enero 23, 2026

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Un Acuerdo con el Sindicato

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Saludos, amigos y amigas que leen esta hermosa página, El el nombre que uso Betty para contar mis historias, y que soy una maestra de primaria, mexicana, de 33 años.

La historia que les contaré a continuación aborda algo que me sucedió cuando recién entré a la docencia de escuela pública, por ahí del 2017, 2018 (seré más o menos ambigua con los detalles para no revelar demasiado sobre mí). Cuando recién ingresé al servicio, mi mamá enfermó de cáncer de estómago, por lo que ella necesitaba mucho mi ayuda, ya que ni su novio (un pendejo) ni mi hermano mayor (que trabaja en otro estado) podían ayudarla mucho, por lo que una enorme carga y responsabilidad recayeron sobre mí. El problema de todo esto es que es muy común que a los maestros nuevos los cambien, o sea los muevan de un lugar a otro, y es que la escuela donde me tocó empezar a trabajar quedaba muy cerca de la casa de mi mamá, como a 15 minutos en camión (transporte público, autobús), y yo sabía que si no hacía algo me podían mandar, quizás un poco más lejos, o quizás muy, muy lejos, a otra ciudad, y mi mamá no estaba en condiciones de cambiarse, que yo me la llevara, menos aún si era a un pueblo pequeño sin servicio médico especializado en cáncer.

Yo sabía bien que sí hay maneras de que no te muevan, pero necesitas estar bien protegido o protegida con un sindicato. La mayoría asume que el sindicato más grande (a nivel nacional) te puede proteger mejor, pero precisamente porque es el sindicato con más historia, con más «logros», etc., es el que te puede ayudar más, y quizás sí, pero eso sólo es cuando te llevas muy muy bien con alguien con un puesto muy alto, y es lógico que esas personas están moviendo demasiados hilos grandes como para ayudar a todos los maestros que se acercan pidiendo ayuda. Así que desde que entré una amiga ex compañera de la facultad me dijo que me metiera en otro sindicato, más pequeño, porque podría decirse que son más cercanos a sus integrantes, y te apoyan más, se supone. Obviamente yo sé historias de conocidas que se acercan a esos viejos raboverdes del sindicato grande para pedir favores, yo también lo hice en su momento, pero será una historia para después jeje. Una amiga muy cercana, a la que llamaremos Karen se volvió amante de un coordinador sindical, también mayor de cincuenta años, y ella tenía unos 27 cuando ocurrió, ya que necesitaba cambiarse de escuela para estar más cerca de su casa, de su esposo y sus hijos, porque estaba en una comunidad incomunicada, sin señal, casi sin luz.

Es un secreto a voces, que esos líderes son muchas veces así. Amigas y conocidas me cuentan de décadas atrás, las fiestas grandes que hacía ese sindicato, cuando no había redes sociales, y era muy difícil que se hicieran públicos esos eventos, se hacían borracheras que los jefes se cogían a cuanta compañera se dejara, muchas maestras lo hicieron (y obvio lo siguen haciendo) por favores de alguna u otra índole; el sexo a cambio de que te cambien de escuela o que te consigan un permiso para asentarte un tiempo y que te sigan pagando, y de cualquier otra cosa de urgencia, era (y aunque ya no tanto pero sigue siendo) una transacción común, que insisto, todos sabían, que era eso o pagar una fuerte suma de dinero; quizás tenías que acostarte con tu director, o supervisor, o alguien del sindicato; alguien con autoridad para moverte, y más si eres, o en aquella época eras, una mujer deseable, y sobre todo joven; aunque a veces esos ancianos no discriminan, y cogen con quien se deje jiji; fea, chaparra, guapa, hermosa, nalgona, plana, a algunos de verdad no les importa. Mucho de estoy me enteré ya estando dentro del sistema, y ganándome la confianza de amigas ya cerca de la jubilación, que quizás más adelante les cuente más a detalle sus historias, algunas de no creerse jiji.

