Por
Anónimo
Mi fantasía secreta de cornudo
Voy a hablar un poco de esto, a ver si con ello, me libero..
Recientemente hablé con mi novia sobre algunas de las fantasías que he tenido en relación con ser cornudo. Fue una conversación pesada, de esas que cuesta empezar. Ella me escuchó con atención, aunque en sus ojos se notaba que no lo comprendía del todo. Para ella, lo normal es la posesión, el «eres mío y solo mío». Mi deseo de verla con otros, de que me humillara con eso, le sonaba a chino.
Pero es una mujer increíble. Aunque no lo entendiera, trató de apoyarme y seguir el juego cuando se trataba de juegos de roles. Empezó tímidamente, pero algo cambió en ella. Se está volviendo más dominante, lo cual también es algo nuevo para ella, y sorprendentemente, parece gustarle. Descubrió un lado que ni ella misma conocía.
Hacemos un juego de roles donde ella, con una voz más firme de lo habitual, me dice que si no me someto a todo lo que ordena, se vestirá muy guarra minifalda, escote, esos tacones que le marcan el culo e irá sola a la discoteca. Me describe, con lujo de detalles, cómo se le acercarán hombres, del tipo toro, macizos, con miradas que no disimulan lo que quieren. Me dice cómo bailará con ellos, cómo sus manos bajarán por su espalda, y cómo ella, solo para castigarme, los seguirá a algún rincón oscuro.
Y ella se sorprende de lo duro que eso me pone. Se nota en mi cuerpo, en mi respiración entrecortada, en la erección imposible de ocultar. Se sorprende de lo excitado que me siento, de cómo sus palabras, en vez de enfurecerme, me someten por completo. Es una mezcla de humillación, de angustia y de un deseo brutal que no puedo controlar.
Esa sumisión, esa apertura, fue como quitarle el tapón a algo que llevaba años reprimiendo. En uno de esos juegos, con la adrenalina y la excitación al máximo, las palabras salieron solas. Le confesé lo otro, lo que jamás me había atrevido a verbalizar. Que, en el contexto de esa fantasía, de verla disfrutar con otro hombre… yo también quería chuparle la polla a un hombre. No por atracción hacia ellos, sino por sumisión total. Por ser usado, por complacer, por formar parte de su placer de una manera que me reducía a algo básico, instrumental.
Ella se mostró reacia al principio. Se quedó callada un buen rato. Pensé que lo había estropeado todo, que había ido demasiado lejos. Pero luego, con esa nueva seguridad que ha descubierto, asintió lentamente. «Si es lo que quieres… y está dentro de esto», dijo, haciendo un gesto vago entre nosotros dos. «Podemos intentarlo».
Este fin de semana sucedió. Quedamos con un tipo que ella encontró en una app, después de filtrar a muchos. Lo elegimos juntos, en un acto que ya de por sí era excitante y extraño. Queríamos alguien que encajara en el papel: seguro, dominante, con presencia. Él lo era.
La cita fue en un hotel. La tensión en la habitación era palpable, un nudo en el estómago mezclado con una excitación punzante. Ella tomó el mando, como habíamos acordado. Con una mirada firme, me señaló y luego al tipo. «Quiere chuparte», le dijo, como si estuviera ofreciendo un servicio. El tipo, un hombre alto y ancho de espaldas, se limitó a sonreír y asentir, desabrochándose el cinturón.
Mi corazón martilleaba en el pecho. No había vuelta atrás. Me arrodillé. El olor a su piel, a colonia y a testosterona, me invadió. Cuando lo tomé con la boca, el sabor fue salado, extraño, pero la sensación de sumisión fue absoluta. No era placer físico por el acto en sí, era el vértigo de la humillación consentida, de estar haciendo algo tan tabú y tan profundamente vinculado a mi fantasía. Él puso sus manos en mi nuca, no con fuerza, pero con firmeza, marcando el ritmo. Yo seguía, concentrado en la técnica, en no fallar, en ser útil.
Mientras yo hacía eso, ellos no se quedaron quietos. Escuché a mi novia gemir. Entre mis propios movimientos, pude ver cómo ella se había tumbado a mi lado y el hombre, sin dejar mi boca, se inclinaba sobre ella. Comenzó a chuparle el coño con una intensidad que la hizo arquearse. Los sonidos se mezclaban: los míos, ahogados, los jadeos de ella, los gemidos que le arrancaba la lengua del otro.
Luego, las cosas cambiaron de posición. Ella me guió para que me pusiera detrás de ella, mientras ella seguía boca abajo. Y así fue. Mientras yo, por fin, penetraba a mi novia, sintiendo el calor y la tensión de su cuerpo excitado por otro, el hombre se colocó frente a ella y volvió a inclinarse. Esta vez, su objetivo era otro. Le vi apartar las nalgas a mi chica con sus manos grandes y hundir su cara entre ellas, chupándole el culo con un fervor que a ella le hizo gritar en la almohada.
Esa imagen, esa sensación… fue abrumadora. Yo, cogiendo a mi mujer, sintiéndola vibrar bajo los estímulos de otro hombre que la poseía con la boca de una manera en que yo nunca lo había hecho. Y yo, habiendo estado minutos antes con ese mismo hombre en mi boca. Era un círculo de sumisión, de placer prestado y de humillación transformada en el fuego más intenso que he sentido.
No hubo vergüenza después, solo un agotamiento profundo y una complicidad nueva con mi novia. Ella vio algo en mí, y yo vi algo nuevo en ella….


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