Por
El viaje con mi cuñada
Voy a contar una vaina que me paso en diciembre. Una situacion que me tuvo al borde y que, la verdad, no se como no me descubrieron. Mi mujer, la familia de ella, y el viaje largo en camioneta. La receta perfecta para un infarto.
Mi cuñada, Daniela, es una cosa aparte. Tiene casi 30 años y una actitud que te parte. Le vale verga todo. La gente la mira mal y ella se rie. Esa seguridad me vuelve loco. Y tiene un cuerpo… coño, un cuerpo que no es perfecto, pero es real. Tiene unas tetotas gordas, grandes, que se le mueven con cada paso. Un poco caidas, si, pero eso las hace mas sexys. Parecen de verdad, para agarrar, para morder. Ya otras veces, por andar sin brasier, se le han asomado los pezones por la ropa. Cafes, oscuros. Yo me los quedo viendo hasta que me duelen los ojos, imaginando como se deben sentir en la boca.
Este 24 de diciembre nos toco viajar a la casa de la suegra. Un pueblo a tres horas. Y claro, la familia entera en una sola camioneta. Unos primos, los tios, mi suegra, mi esposa, Daniela, y yo. Un taco de gente.
Me toco sentarme en la tercera fila, en el asiento de en medio. Y adivina quien se sento a mi lado. Exacto, Daniela. Mi mujer se sento adelante, con la suegra.
Daniela llego con un vestidito negro, de esos cortos, que se le subian cuando se sentaba. Y lo mas importante: sin brasier. Se notaba a la legua. Cuando se inclinaba para meter su maleta, el escote se le abria y yo veia todo. La mitad de esas tetas gordas, palidas, con las venitas azules marcadas. Y en el centro, el circulo oscuro del pezon. Se me paro la verga al instante.
El viaje empezo. Nos acomodamos. Y con las curvas y los movimientos del carro, mi brazo derecho, que estaba apoyado en el asiento, termino rozandole el lado de la teta. Ella ni se inmutó. Siguio hablando con su prima, riendose, como si nada.
Yo me quede tieso. Pero no aparte el brazo. No podia. La sensacion era demasiado buena. Su piel estaba suave, fresca. Y debajo, la carnosidad de la teta, blanda, pesada. Con cada bache del camino, mi brazo se hundia un poco mas en esa carne. Ella no se movio. No me dijo nada. Solo seguia ahi, permitiendolo.
Yo iba mirando al frente, tratando de poner atencion a la conversacion de mi esposa, pero todo mi cerebro estaba en mi brazo. En ese contacto electrico, prohibido. Sentia el calor de su cuerpo. Olia su perfume, algo dulce, mezclado con su olor natural. Se me estaba poniendo la verga dura como una piedra, apretada contra el pantalon. Tuve que acomodarme, disimulando.
En una curva mas cerrada, el movimiento hizo que mi brazo se deslizara y mi mano, por un segundo, tocara la punta de su teta. Fue un roce fugaz, pero suficiente para sentir la dureza del pezon a traves de la tela del vestido. Ella hizo un pequeño sonido, como un «ah» suave, pero no aparto el pecho. Al contrario, se ajusto en el asiento, como buscando mas contacto.
Marico, en ese momento pense que me iba a correr solo con eso. La calentura me nublo la vista. Empece a sudar.
Asi seguimos todo el viaje. Una hora, dos horas. Mi brazo pegado a sus tetas. A veces ella se movia y el vestido se le subia mas, mostrando sus muslos gorditos, morenos. Yo los miraba de reojo, imaginando como serian de abrirselos.
Ella, en un momento, se inclino hacia mi, como para coger una botella de agua del piso. Su escote quedo a cinco centimetros de mi cara. Pude ver todo. Las tetas colgando, los pezones oscuros y arrugados, apuntando hacia abajo. Olia a su sudor, a su piel. Mi respiracion se corto.
«Tienes calor?» me pregunto ella, de repente, viendo como sudaba.
«Un poco,» dije, con la voz ronca.
«Si, se siente pesado el ambiente,» dijo ella, y se abanico con la mano, lo que hizo que sus tetas se movieran mas. Fue una tortura deliciosa.
Cuando por fin llegamos, yo estaba al borde de un ataque. La verga me dolia de lo dura que estaba. Tenia que hacer algo. Tenia que sacar esa calentura o iba a explotar.
Bajamos todos. Daniela se estiro, arqueando la espalda, y el vestido se le subio casi hasta la cintura. Vi sus panties negros, pegados a su cuerpo. Me mordi el labio.
En cuanto pude, agarre a mi esposa del brazo. «Ven,» le dije.
«Que pasa?» pregunto ella.
«Necesito hablar contigo. En el cuarto.»
Ella me siguio, confundida. Entramos al cuarto que nos asignaron, un cuarto pequeno con una cama doble. Cerre la puerta de un golpe y la empece a besar. Fue un beso brusco, urgente.
«Jhonatan, que te pasa?» dijo ella, entre besos.
«No hables,» le dije, y le baje los shorts que llevaba puestos. No llevaba calzones. Su pepa ya estaba un poco humeda. La puse contra la pared y me baje el pantalon. Mi verga salio, dura, palpitando. Se la puse en la entrada.
«Pero… la familia esta afuera…»
«Callate,» le dije, y se la meti de una.
Ella gimio. Yo empece a cogerla, duro, rapido, agarrandola de las caderas. Pero no la veia a ella. En mi cabeza, era Daniela. Era a Daniela a la que estaba cogiendo contra esa pared. Eran las tetas gordas de Daniela las que yo queria agarrar. Era el culo grande de Daniela el que rebotaba contra mi.
Cerre los ojos y me concentre en la imagen. Daniela sin brasier. Daniela con el vestido negro subido. Daniela gimiendo por mi.
«Mas duro,» le dije a mi esposa, y le di una nalgada. Ella grito.
«Asi te gusta, verdad, Daniela?» se me escapo.
Mi esposa abrio los ojos. «Que dijiste?»
«Nada,» gruñi, y acelere. No podia parar. La imagen de mi cuñada estaba quemada en mi cerebro. La sentia. Olia su perfume en el aire.
«Me voy a correr,» dije, y no pude evitar decir el nombre. «Daniela…»
Explote dentro de mi mujer, bombeando toda mi leche, con los ojos cerrados, viendo a mi cuñada desnuda en mi mente. Fue una de las corridas mas intensas de mi vida.
Cuando termine, me apoye contra ella, jadeando. Mi esposa quedo quieta.
«Por que dijiste el nombre de mi hermana?» pregunto, con la voz fria.
«Fue un error,» dije, saliendo de ella y subiendome el pantalon. «Un lapsus. Estaba pensando en… en el trabajo. En una clienta que se llama Daniela.»
Ella me miro, sin creerme. Pero no dijo nada mas. Se limpio y se subio la ropa.
Salimos del cuarto. En la sala, Daniela estaba sentada en el sofa, con las piernas abiertas, tomandose una cerveza. Me miro y sonrio. Una sonrisa picara, como si lo supiera todo.
«Todo bien, cuñado?» pregunto.
«Todo bien,» dije, y me sente lo mas lejos de ella que pude.
Pero toda la noche, senti su mirada en mi. Y yo no podia dejar de mirarle las tetas, que seguian alli, libres bajo el vestido, recordandome lo que casi toque, lo que casi tuve. Y supe que esto no se iba a quedar asi. Que tarde o temprano, esa deuda la iba a cobrar. Y cuando pasara, no iba a ser en mi imaginacion.


Deja un comentario
Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.