Después de un par de años de ser maestra temporal, trabajar en escuelas privadas, y de vez en cuando vender favores sexuales a algunos hombres adinerados (a veces un poquito más por gusto que por el dinero en sí, cuando se trataba de un buen amante, pero eso espero contárselos después jiji), para salir adelante, por fin conseguí mi tan ansiado lugar, que soñé desde que iba en secundaria prácticamente. Pero una tragedia azotó a mi familia, y es que mi mamá enfermó, obligándome a usar casi todo mi tiempo libre para cuidar de ella, sobre todo cuando el cáncer fue avanzando más, y a apoyarla económicamente con algunos medicamentos, que el sistema de salud no otorga gratis. Cuando me asignaron mi escuela no lo podía creer, estaba muy cerca de casa de mi mamá, lo que me permitiría ayudarla sin tantas complicaciones, podría estar cerca de ella para atenderla; verdaderamente por un momento pensé que la vida, el universo, dios, no sé, estaban de mi lado, ayudándome y protegiéndome. No podía estar más equivocada. Como una o dos semanas después de empezar a trabajar el supervisor me informó que, acorde a lo que marcaba el documento que me dio la Secretaría, tendrían que forzosamente cambiarme seis meses después de que empecé a trabajar, y ahí fue cuando el mundo se me vino abajo, ya que me informaron que podrían mandarme a una escuela más o menos cercana o de plano a una muy lejana. Por varios días lloré inconsolablemente, pero la ayuda llegó de una forma que no me esperaba.

Justo en la escuela donde empecé a trabajar estaba la esposa de un maestro al que llamaré Javier, que es el secretario del sindicato que me recomendó mi amiga. En pláticas con mis compañeras ella escuchó mi situación y me recomendó que inmediatamente me afiliara a dicho sindicato, y que ella sabía que Javier me ayudaría (viendo todas las cosas que sucedieron después, y las historias que sé, y lo que el mismo Javier me ha contado, es obvio que la maestra, llamémosla Ana, sabe exactamente lo que hace su marido, pero al ser un hombre con tantos recursos, y tanto poder, es lógico que jamás lo va a dejar, con la vida que le da, a ella y a sus dos hijos, es la historia de varias mujeres que he conocido, y algunas de mi familia, que saben que su esposo es un infiel de cagada, pero simplemente no lo pueden dejar, por miedo al qué dirán, interés, vanidad, economía, o también porque ellas mismas andan de infieles también, 50/50 jiji). Me moví, y logré afiliarme, ahora la cosa era conseguir el apoyo del maestro Javier, que en mi inocencia pensé que lo haría por la responsabilidad que implica ser representante de tantos trabajadores y trabajadoras, y bueno, quizás tendría que pagarle algo de dinero, me habían contado que un favor así podría costar 20 o 30 mil pesos (unos 1000, 1500 dólares actualmente), pero la vida y el maestro Javier tenían otros planes perversos para mí. Pero por mi madre yo estaba dispuesta a darlo todo.

El maestro Javier iba a recoger a su esposa, mi compañera, Ana, que de hecho es una mujer unos 10 años más joven que él, en aquél entonces como de 37, 38 años, y que con todo y que tuvo dos hijos conservaba una buena figura (1.60, cuando mucho unos 58, 59 kilos, de piel clara), y tenía o tiene buen porte, una mujer atractiva vaya; y fue en esas ocasiones que me presenté con él, diciéndole que era nueva en el servicio y en el sindicato, y en cuanto tuvimos oportunidad de hablar bien, le presenté mi caso. Desde el día que nos conocimos me llenó de halagos, incluso frente a su esposa, y yo, probablemente por la urgencia de mi situación ignoraba las señales que esto me indicaban, y simplemente esperaba una respuesta positiva para ayudarme. Desde el primer día me pidió mi número, y estuvimos en comunicación constante. Me agregó por todas las redes sociales, y en general llevamos una buena relación. Sus comentarios un tanto fuera de lugar me eran insignificantes al principio, por varias razones, la más importante de todas es que no creí que realmente le estuviera tirando la onda a una compañera de SU ESPOSA, aparte de que algunas otras compañeras me dijeron siempre que el tipo era un pervertido, pero pensé que lo decían como el típico, «perro que ladra no muerde». Después descubrí que sí, sí muerde, y duro el cabrón.

