Por
Anónimo
El dedo que cambió todo
Antes que nada y para no hacer perder el tiempo a nadie esta historia va de pegging dildo y sumisión masculina. Dicho lo anterior comencemos
Todo comenzó cuando ella tenía 22 y yo 25 desde que comenzamos la relación siempre bromeaba con picarme el culo típico jueguito de novios. A los meses ella me preguntaba por chat que si que pensaba de eso y la verdad eran cosas que nunca me pasaba por la mente y la cosa quedaba asta allí.
Ella vivía con su amiga estudiaban la universidad y cada que su amiga se iba a su pueblo era una cogedera duró todo el día cada que se podía. Una de esas ocasiones le dije bañémonos juntos y si todo normal como cualquier baño de novios manoseo metida mamada asta que ella me pidió si le podía enseñar la parte de atrás y acepté me volteo y ella comenzó a limpiarme con el jabón fue algo extraño acaricio muy rico, salimos nos secamos y ella me comenzó a hacer preguntas que si me había gustado y la verdad para que les miento me encantó como sus dedos rosaban mi ano y resbalaban desde el inicio pasando por el ano y terminando en mis huevos.
Le conté todo eso y se emocionó tanto que sacó el lubricando y me dijo que si lo quería probar otra vez y obviamente acepté, me acosté en la cama y ella se encargó de jugar con mi ano yo no la veía pero la escuchaba como se reía y hacía sonidos de placer, obviamente yo estaba muy excitado y mi pene aplastado contra la cama sentía como la cabeza se mojaba sola con esas caricias anales.
Cuando un de repente comienza a introducir el dedo y allí todo cambio pasó de placer a un poco de dolor pero cuando lo metió un poco más fue como si encontrara un botón que en automático me daba placer fue tan rico que comencé a gemir y ella solo se reía de mí, solito levanté mi cola y me comencé a jalar el pene cabe mencionar que mi pene es “chico” 13 cm normalito ya se han de imaginar la vista de ella un poco patética la forma en la que estaba.
No pasaron ni 3 min con el dedo dentro y jalándolo que un de repente y sin avisar siento donde me escurre por las manos mi semen y después llega un orgasmo fuerte y largo manchando toda la cama y parte de mis entrepiernas, ella solo se reía y me acariciaba las nalgas y huevos. Ahora lo entiendo el motivo de esa risa un poco malvada pero de placer, consiguió lo que quería y así comenzó todo un juego de sumisión hacia mí reina.


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