Por
Fiesta familiar
El domingo hubo una fiesta en mi casa. Yo sabía que mi sobrino iba a estar. Me puse el vestido que a él más le gusta, ese negro corto que se me sube cuando camino. Llegué temprano, tomé algo para agarrar confianza y me senté en el sillón a esperar.
Cuando apareció, me miró de una forma que ya conocía. Esa media sonrisa que significa «esta noche no te dejo sola». Bailamos un rato, nos tomamos unos tragos más, y en un descuido de todos nos fuimos a mi habitación.
Ahí fue el mejor sexo salvaje que tuvimos hasta ahora. Me desgarró la ropa casi. Me puso en cuatro en el borde de la cama y me agarró del pelo mientras me daba duro. Yo mordía la almohada para no gritar. Él no decía nada, solo respiraba fuerte y me apretaba la cadera dejando marcas.
En eso, la puerta se abre.
Uno de mis otros sobrinos, se quedó paralizado en el marco. Había ido a buscar una bebida o algo, no sé. Cuestión que nos vio. A él encima mío. A mí toda despeinada y sin ropa.
El silencio duró dos segundos eternos. Yo sentí el corazón en la garganta. No por vergüenza, sino porque pensé «se acabó». Iba a contar todo. Se iba a armar un escándalo. Mis papás se iban a enterar, los amigos, todos.
Y ahí, sin pensarlo mucho, le dije: —Cerrá la puerta.
Él me miró sin entender. —Cerrá la puerta —repetí, más despacio—. Y ven.
Titubeó unos segundos. Miró a mi sobrino que seguía dentro mío. Después me miró a mí. Cerró la puerta con llave.
Fue de lo mejor, fueron horas. Me tuvieron entre los dos. Me dieron por todos lados, como hacía tiempo que nadie me daba. Cuando uno se cansaba, el otro seguía. Me turnaban. Me ponían boca arriba, boca abajo, de costado. Me agarraban del pelo los dos a la vez. Me llenaron de besos y mordiscos, mientras a uno se la mamama el otro me daba por atras, despues cada uno me dio por mi vagina y el otro por mi culo, me hicieron venir muchas veces, sentia mucho placer
Terminé temblando toda, mojada y marcada. En un momento me puse de rodillas y los tuve a los dos mirándome. Me sentía suya. De los dos.
A la madrugada nos vestimos como pudimos y volvimos a la fiesta como si nada. Nadie sospechó nada. O tal vez sí, pero nadie dijo una palabra.


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