Una de las primeras señales de que a lo mejor no todo era un simple juego, fue cuando empezó a darle «like» a varias de mis fotos en mis redes, sobre todo algunas que hacía meses subí. Para mí era relativamente normal que un hombre me «estalkeara» en redes, pero tanto como darle like a 15 o 20 fotos seguidas era ya mucho morbo, creo yo. Un like se le escapa a cualquiera, pero tantos no. Noté que cada vez iba más seguido a buscar a su esposa, y siempre que podía me buscaba, y hasta me ofrecía el aventón, a pesar de que la casa de mi mamá quedaba en dirección contraria a la de ellos dos. En más de una ocasión el cabrón platicó con mi mamá, y hasta le prometió el muy hijo de puta que me iba a ayudar, que no se preocupara, ninguna de las dos debíamos preocuparnos. Me sonrió, y se despidió de las dos, y se fue. Yo sentí un gran alivio, que después se convertiría en un problema, pero al final también terminé disfrutándolo, de una manera o de otra. Un día me llamó, para hablar de mi caso, pero me sacó de onda que me llamara casi a la media noche, despertándome, y en su llamada me dijo que me invitaba a comer para hablar de mi caso, lo cuál hizo levantar ciertas sospechas en mí, pero como les dije, estaba desesperada. Acepté, le pregunté si su esposa nos iba a acompañar, y él dijo que no, porque tenía otros «compromisos». Me llevó a un lugar algo caro, no el más caro, pero sí uno que se sale del presupuesto de un docente promedio. Durante toda la cena y plática no se cansaba de «chulearme», yo la verdad fui vestida acorde a la ocasión, obvio no podía ir de tenis y pantalón de mezclilla. Iba bien peinada, con un vestido negro, de mis favoritos, zapatillas acorde, y maquillaje ligero, el vestido con un escote muy ligero, pero debido a que mis senos son algo grandes, como les comenté, soy talla D, pues sí se notan algo. Podía observar claramente que la mirada de viejo se desviaba constantemente hacia mi escote, él disimulaba, aunque no tanto.

Desde chica estoy acostumbrada a la mirada acosadora de los hombres. A que me chiflen en la calle, me digan morbosidades, y aprendí a darme a respetar y a ignorar a los hombres pendejos, calenturientos, hijos de la chingada, que hacen ese tipo de cosas, y mis pechos han sido más o menos de ese tamaño desde que iba saliendo de la secundaria, así que se imaginan por lo que tuve que pasar, sobre todo en la preparatoria. Los hombres siempre me han dicho que soy muy guapa, y desde que entendí lo valiosa que era mi apariencia física para conseguir lo que quiero, o en ocasiones lo que necesito, me he dedicado a cuidar mucho mi apariencia, yendo al gym, cuidando lo que como, pero siempre los hombres se las arreglan para morbosear mis tetas, aunque las cubra. En medio de la plática me dijo que probablemente tendríamos que viajar a la capital del estado, para resolver el asunto en la oficina del sindicato y de la secretaría, y sería en ese viaje donde el cerdo revelaría sus verdaderas intenciones. Salimos en su camioneta, que el tipo había comprado apenas unos meses antes. En el fondo yo quería creer que todo estaba en mi imaginación, en cuanto a la posibilidad de que el tipo me pidiera tener sexo con él, porque a esas alturas ya empezaba a ser una fuerte sospecha. Cuando le dije a una de mis compañeras de mi confianza lo que estaba pasando, fue que me dijo que seguramente me iba a pedir las nalgas, porque según ella, a las maestras de cierto atractivo, eso es lo que le pide. Yo me sentía un poco mal, en primera porque el tipo es bastante feo, medio flaco, con panza cervecera, ojos vidriosos, mide como 1.70, quizás pesaría unos 72 kg, o tal vez 75. Yo tenía unos 24, 25 años, él ya rondaba los 50. Lo cierto es que, en el fondo, yo estaba lista para aceptar su propuesta, siempre y cuando fuera verdad que me ayudara, y fue lo que le terminé diciendo después.

