Por
Anónimo
Rescatando a Roky
Mi nombre es Iván, tengo 30 años, y mi esposa se llama Claudia, tiene 27. Claudia siempre ha sido muy guapa y especialmente tetona; sus pechos llaman mucho la atención por la calle. Hace seis meses tuvimos a nuestro primer hijo, así que pueden imaginarse lo enormes que están ahora esas tetas.
Pero vamos al punto. Tenemos un perrito pastor alemán ya algo viejo que se llama Roky. Mi esposa es una gran amante de los animales y, además, el perro tiene un enorme valor sentimental para ella porque se lo regaló su papá antes de fallecer. Es como su última conexión con él.
Como siempre, cada vez que abríamos la puerta Roky se escapaba, pero siempre regresaba. Hasta que un día no volvió. Mi esposa lo buscó por toda la colonia. Después de tres días pegó carteles con recompensa por si alguien lo había visto o lo tenía. Estaba muy triste. Pasaron seis días sin saber nada de él y yo intenté consolarla diciéndole que quizás el perro ya sentía que se iba a morir y que, como muchos animales, se había ido para que no lo viéramos morir.
Entonces llegó un mensaje por WhatsApp. Alguien decía que tenía al perro y preguntaba cuánto era la recompensa. Mi esposa, feliz, le contestó que tres mil pesos y le mandó fotos de Roky. Efectivamente era él. Pero la cosa cambió drásticamente cuando el tipo respondió que no quería dinero. Le dijo que estaba bien buena y que, si le mandaba fotos de sus tetas, le regresaría el perro. Dijo que lo dejaría amarrado en un parque cerca de la casa.
Intentamos llamarlo, pero nunca contestó. Solo mandaba mensajes diciendo lo buena que estaba mi esposa. Decidimos no contestarle más y fuimos a poner una denuncia. En la fiscalía, en pocas palabras, se rieron de nosotros y nos dijeron que no podían hacer nada. Mi esposa tuvo un arranque de ira porque no disimulaban la risa. Estaba desesperada. Al punto de que me miró y me dijo que si solo era una foto, lo iba a hacer.
Mi esposa le mandó una foto de esas que solo se ven una vez y no se pueden capturar. Ingenuamente pensó que con eso le devolverían a su perro. Pero el tipo contestó que quería una foto donde se le viera la cara y que la pudiera guardar. Mi esposa se negó, diciendo que sin que se le viera la cara. Entonces él empezó a negociar: diez fotos y un video desnudándose, y que se podía tapar la cara.
Yo le hablaba a mi esposa, le decía que iba a pedir más, que no confiáramos y que dejara de pensar en eso. Fue entonces cuando el tipo le mandó un audio donde se escuchaba claramente que estaba maltratando al perro. Mi esposa se alteró mucho más y terminó aceptando.
Este sujeto la conocía muy bien, porque le especificó exactamente lo que quería: una foto con sus leggins cafés porque, según él, se le marcaban bien ricas las nalgas y la panocha. También pidió fotos en lencería roja.
Algo cambió dentro de mí cuando mi esposa se metió a bañar y salió completamente depilada de su panocha. Sentí una mezcla de molestia, excitación y culpa. Le reclamé por qué se había depilado, y más para un pendejo que le estaba pidiendo fotos. Peleamos, pero no evitó que ella le mandara las fotos.
El tipo se volvió más exigente. Dijo que él le indicaría exactamente cómo tomarse las fotos para saber que eran en vivo y que no estuvieran editadas.
La primera foto fue con los leggins cafés que había pedido, de frente.
La segunda, igual vestida, pero de espaldas.
La tercera, ya sin ropa, solo con la lencería roja.
La cuarta, de espaldas con lencería.
La quinta, en la misma posición de frente, pero ya completamente desnuda.
La sexta, de espaldas y desnuda.
La séptima, le dijo que se pusiera en cuatro patas “como tu maldito perro corriente”. Mi esposa se puso en cuatro patas, enseñando el culo mientras yo le tomaba la foto. En ese momento el tipo mandó un mensaje: “Ya me vine, perra. Ya no pude llegar a las demás fotos. Ya sal a buscar a tu maldito perro, ya lo solté”.
Mi esposa se vistió rápidamente y salió corriendo. Tardamos casi una hora buscando. El tipo ya no respondía y nos había bloqueado. Fuimos al parque que nos había indicado, pero Roky no estaba. Mi esposa regresaba triste. Cuando llegamos a la casa, ahí estaba Roky en la puerta, como si nada hubiera pasado. Mi esposa por fin pudo descansar al verlo.
Hasta la fecha no sabemos quién fue. Sospechamos hasta del vagabundo de la colonia. Mi esposa cambió de número para evitar más mensajes .


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