Por
Los mensajes de mi mamá
No sé bien por qué lo hice. Supongo que cuando la duda lleva demasiado tiempo viviendo contigo, en algún momento deja de ser duda y se convierte en necesidad de saber.
Primeramente, la relación de mis padres, llevaban un tiempo viviendo juntos, pero «juntos» es una palabra que últimamente me sonaba hueca. Cada quien su cuarto a veces, cada quien sus gastos, cada quien su vida. Donde empezó mis sospechas fue que ella salía y mucho. Desayunos con amigas, noches de fiestas, «tiempo extra» en el restaurante donde trabaja. Yo lo veía normal, o me convencía de verlo así.
Pero había algo en su forma de mirar el teléfono. Algo en cómo lo volteaba boca abajo cuando yo me acercaba.
Una noche, y recordando que tenía su WHATSAPP en mi laptop, casi sin pensarlo, la abrí y por suerte, seguía vinculado.
Debí haberlo cerrado. No lo hice, mis sospechas pudieron más.
El nombre apareció casi de inmediato. Un compañero del trabajo. Los mensajes llevaban semanas. Leí despacio, como si de un chisme se tratara. Al principio eran inocentes, o casi. Luego dejaron de serlo por completo.
Ella le escribía cosas que yo no me imaginaba que escribiera y me la imaginaba. Con una libertad que me resultó extraña, casi como si fuera otra persona. Le mandaba fotos. Él le respondía con palabras que yo no voy a repetir aquí, pero que se me quedaron grabadas con una precisión que todavía me sorprende, solo me preocupe por sacar capturas y pasarlas a mi teléfono.
Lo que sentí no fue lo que esperaba sentir.
No fue rabia. No, al menos, no primero.
Fue algo más parecido a un calor que sube del estómago. Una imagen que se formó sola en mi cabeza, sin que yo la invitara, y que no quise detener. La imaginé tal como describían los mensajes. En el horario exacto en que supuestamente estaba con sus amigas. Con esa misma libertad que yo no me imaginaba. Pudo más mi calentura y al acostarme, volví a leer los mensajes y me masturbé imaginándome esa escena, sentí muy rico, no había tenido una corrida así en bastante tiempo, y sinceramente, oculte las capturas; pero en ocasiones las vuelvo a leer para masturbarme
No era solo traición. Era también fascinación. Ver en ella, a través de esos mensajes, a alguien que no conocía del todo. Alguien que quería cosas con una intensidad que yo nunca había visto de frente.
No la mira con ojos de morbo, pero en ocasiones si me llegan el flashback recordando los mensajes, las posiciones o cuando lo comparaba con mi padre.


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