Al subirme a su camioneta intenté sentarme atrás, pero él insistió que me fuera de copiloto con él. Durante el camino se le «iba la mano» y me acariciaba la pierna, cuando supuestamente quería hacer algún cambio de velocidad. Yo me hice la inocente, pero esa actitud me demostró que efectivamente, el cerdo quería cogerme, y tuve que agarrar valor, porque a pesar de que yo en ese momento tenía dos o tres meses trabajando, tampoco era ninguna pendeja, y sabía que tenía que, de ser necesario cogérmelo, asegurar primero lo que yo necesitaba, pero sabía que tendría que hacerle una oferta que no pudiera rechazar. Llegamos, fuimos a varias oficinas, conocí a gente importante, siempre con una sonrisa; noté que ciertos hombres le guiñaban el ojo a Javier, como sabiendo de qué se trataba todo esto. Yo iba vestida muy normal, sin ropa pegada ni escotes, pero aun así esos cerdos me miraban con mucha lascivia, cuando creían que yo no me daba cuenta. Hablamos con quien se supone teníamos que hablar, 3 o 4 personas, dos de ellas hombres, de edad avanzada, y todos con caras de depravados, que se les nota a leguas lo raboverde. Me mantuve serena, firme, y jamás dejé que me hicieran menos, porque podré ser puta a veces, pero tengo dignidad, y el futuro de mi familia estaba en juego. Aún con toda mi determinación, no pude evitar sentirme como un pedazo de carne, que estaban preparando para ser vendido, pero sabía que si me vendía no sería nada barato.

Volvimos a nuestro punto de partida, y Javier me invitó a su casa, eran quizás las 5 pm, no faltaba mucho para anochecer, era el principio del otoño. Me invitó a pasar, para tomar un café, y accedí, porque necesitaba que el maldito soltara la sopa ya, para yo poder negociar a mi favor, porque fuera como fuera necesitaba resolver el asunto, y tener la confianza de que todo saldría conforme a lo que yo necesitaba, costara lo que costara, dinero, sexo, lo que fuera, ya no me importaba; me temblaban un poco las piernas, y sentía que la garganta se me cerraba un poco, pero como pude me controlé. Pasamos, y por fin, a mitad del café, caro, de altura, pendejada y media que me dijo el cerdo que era la bebida que me estaba ofreciendo, por fin dijo lo que temía, pero que era mi obstáculo a vencer. Dijo algo como:

-Betty, eres una maestra hermosa, sin duda traes locos a los papás de tus alumnos, y a los suertudos de tus compañeros que tiene la dicha de trabajar contigo. Hay algo que debes entender, y es que las mujeres como tú son mi debilidad, no hay nada que yo no haría por pasar un rato agradable con alguien como tú. Movería cielo, mar y tierra, por ti, siempre y cuando estés dispuesta a devolver el favor ¿entiendes lo que te digo?- Me hice un poco la ofendida, pero si soy totalmente honesta, me gustó un poco cómo me habló, sabía que quería decirme cosas sucias, pero estaba tentando las aguas, y seguramente no se atrevió a soltarlo todo.- Sí, entiendo lo que me está diciendo. Yo estoy dispuesta a hacer lo que sea, si usted me ayuda.- Respondí. -¿Lo que sea?- dijo el cerdo asqueroso, con una sonrisa ya malvada en su rostro feo y horroroso. -Claro, LO QUE SEA-, respondí, fingiendo un poco un coqueteo. Ambos sabíamos que su esposa no estaba, porque mientras veníamos de regreso ella le llamó, y le dijo que estaría en casa de su mamá hasta tarde, quizás 10 de la noche o más tarde. El maldito me tomó de la mano, y me llevó hasta su sala. Su casa era de dos pisos, con muchos adornos finos, aire acondicionado en todas las habitaciones, un patio enorme, y se escuchaban ligeros cantos de aves al fondo, que después supe eran canarios de su esposa. Nos sentamos en el sillón, y el desgraciado comenzó a besarme con mucho morbo, sentí su lengua en mi boca antes de siquiera sentir sus labios tocar los míos. Contrario a lo que yo esperaba, tenía buen aliento, y olía bastante bien, usaba un perfume que debe ser costoso. Él me sujetaba de la cara y me jalaba hacia él.

