera en mi culito, llenĆ”ndome por completo, estirando mis paredes hasta el lĆmite. SoltĆ© un grito ronco y Ć©l no se detuvo.
Cogió mis caderas con fuerza y empezó a embestirme como un animal. Su polla se clavaba hasta el fondo, sintiendo cada centĆmetro de su carne caliente araƱar mis entraƱas. El sonido de su choque contra mis nalgas llenaba toda la sala. Yo solo podĆa aferrarme al sillón mientras Ć©l me daba y me daba, sin compasión. A veces sacaba toda la verga y solo dejaba la puntita, para luego volver a enterrarla de golpe, haciĆ©ndome retorcer de placer y dolor. Sus huevos me golpeaban el clĆtoris desde atrĆ”s con cada estocada. Me decĆa cosas sucias al oĆdo, que mi culito era suyo, que se iba a venir bien adentro.
El placer era tan brutal que sentĆa que iba a reventar. Mi cuerpo no podĆa mĆ”s. Cuando por fin lleguĆ© al lĆmite, todo explotó. Un orgasmo me recorrió desde el estómago hasta la cabeza, y sentĆ cómo mi agujero se contraĆa frenĆ©ticamente alrededor de su verga. En ese mismo instante, Ć©l soltó un gemido profundo y descargó toda su leche caliente dentro de mĆ. SentĆ los chorros de su semen quemĆ”ndome las tripas mientras seguĆa bombeando sin parar hasta vaciarse por completo.
Ahora estoy aquĆ, acostada boca abajo, sintiendo cómo me palpita el culito. Tengo que sentarme de medio lado porque en cuanto apoyo el peso, siento el latido ardiente de mi agujero inflamado, recordĆ”ndome su lengua y su verga. Duele, pero quĆ© pinche rico duele. No me arrepiento de nada. Seguro maƱana lo vuelvo a llamar.


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