El viaje en metro se puso caliente
Siempre evito el transporte público, pero llevé el carro al servicio y me dijeron que me lo entregan hasta mañana, así que iba a tomar un Uber pero me indicaba que el más próximo estaba a 20 minutos pues era un caos por el tráfico y estaba precisamente afuera del metro. Así que dije: «bueno, por esta vez me moveré en metro».
Entré y cuando me dirigí al andén pensé: «uhh, esto está a reventar, es hora pico». Pues bueno, ya ni modo. Así como entré llegué casi hasta adelante pues varios caballeros me hicieron espacio para poder pasar. Llegó el convoy y entre empujones y jaloneos logré entrar pero bastante apretada. Quedé completamente inmóvil entre tanta gente, no había ni necesidad de agarrarme de un tubo pues la misma gente me sostenía.
Así transcurrió la primera y segunda estación. Cuando llegamos a una estación de transbordo salió tanta gente que creí que ahora sí iba a ir menos apretada. Pero entonces entró más gente y quedé peor.
Cerraron las puertas cuando de repente sentí en mi brazo y mano un bulto grueso, duro y caliente. Volteé y era un joven que venía bien apretado contra mí. Entonces noté que era su pene que venía bien parado.
Primero me quise quitar pero no había manera. Él lo notó y solo dijo en voz muy baja: «perdón, ehh». Pero miré cómo viene. Sí, le dije, «no te preocupes, ya vi».
Estaba tan cerca de mí que sentí su aliento y era agradable. El chico se veía limpio, además era simpático y como que venía de la escuela. En ese momento mi mente voló y pensé: «wouw, creo que no estuvo tan mal que me viniera en metro». Porque también empecé a sentir como me estaba mojando muy rápidamente, tanto que un hilito de líquido escapó de mis braguitas y escurrió por mi entrepierna.
Para eso también alcancé a darme cuenta que ya tenía rato que alguien me venía acariciando mis nalgas, pero por lo apretada no sabía quién ni cuántos. Pero volví mi atención al chico que me apretaba su duro pene contra mi mano. Él me miraba a los ojos y volvió a decir: «perdón, ehh, ya solo faltan dos estaciones para que baje más gente y ya».
Volví a sentir su aliento y me hubiera gustado que me besara. Pero también no lo pude evitar y dije: «es ahorita o ya no». Volteé la palma de mi mano y le agarré el pene. Se lo empecé a acariciar deliciosamente. Él cerró sus ojos.
Yo no pude contenerme y busqué su cierre. Lo bajé y bajé también su truza. Aagggh, qué rico, por fin tuve su duro, grueso y parado pene en mi mano. Él cual empecé a acariciar, subir y bajar. Y qué maravilla, ya escurría también.
Así se lo estuve haciendo. Tuve la suerte que casi después de algunas frotadas eyaculó encima de mí. Yo todavía alcancé a rescatar algo de semen en mi mano y lo llevé a mi boca. Él me miraba encantado como si me diera las gracias con su mirada y sin palabras.
En eso, nuevamente la turba de gente nos empujaba y yo luché por no salir del vagón pues todavía me faltaba una estación. Así vi cómo ese joven era arrastrado por la multitud de gente y solo alcanzó a voltear con una linda sonrisa que ahora que escribo esto todavía la recuerdo.
Entonces sentí todo el semen que me escurría por la blusa y falda y lo único que pude hacer fue taparlo con mi bolsa y observar si no había visto alguien. Pero creo que no, porque todo siguió normal.
Así llegué a la siguiente estación, bajé y caminé rumbo a la salida. Yo iba empapada por mis jugos en mis bragas escurriendo y también por todo el semen que me regaló. Ufff, qué rico viaje de regreso a casa.


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