Yo al principio me resistía, para mantener la apariencia de que no estaba disfrutando nada de eso, pero en el fondo sí me estaba empezando a gustar; quizás el miedo de que su esposa llegara, y nos descubriera, saber que estaba haciendo algo malo, que estaba dándole acceso a mi cuerpo a un hombre horrible horrible y perverso, y también, en parte, porque el desgraciado estaba haciéndolo muy bien, sus manos empezaron a tocarme, un tanto agresivo al principio, pero poco a poco fue calmándose, y tocándome como un experto. No tardó en quitarme la blusa, y sin quitarme el sostén, descubrió mis tetas, que ya empezaban a dar señales de excitación. El maldito empezó a chupármelas, con fuerza, lastimándome al principio. -Cálmese, me está lastimando- le dije entre dolor y placer. -Dios mío Betty, no sabes cuántas noches he soñado con estas tetas. Maldita sea son perfectas- decía casi sin que se le entendiera porque no sacaba su rostro de en medio de mi pecho. Chupó mis tetas hasta el cansancio, yo me estaba excitando de verdad, al tiempo que notaba que su miembro se estaba poniendo duro. Tomó mi mano y la guio hasta su pene, encima del pantalón, y yo sólo lo acaricié, mientras él seguía entretenido con mis pechos. Me besaba el cuello, la boca, volvía a bajar a mis tetas, las pellizcaba, me manoseaba el culo. Finalmente me recostó sobre el sillón, después de quitarme el bra, y se colocó sobre mí, poniendo su cara bien centrada en mis pechos. Los devoraba con desesperación. Yo sólo coloqué mis manos a la altura de mi cabeza, recargadas en el sillón, dejándolo hacer lo que quisiera. -¿Le gusta cabrón? ¿Le gusta comerme las tetas? ¿Qué dirían su esposa, sus hijos, si lo vieran así, asqueroso?- le dije un poco entre dientes, aún sin mover las manos, y quejándome un poco de vez en cuándo cuando me mordía los pezones. -Me importa una mierda lo que piensen mis hijos y mi esposa, si por mí fuera me moriría aquí y ahora con tus tetas en mi cara- me dijo el maldito.

Cuando se hartó de chuparme las tetas me tomó de los brazos, y a empujones me hizo arrodillar frente a él. Se quitó la corbata, y empezó a quitarse la camisa que traía, con el logo del maldito sindicato, mientras yo empecé a desabrochar su cinturón. Ya sin camisa se bajó el pantalón, quedándose sólo en bóxers y calcetines. Me sujetó del brazo, mientras él se sentaba en el sillón. Sacó su pene cuando ya estaba totalmente sentado, y me jaló del cuello para ponérmelo en la cara. No era muy grande, pero sí algo largo, quizás 15 o 16 cm, y no muy grueso del cuerpo, pero la cabeza sí era algo gruesa, parecía un hongo alargado o algo así ja. El maldito no se había rasurado, ni siquiera tuvo la decencia de recortarse el vello púbico, tenía todo el pubis lleno de pelos, y olía algo a sudor, pues anduvimos en la calle desde muy temprano, caminando, de aquí para allá en el viaje. Así medio oloroso me estaba forzando a que se la chupara. Yo sin nada de la cintura para arriba, con el pantalón puesto y mis tenis, pechos al aire, con su pene a un centímetro de mi cara. -Si hago esto ¿me va a ayudar de verdad?- le dije acercándome, casi dándole un beso en el tronco, asegurándome que sintiera mi respiración en su miembro. -Tendrás que averiguarlo ¿no?- Dijo el hombre asqueroso, con voz entre cortada, por la excitación que lo desbordaba. Pensé que no me quedaba mas que hacer su enferma voluntad, así que me introduje su pene en la boda.

