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Anónimo

mayo 12, 2026

60 Vistas

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Cine con derecho a roce

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Esto que os voy a contar pasó hace ya unos 13 años, tendría yo 19 añitos recién cumplíos y estaba liada con un chico de la facultad, éramos como amigos con derecho, pero con vistas a algo serio. Aunque en realidad no habíamos pasado de unos besos y algún que otro folloteo por encima de la ropa.

Fue un día entre semana, después de clase. Javier me invitó al cine. Yo pensé que sería por la noche, así que le pregunté a qué hora pasaba a buscarme, porque tenía trabajos que entregar:

Cami: vale, me parece bien. ¿Qué peli y a qué hora pasas?

Javier: pues ahora vemos cuál, la idea es irnos ya.

Cami: eso no es cine, es matiné, jajaja. Pero vamos…

Eran como la 1:30 de la tarde. Fuimos a un cine que estaba por la Avenida Eugenio Garza Sada. Javier compró las entradas, fuimos al snack, compramos nachos, palomitas y dos refrescos, y entramos en la sala. La verdad es que la teníamos prácticamente para nosotros solos, si había cinco personas ya era un montón.

Subimos las escaleras y nos fuimos a la penúltima fila, justo en el medio, él a mi izquierda. Los dos veníamos de la universidad, así que yo llevaba unos tejanos, una blusa de botones color melón y bambas. Él también iba de tejanos, una polo y bambas.

Empezó la película, que sinceramente no recuerdo cuál era. Y antes de que terminaran los cortos, ya nos habíamos terminado los nachos, jajaja. Solo nos quedaban las palomitas y los refrescos.

Para no alargarlo, no habían pasado ni 15 minutos de película y ya me tenía acurrucada contra él. Javier había pasado el brazo por detrás de mí y me tenía agarrada contra su pecho. Y yo, pues, me dejaba querer. Nos dimos unos cuantos besitos y él empezó a besarme el cuello, que eso me pone muchísimo. Y creo que notó cómo se me aceleraba la respiración, porque me volvió a besar, pero esta vez más fuerte, con más gana. Nuestras lenguas empezaron a bailar y a pelearse dentro de la boca. Mi calentón subió tanto que fui yo quien tomó la iniciativa y le puse la mano entre las piernas. Con lo oscuro que estaba no puedo decir que viera un bulto ni nada, pero sí lo sentía bajo mi mano derecha.

En cuanto notó mi mano en su polla dura, empezó a desabrochar mi blusa para poder llegar a mis tetitas. Sentí sus manos un poco torpes por los nervios, buscando mis pezones rositas.

La sensación y el morbo de estar en un cine hicieron que nos calentáramos aún más rápido. Así que le bajé la cremallera del pantalón y desabroché el botón. Noté en mi mano su polla dura y gruesa. Bajé un poco los calzoncillos para liberarla y empecé a masturbarlo mientras nos besábamos sin parar y sentía cómo sus manos jugueteaban con mis tetas. Notaba el roce de sus dedos en mis pezones, apretándolos y acariciándolos de forma deliciosa.

Yo sentía entre mis dedos el juguito preseminal y me moría de ganas de pasarle la lengua. Así que me separé un poco, me recliné sobre sus piernas y puse esa polla deliciosa a centímetros de mi boca.

En cuanto la tuve cerca, saqué mi lengüita de perra mamadora y empecé a lamerle la cabecita, jugosita y gorda. No tardé nada en metérmela entera en la boca. La metía y la sacaba, chupaba con fuerza como si quisiera tragármela entera, mientras dentro de mi boca mi lengua luchaba con ella, recorriéndola por donde podía. Al mismo tiempo sentía cómo Javier me agarraba la cabeza y me empujaba para que me la metiera hasta el fondo.

De pronto, sentí lo contrario. Era Javier intentando levantarme. En ese momento entendí que quería devolverme el favor. Lo malo es que como llevaba tejanos, era complicado que pudiera llegar a mi coñito húmedo con la boca. Pero se las ingenió para abrirme el pantalón y bajármelo un poco, de manera que cuando yo volviera a reclinarme sobre él, podría meterme los dedos mientras yo terminaba de mamársela.

Y así lo hicimos. Volví a metérmela en la boca hasta casi atragantarme, mientras él metía, desde atrás, sus dedos en mi coñito. Lo sentía dilatándose, queriendo más. Empezó con un dedo. Y esa sensación de que me penetraran con los dedos hizo que se la mamara con más ganas todavía. Así que siguió y luego metió dos. El placer era inmenso. Sentir dos dedos dentro de mí mientras tenía su polla en la boca era delicioso. Y encima el morbo de estar en un cine…

Seguimos así hasta que él me dijo que estaba a punto de correrse. (Yo en esa época aún no había probado la leche). Así que me eché hacia atrás para dejar que explotara, pero no lo hice lo suficientemente rápido y parte de su leche cayó en mi cara. Cogimos las servilletas que teníamos del snack, nos limpiamos y nos quedamos tranquilitos, fingiendo ver la película.

Espero que nadie nos viera…

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