Sabía a sudor, pero no era nada que no hubiera probado antes. Empecé a tentarlo un poco, me lo sacaba de la boca y lo lamía, desde sus huevos peludos hasta la punta, saboreando su maldito pre-semen, que ya chorreaba, mojando la punta de su miembro. No era desagradable, poco a poco empecé a agarrarle gusto. Empezó a invadirme una maldita excitación, que me agarra cuando estoy haciendo sexo oral, de rodillas, y es que me imagino a mí misma, como si yo estuviera viéndome desde atrás, viendo cómo mi cabeza sube y baja, y el hombre simplemente disfruta mi labor. De inicio yo miraba fijamente su pene, pero noté que puso una mano en mi cabeza, y lo volteé a ver, y el maldito tenía una puta sonrisa de oreja a oreja, lo que me hizo enojar un poco, y se lo demostré con mi mirada, desafiante, pero el maldito inmediatamente sujetó una de mis tetas con su otra mano, pellizcándome el pezón de forma algo brusca, por lo que solté un quejido. El maldito lejó una pequeña risa. Yo seguí chupando, esperando que acabara pronto, aunque sí me estaba gustando un poco. No duró mucho, quizás dos minutos, cuando empezó a gemir, se puso de pie, y sin darme oportunidad de nada empezó sacudir su verga frente a mi cara, mientras yo lo miraba fijamente, con cara medio de enojo. Se vino en mi cara, pero a mitad de su eyaculación me tomó del cuello para separarme de él para que los últimos chorros de su semen cayeran en mis tetas, noté que su eyaculación fue bastante abundante, el maldito lo disfrutó de verdad. Se desplomó en el sillón, respirando muy agitadamente.

Me levanté y corrí al baño, me limpié lo más que pude. Antes de encerrarme en el baño alcancé a tomar mi blusa, una de botones manga corta, que era lo que llevaba puesto, y mi bra, para poder vestirme en el baño. Al salir él ya estaba vestido, esperándome sentado en la mesa del comedor. Traía la camisa mal abotonada, y sin zapatos. Me ofreció café, como si nada hubiera pasado, como si el maldito no acabara de haberse venido en mi cara y mis pechos hace apenas 5 minutos atrás. Me senté y le pregunté qué pasaba ahora, si me iba a garantizar lo que yo necesitaba. Me dijo que lo haría con la condición de poder cogerme al menos una vez cada dos semanas. Le dije que antes de hablar de eso tendría que demostrarme que cumpliría su palabra. Me dijo que su palabra bastaba, que si él decía que algo se hacía, respecto a mi situación, se iba a hacer. Le dije que entonces, una vez que me dieran mi nombramiento permanente en la escuela, volveríamos a tener algo que ver, pero sólo hasta ese momento, que no le daría a probar mi sexo hasta que se hiciera realidad. Me propuso cogerme dos veces al mes por seis meses, y que tendría que darle sexo oral una vez a la semana a partir de ese momento. Le dije que lo haría cada dos semanas, y que tendríamos sexo un total de 3 veces una vez que me dieran el nombramiento. Me dijo que 6 veces mejor. Con cara de enojo, y estando harta ya de todo, acepté. Estrechó mi mano como si fuera realmente un maldito acuerdo legal, y me dio un beso en la boca. Me dio 300 pesos para un taxi, y me fui. Al llegar a casa me bañé, y para mi maldita mala suerte empecé a excitarme, y me terminé masturbando en la ducha. Mi mente y cuerpo me estaban traicionando.

Al final ambos cumplimos con nuestras palabras. Él me consiguió mantenerme en la escuela, y yo tuve que darle mi sexo. Después de un poco más de dos años, mi madre falleció, pero hice lo que pude por ella, no me siento culpable. Una vez que eso ocurrió, le pedí a Javier que me ayudara a cambiarme de escuela. No podía ya soportar el hecho de llevarme hipócritamente con su esposa Ana, ser su compañera, me resultaba algo feo; me pidió ya saben qué a cambio. Tuve que recurrir a él varias veces, en mi próxima historia les contaré lo que ocurrió en algunas de esas ocasiones, incluyendo las veces que me cogió cuando cumplió su promesa, algunos de esos encuentros fueron, memorables, para mi desgracia, algunos los disfruté bastante. Hay mucho que quisiera escribir. En un comentario pasado alguien dijo que debía contarles cuando perdí mi virginidad, no es una historia muy buena creo yo, pero si encuentro la forma de relacionarla con algo más, les contaré eso en medio de otro relato.

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